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Molinos de viento: la pasión cervantina 400 años después



Molinos en Consuegra (Toledo)



Ahora que se cumple el cuarto centenario de la muerte de Cervantes apetece un paseo por La  Mancha

¿Leiste el Quijote? Es una pregunta habitual en España  cuando se habla de literatura, y se suele responder que sí. Sin embargo, la mayoría no dice la verdad, como ocurre con cualquier encuesta que se hace cara a cara, y todo lo más han leído alguno de sus capítulos o pasajes. Lo que sí es seguro es que la mayoría recuerda a los molinos de viento tan famosos como sus protagonistas: el Ingenioso Hidalgo, Sancho Panza y Dulcinea. Por eso, con motivo del cuarto centenario del fallecimiento de su insigne autor, Miguel de Cervantes, os proponemos un viaje maravilloso por La Mancha y sus molinos de viento, y más ahora que se acerca un apetitoso puente.

'Aquí yace Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616)' dice la placa del sepulcro de la Iglesia de San IIdefonso (convento de las Trinitarias, de Madrid) donde descansan los restos del autor más insigne de la literatura española.  Falleció un 22 de abril de 1616 –como Shakespeare-  y por eso hoy, como homnejae al buen vivir y yantar, os proponemos un viaje por la llamada ‘ruta de los molinos. Ruta que tiene varios lugares clave que visitar y en los que destacaríamos por la conservación de estos 'gigantes quijotescos' Campo de Cripatana y Consuegra, aunque sea el Toboso (Toledo) por mor de Dulcinea, mucho más conocido.
Campo de Criptana

Vamos que al contrario de lo que dice el comienzo del Quijote, Campo de Criptana es un lugar de la Mancha de cuyo nombre hay que acordarse. Y es que, a más de uno le sonará el nombre, pero tendrá dificultades para situarlo en el mapa. En cambio, si decimos Sara Montiel –que no era de Montiel sino de allí mismo- sabremos que está en algún lugar de la Mancha. Esa 'Mancha' que recorre gran parte de la provincia de Ciudad Real y parte de la de Toledo, y que sirvió de inspiración a Miguel de Cervantes para escribir una de las obras más bellas jamás escritas: Don Quijote de la Mancha.
Tierras manchegas que están salpicadas por los molinos de viento: artefactos del siglo XVI supervivientes a numerosas contiendas y efemérides y que, en el caso de Campo de Criptana, tres son Patrimonio Nacional: Burleta, Infanto y Sardinero y los otros siete Inca, Gracilazo, Cariari, Quimera, Pilón, Lagarto, Poyatos y Culebro, son museos. 
Son tan impresionantes y están tan bien cuidados –se nota que el pueblo vive en parte del turismo que llega para contemplarlos- que al llegar hasta ellos, uno es capaz de convertirse en hidalgo y/o caballero andante (o su musa femenina) a poco que estire la imaginación. Blancos impolutos por fuera y con sus aspas de madera, son cilíndricos, de mampostería desigual, con cubierta cónica de tablas, bastante peraltada.Normalmente, a su interior se accede por una pequeña puerta adintelada y, en lo alto, presentan ventanillas o troneras. De la cubierta les sale un grueso tronco, que es el eje, al que se traban las cuatro aspas, formadas por dos maderos largos, que forman una cruz. Éstos, con otras cuatro varas paralelas cada uno (dos a cada lado) y dieciocho travesaños, constituyen un armazón, al que se sujetaban las velas, que se recogían cuando el molino no trabajaba, y que ahora no están puestas. 
Plaza de El Toboso

Por la zona de Campo de Criptana han pasado gentes de todas las culturas... la de las motillas, turdetanos, oretanos, carpetanos y olcades, cartagineses, romanos, visigodos, beréberes, almorávides, almohades. Durante la reconquista en los siglos XI y XII fue tierra fronteriza hasta que en 1212 tras la batalla de las Navas de Tolosa las posiciones cristianas se consolidaron definitivamente.
Una forma más que recomendable de rematar la visita a más molinos es acercarse hasta Consuegra, ya en la provincia de Toledo, pero a escasos 40 minutos en coche de Campo de Criptana. Un total de once molinos marcan la silueta y el paisaje de Consuegra, destacando entre ellos, el denominado Sancho, que se encuentra en perfecto estado y donde se celebra la tradicional Molienda de la Paz. 
Al fondo, o al principio, según se mire, el Castillo de la Muela, aún en restauración, pero visitable, y el acueducto de las Guadalerzas. Consuegra fue tomada por los castellanos al mando de Alfonso VII quien donó el castillo a su fiel vasallo Rodrigo Rodriguez, en el año 1150. Aunque de origen romano, la actual fortaleza data del siglo XIII y, sobre ella, se levanta la ermita dedicada a Santa María La Blanca, construida en 1229. Si tenemos suerte, dentro de algunos molinos ponen mercadillos artesanales los fines de semana. ¡Ah¡ y os olvideis de comprar compra de su tradicional azafrán. 
Lagunas de Ruidera

En esta escapada que puede ser de un día, dependiendo de vuestro lugar de residencia- o de varios si os planteais algo más completo, es una buena idea acercarse a la lagunas de Ruidera. Sorprendentes y bellas, cuentan con varios saltos de agua, presas y represas que guadan las aguas del Guadiana. En la ruta hacia las lagunas también recomendamos hacer una parada en el Castillo de Peñaroya a pie de embalse al que da nombre. 
Almagro
Y ya puestos, por qué no hacer una visita al precioso puebo de Almagro, las tablas de Daimiel y el Castillo de Calatrava, en el cerro Alacranejo, en el cercano pueblo de Aldea del Rey. Esta es La Mancha que inspiró a Cervantes.

MAS PISTAS


Castillo de Peñaroya

LO QUE LAS GUIAS NO DICEN. En Campo de Criptana, en uno de los molinos que sirve de caseta para información turística, venden un pack de entradas conjunta para visitar molino, antigua casa de labradores manchegos y el museo del alambre. Merece la pena comprarla porque es más barata y nos da una idea de cómo era todo allá por el siglo XVI. 
Otra recomendación a tener en cuenta, es dejar Consuegra para el final, y así poder observar sus bellos atardeceres tras la hilera de molinos que escoltan al castillo de la Muela. Eso sí, conviene ir antes de las 5, si se quiere visitar el castillo, de lo contrario lo encontraremos cerrado o a punto de hacerlo. En primer molino subiendo la cuesta hacia la loma donde están asentados, nos darán la información que necesitemos.


PARA NO PERDERSE
Tablas de Daimiel
Aparte de los molinos, en Campo de Criptana se puede visitar el museo del alambre único en el mundo con piezas impresionantes y maquetas imposibles. En Consuegra, también se puede visitar el Castillo. No hay que dejar de probar las famosas migas manchegas y las berenjenas de Almagro. Además de eso el Castillo de la Orden de Calatrava es impresionante y desde sus muros se divisan otras lomas desde las que se vigilaban los caminos en el siglo de Oro. Si queremos ver más molinos hay que llegar hasta Mota del Cuervo, y si nos parece mejor ver lagunas y lagos, las tablas de Daimiel y las lagunas de Ruidera son indispensables. Como pueblo monumental no cabe duda que Almagro es el mejor de todos y cuenta con diversos alojamientos de calidad para pernoctar. Aparte de pasear por su maravillosa plaza mayor, no os perdais su corral de comedias.

COMER Y DORMIR
Restaurante el Bodegón
Para alojarse, la mejor opción es Almagro porque cuenta con establecimientos de calidad como el Parador Nacional, la Posada de Almagro o la hosteria de Valdeolivo, por poner solo tres ejemplos. En cuanrto al buen yantar, que dirían los personales de el Quijote, en La Mancha hay muchos lugares para comer bien y disfrutar de su rica gastronomía como las migas manchegas. Además de los tres alojamientos citados que también cuentan con buena restauración, siempre quedan los bares de la plaza mayor o los clásicos Abrasador, la Tabernilla, casa Toñi o la Muralla, pero si lo que quieres es disfrutar de una experiencia gastronómica de verdad, tendrás que desplazarte hasta Daimiel, hasta el restaurante-Mesón Bodegón, donde los hermanos Sanchez (Rubén y Ramón) bordan el trabajo en los fogones -interpretando en forma de autor la cocina tradicional manchega- y ofreciendo el mejor servicio de sala asesorando sobre los mejores vinos del momento. Sería un pecado que os lo perdiérais.