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Croacia: identidad mediterránea

Rovinj, Istria
Desde Zagreb a Split, 1.800 kilómetros de turismo por Istria y la costa dálmata
Más de mil ochocientos kilómetros de un recorrido increible cosiendo Croacia de norte a sur: islas, playas, pueblos medievales, lagos y saltos de agua, cascadas y gastronomía, Sin olvidarnos de lo que piensan de verdad los croatas, lo que son y lo que quieren ser, en un viaje 'no oficial' como el que os proponemos, que es la única manera de ver las cosas como son. Y ya os adelantamos que Croacia vale la pena
Croacia tiene apenas cuatro millones de habitantes, poco más o menos los que se concentran en Madrid, así que ya os podéis hacer una idea del mérito de un territorio que ocupado en su mayoría por Dalmacia, es miembro de la Unión Europea desde julio de 2013. Y se nota. No sólo en asuntos tan cotidianos como la ropa o el vestusto parque automovilístico sino, por ejemplo, en la cantidad de fumadores/as que hay o en como celebran las bodas: una caravana de coches, en fila, 'escoltando' al de los novios y utilizando el claxon de manera continuada, además de saludar a otros conductores y los habitantes de los pueblos por donde pasan.
anfitetaro de Pula, Istria
Hablando con los/las croatas se adivina, además, cierta identidad confusa marcada por un acusado mestizaje, italiano, austriaco, turco y hasta alemán que se ve reflejado, entre otras cuestiones, en su gastronomía. Para ilustrar lo que decimos baste decir que en un país pegado al Mediterráneo y que define su cultura gastronómica como tal, el pescado apenas tiene peso en su dieta y es la carne, sin embargo, la protagonista. 
Desde Zagreb, la capital, a Split, en este recorrido que iremos desgranando en sucesivos post descubriremos ese caracter balcánico en hacer las cosas; sus maravillosos pueblos y paisajes, algunas de sus cientos de islas y, por supuesto, su gastronomía. 
Desde la península de Istria recorreremos Hum, la ciudad más pequeña del mundo y otras joyas medievales como Motovun, Groznjan, hasta llegar a Novigrad, Porec, Pula y, sobre todo Rovinj. Este pueblo, también denominado Rovigno por sus habitantes, está en la costa de Istria y frente por frente a Venecia y que, como se deduce de su segundo nombre y veremos en sucesivos capítulos, tiene una influencia italiana extraordinaria 
Plitvice

De Istria viajaremos hasta los lagos de Plitvice, pasando por Rijeka y Opatija. Este Parque Nacional no es que sea espectacular, sino una de las maravillas de Croacia con saltos de agua durante más de 10 kilómetros de recorrido que nadie debe perderse.
La siguiente parada será Zadar, una de las ciudades más sorprendentes con un casco antiguo en el que destaca, por curioso, su sorprendente órgano marino, que emite sonidos al albur de las olas y una especie de planisferio alimentado por placas solares que recoge latitudes y el santoral con una precisión meridiana.
organo marino, Zadar
En este recorrido de más de 1.800 km. en coche -por cierto con carreteras muy mal señalizadas, salvo las autopistas, por lo que es imprescindible el gps- también nos acercaremos a Sibenik y a otro Parque Nacional, el de Krka, con sus manantiales en los que puedes darte un chapuzón y de allí viajaremos hasta Split, la segunda ciudad más importante del país, con el impresionante palacio de Diocleciano y dos de sus islas más emblemáticas: Hvar y Brac. La primera por ser la Ibiza, en pequeño, de Croacia, con sus locales nocturnos non stop y su bullicio, aunque tampoco está exenta de belleza arquitectónica. Y la segunda, Brac, por sus playas, especialmente la de su cabo dorado, Zlatni rat. No nos olvidaremos tampoco de 'conquistar' otros lugares emblemáticos como Primosten, Trogir y el pueblo predilecto de los corsarios, Omis, a solo 25 jm. de Split. 
Trogir, entre Sibenik y Split

En definitiva, un recorrido espectacular que cuenta también con alicientes culinarios como la famosa trufa de Istria (en verano solo trufa negra), que proviene de Buje; y se incluye en platos de pasta y carne, hasta sus AOVEs y vinos blancos y tintos. 
Palacio de Diocleciano, Split

La influencia italiana -algunos habitantes de Istria manifiestan abiertamente que no les importaría haber formado parte del territorio italiano tras la guerra de las balcanes- se hace patente por el uso (a veces abuso) de la pizza. En cuestión de pasta, la más utilizada es la pljkanci, que puedes tomar en la Puntulina (chef Marko Zaharia, en Rovinj) mirando al mar o en Porec, en una de las konobas (tabernas/mesones que inundan Croacia), la de Daniela, en la que te atenderá la propia Daniela en persona. También son la de 'la tierra' los buñuelos, fritule, y los tartares de carne que aquí los bordan. 
Isla de Hvar

Todas las carreteras de Croacia, sobre todo las del norte, están salpicadas de grill con cerdo a la vista y una superpoblación de supermercados que se reparten entre las marcas Konzum, Plódine y Lidl, mucha veces con indicadores más grandes que los de los propios pueblos y localizados en lugares tan pequeños que uno piensa si allí harán negocio.
En Croacia, como ocurre en Italia aunque en menor proporción, también hay restaurantes slow food, que emplean producto de proximidad o de kilómetro cero. El más famoso es Pet Bunara, (Chef Mario Arbanas) en Zadar, donde se puede degustar queso de cabra dugi otok de la isla de Pag, o mermelada de higos de producción propia, y de él daremos cumplida cuenta en su momento. Y ya que la cocina croata no existe en realidad (porque es una fusión italiana, austriaca y turca), nos fijamos en que los restaurantes cuidaban mucho tres conceptos: la cocina mediterránea, el sabor y el producto de calidad, y en eso están todos los citados, además de dos de los lugares más emblemáticos de Spli: el restaurante Paradigma (chef Ante Udovicic) y el Perivoj, con el chef Marko Gajski a la cabeza, o el Dalmatino  (Denis y Toni Vesovic y Mislav Mavrek) en la isla de Hvar.   
Zlatni rat, isla de Brac

Es curioso -o no tanto si tenemos en cuenta que Croacia solo tiene cuatro millones de habitantes- que la guía Michelin no llegue aquí para puntuar a sus restaurantes. Por un lado, es bueno porque así pueden seguir trabajando a lo suyo sin preocuparse de los 'macarrons' y por otro, es injusto, porque todos los mencionados merecerían un bibendum y algunos una estrella Michelin. Este sería el caso, entre otros como hemos dicho, del chef Rudolf Stefan y su restaurante Pelegrini, en Sibenik, que cada día en un entorno visual de extraordinaria belleza, dirige su cocina con la pasión y precisión de un director de orquesta filarmónica.
En este viaje dejamos a un lado Dubrovnik, porque ya los visitamos por separado en alguna otra ocasión, pero lo añadiremos a esta guía cuando la finalizemos. 
Rudolf Stefan, rest. Pelegrini

Así que como resumen final diríamos que Croacia lo tiene todo para pasar unas vacaciones maravillosas -en pareja o en familia- y que es un país que se puede recorrer entero en dos semanas o  parcialmente, centrándonos en alguna región concreta, el tiempo que quieramos. Tiene mucho que visitar y disfrutar y, aunque la gastronomía pueda ser un poco repetitiva, si la idea es hacer turismo gastronómico hay suficientes lugares -sobre todo los que te hemos indicado- para disfrutar de lo lindo. Por suerte para otros países de turismo masivo, en Croacia no hay playas de arena fina. ¡Menos mal!