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Casillas: el paraíso de las castañas


La Felicidad...A hora y media de Madrid
Casillas es un pueblo del suroeste de la provincia de Ávila famoso, entre otras cosas, por sus castañares. Nadie en el lugar escapa al influjo de este portentoso fruto capaz de contentar a sus fans tanto si se sirve asado como cocido o en puré. Pero Casillas también es paisaje, caminos, senderismo 'amable' por el sur de la Sierra de Gredos y una bocanada de aire limpio que tus pulmones agradecerán. Un paseo, unas castañas y un buen ágape de gastronomía local, harán que te sientas más 'feliz que una perdiz' a menos de hora y media de Madrid. ¡Vente!.

Algunos la llaman la comarca de Arenas de San Pedro, por influencia de este pueblo famoso, entre otras cosas por sus cuevas (del Águila), pero en realidad el pueblo de Casillas, que es el protagonista de este post, está en el Valle del Tiétar. 
Se encuentra situado sobre una loma, oteando un horizonte plagado de castaños que aún guardan frutos en sus erizos, aunque ya en franca retirada otoñal. Ahora, lo propietarios de los castañares se dedican a quemar las hojas del árbol y los erizos del fruto para dejar el campo limpio para la recogida de 2018. Por eso si vas en estos días a Casillas es probable que encuentres columnas de humo salpicando el paisaje. Pero no te preocupes, solo son quemas controladas.
El humo de quemas controladas q no asusta al ganado

El pueblo, que está a menos de hora y media de Madrid si viajas por la famosa 'carretera de los pantanos' nos recordó, salvando las distancias marinas, a Vietri Sul Mare (Italia, al sur de Nápoles) porque por sus estrechas calles apenas pasa un coche. Está en la provincia de Avila, aunque a pocos kilómetros del último pueblo de la Comunidad de Madrid, San Martin de Valdeiglesias, que es desde donde parte el desvío en dirección Plasencia que nos llevará hasta Casillas.
Esta excursión se puede hacer en un día y es perfecta para ir con niños -si se quiere- que se lo pasarán en grande recogiendo castañas y trotando por el campo. Porque uno de los alicientes del pueblo en esta época del año es eso; recoger castañas. 
El pueblo, en sí mismo, es bonito por su ubicación y los espectaculares alrededores mirando a la cara sur de la sierra de Gredos. 

Nuestra recomendación es que una vez allí tomes el camino que lleva a la ermita y que sale desde la parte alta del pueblo, junto a los campos de fútbol. Una vez se corona la subida se llega a una escie de falso llano donde se encuentra la citada ermita (construida recientemente) y cuya pradera está preparada con parrillas para hacer barbacoas. El lugar es ideal, rodeado de montañas y ahora está precioso con los colores del otoño-invierno.
Llegados a este punto, y en cada una de las esquinas imaginarias de este llano, tienes caminos por los que adentrarte entre los castaños, lor robles y los pinos. No vamos a indicarte ninguno, en particular, porque todos son bonitos y perfectamente paseables. Verás reservas micológicas, vacas, cerdos...y castaños, por supuesto: campo del de verdad y aire puro a pesar de que allí también andan escasos de lluvias.
Casillas desde fuera del pueblo

Y es que el Valle de Tíétar, además, es un paraje ideal para senderistas de todos los niveles, se pueden recorrer desde gargantas más o menos llanas, hasta desniveles de casi 2.000 metros, que ofrecen una vegetación rica en especies y unas vistas panorámicas inigualables.
Subiendo hacia Casillas, a la derecha, está el pantano (mini-pantano) de los Morales, un lugar, que por la escasez actual de lluvia, tiene rincones 'marcianos' y/o fantasmagóricos. Dotado de una pequeña presa, se puede recorrer en una ruta circular que nos llevará por la linde de los castañares, ya que por su parte norte limita con uno de los castañares más famosos del pueblo. Además, en este lugar se puede disfrutar de unos atardeceres adictivos que bien podrían compararse, místicamente, a los del café del mar de Ibiza que, en este caso, habría que rebautizar como 'café de la montaña'.
atardecer desde el pantano de Los Morales

Por si no fuera suficiente, que dirían los famosos vendedores ambulantes 'hermanos Ramonet', cerca del pueblo se hallan lugares tan emblemáticos como Santa María del Tiétar y sus Zahurdas de la Cancha (monumentos megalíticos); Sotillo de la Adrada, La Adrada y su castillo, y Piedralaves, con su cruz de los enamorados y pintoresca Iglesia.En definitiva, una excursión estupendo en un paraje con un encanto que no te defraudará
Cuatro imágenes 'marcianas' del pantano

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LO QUE LAS GUÍAS NO DICEN
Aunque en Casillas no se deben coger castañas si están dentro de un cercado, lo cierto es que están por todos lados, incluso en el arcén de la carretera. Así que adelante.Ten cuidado con los erizos porque pinchan. Un truco es pisarlos hasta que salga el fruto. Seguro que asadas, cocidas o en puré te resultarán riqusimas. Hazles una hendidura con un cuchillo y luego ponlas a hervir alrededor de 15 a 20 minutos. Hay que pelarlas en caliente y luego 'voilá' a disfrutar. 
Cruz de los enamorados e Iglesia en Piedralaves

LO QUE NO TE PUEDES PERDER
Aparte del paseo por los alrededores de la ermita y los castañares de Casillas, no te pierdas el atardecer desde el pantano de los Morales y, si llegas hasta Piedralaves, su Iglesia (distinta) la Torre del Reloj y la Cruz de los enamorados. En el camino encontrarás el castillo de La Adrada: otro lugar para hacer un alto en el camino.
COMER 
Como se trata de una excursión de un día, no te aconsejamos específicamente lugares para dormir, aunque por Casillas hay distintas casas rurales de buen nivel. Una de ellas es precisamente las Eras del Robellano que es donde, precisamente, te aconsejamos que vayas a comer. 
Si llegaste hasta la ermita, solo tienes que seguir el cartel indicativo para encontrarlo. Está en la carretera de vuelta al pueblo y no tiene pérdida porque el camino está juntoa a un contenedor de basura. (Uno, no dos contenedores, no es coña, y esto hay que tenerlo en cuenta para orientarse bien). 
Eras del Robellano y sus manjares

Una vez allí y después del paseo rural nada como adentrarse en su acogedor comedor con una estufa central que, si eres caluroso/a, te obligará a quedarte en manga corta. Todo estupendo, todo con el carácter que se le pide a un establecimiento así. Buena comida, puchero, frio fuera y calorcito dentro. Una frasca de vino con casera y un menú, por catorce euros los fines de semana, compuesto por cuatro primeros, cuatro segundos y cuatro postres a elegir uno. Si tienen patatas guisadas con setas, no lo dudeis. También está espectacular la carrillera estofada, y los postres, lo que quieras, desde la tarta de limón al arroz con leche. Un festín en toda regla que ofrece justo lo que esperas de un restaurante rural. Piedralaves guarda un suculento secreto cerca de la travesía de Ramón y Cajal y la Iglesuela. Alli hay una tahona que no invita a entrar por su aspecto externo, pero a la que debes ir a comprar sus riquisimas pastas de mantequilla. Atienden dos señoras dicharacheras y las venden al peso: rellenas de chocolate y naranja, con azúcar moreno, con azúcar glass. No te las pierdas.