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Singapur: la fusión total



Un 'parque de atracciones' completamente natural en el Sudeste Asiático

Viajar hasta Singapur es hacerlo hasta un territorio excitante, distinto, singular y hoy, sin duda, uno de los destinos gastronómicos más valorados del mundo. Esta isla, capital-estado de Malasia, es tan pulcra que pueden detenerte por tirar un chicle o un papel al suelo. Y es que es tan verde y ecológica que los coches cuestan un riñón y pagan por tramos a medida que se acercan al centro de la capital. Pero también es singular porque allí viven montones de expatriados, casi todos europeos o norteamericanos, que trabajan en multinacionales y eso causa revuelo entre las mujeres del país. Finalmente, destacar que Singapur en la última década ha sufrido tal cambio gastronómico que hoy lo ha situado como uno de los lugares donde se hace la mejor gastronomía de fusión y es venerada y admirada por la mayoría de los grandes chefs del mundo. ¿Nos acompañáis en este maravilloso viaje?
Este viaje a Singapur es, en realidad un sueño. Entendemos que está muy lejos de España; que se trata de un destino caro y que, salvo excepciones, es improbable que viajeis hasta allí máxime teniendo como competencia a Bali, China o Tailandia, por poner solo tres ejemplos. Pero es que Singapur tiene tanto que contar y ver que es muy difícil sustraerse a sus encantos. Nuestra propuesta de hoy, además, tiene una doble visión porque narra nuestro encuentro con esta isla hace unos diez años y en la actualidad, así como el cambio que hemos observado en estos años.
Rascacielos junto a la bahía hace diez años
La palabra singa-pur deriva de la lengua malat (singa-leon y pur -ciudad).
Anteriormente llamada Temasek, fue rebautizada en el siglo XIV por el príncipe malayo Paramesuara. Arrasada por los javaneses quedó desierta hasta el año 1819 cuando el británico Stamford Raffles, fundó un asentamiento donde está ubicada la ciudad actual y en cuya memoria se fundó el superhotel que lleva su nombre. 
UNA DÉCADA
En el primer viaje que hicimos, ya quedamos perplejos por su nivel de vida (ahora es el tercer país con mayor renta per capita del mundo), la cantidad de verde que hay en su territorio, el perfecto ensamblaje entre los edificios más modernos y los más clásicos y victorianos y, desde luego, sus gentes y su cocina. Como se ha comentado, se pueden comer sopas en las calles de lo limpias que están y arrojar un desperdicio al suelo, especialmente un chicle, puede costaros bien caro. 
La bahía diez años después con la noria 'led', singapore flyer

calle de Singapur
En la actualidad, se ha consolidado como uno de los centros del comercio y financieros más importante del mundo (el cuarto); y cuenta con el quinto puerto donde se distribuyen mayor número de mercancías, Asimismo, es uno de los principales centros gastronómicos no sólo del sudeste asiático, sino del mundo entero y su cocina de auténtica 'fusión' tiene que ver con la influencia y resultado de las influencias de China, Malasia e India. Admirada en muchos lugares y fuente de inspiración para unos cuantos cocineros (algunos españoles) que no se cansan de pregonar su variedad, riqueza y virtudes, tiene como centro neurálgico de la restauración Newton Circus
Pero, aparte de la gastronomía, esta isla es como un parque de atracciones al aire libre.El nivel de vida de Singapore o Singapur es casi tan alto como las torres que rodean su lago, sus meandros y su riviera. Los coches, carísimos, deben pagar por pasar por según que zonas (cuanto más cerca del centro más se paga) y el mundo se rinde ante su cocina.
SENTOSA
Aparte del parque de Sentosa -otra isla anexa, más pequeña y unida por un funicular muy especial-, lo primero que llama la atención cuando vas a Singapur es la cantidad de espacios verdes que hay, la limpieza y la armonía entre los edificios modernos y los tradicionales como el hotel Raffles, un cinco estrellas brutal que rememora la influencia británica de la que esta isla-estado fue colonia hasta no hace mucho tiempo. 
hall del hotel Raffles
Pero es que Singapur siempre ha combinado a la perfección lo tradicional y lo modernos en una fusión arquitectónica que rememora los platos de sus chefs. De hecho, tambien fue el lugar donde hace una década vimos la pantalla de cristal líquido (lcd) más grande del mundo en la fachada de una de sus calles principales, y cerca de ese  lugar, zonas de ocio nocturno en la que las chicas singaporenses, siempre arregladas, perfectas y dispuestas a buscar un novio y/o marido entre los directivos occidentales que trabajan en las multinacionales, movían el esqueleto con garbo y sutileza.
André Chiang
Aunque la ciudad ha sufrido un restiling en estos años, la base sigue estando inerte: grandes empresas, grandes sueldos, alto nivel de vida y, últimamente, esa eclosión de la alta gastronomía de la mano de chefs como André Chiang, cocinero formado en las cocinas de Pierre Gagnaire y Joël Robuchon, entre otros.y propietario del famoso Restaurante André.


Pero Singapur tenía y tiene mucho más que ver. Antes, las tiendas de su aeropuerto se encendíasn y ponían en marcha, incluso de madrugada, para recibir a los ansiosos turistas que hacían escala allí y pretendían comprar en sus tiendas dutty free-mercadillo. Eran tiempos en los que comprar un ipod o similar resultaba muy ventajoso, pero hace tiempo que ya no es así. Hay tanta competencia y en todos lados, que es posible que en Singapur puedas conseguir el gatchet más moderno del mundo, pero no a precios razonables.
LA NORIA QUE CAMBIÓ LA BAHÍA
En cuanto a la ciudad y el cento financiero, si hay una construcción que ha cambiado su fisonomía esa es la famosa noria de la Riviera o Singapore Flyer. Patrocinada por la firma Philips y sus famosas luces led, ilumina la bahía a 165 metros de altura (como un edificio de 42 pisos). Dicen que esta noria es el icono moderno de Asia, pero sea como fuere el hecho es que impresiona, sobre todo al atardecer o de noche, con sus miles de leds encendidos; leds que, por cierto, son el único lugar del mundo donde se controlan sin cables y que, con una variedad de 16 millones de colores, cambian de tono con cada rotación de la noria. Sin comentarios.
Los canales por la noche
lujoso centro comercial
A la altura que estais del reportaje pensareis que la isla es un dechado tecnológico y poco más, pero no es así o, por lo menos, no totalmente. Aquí no solo se expone la última tecnología de vanguardia, sino que tiene sus barrios periféricos y sus etnias importadas como sucede con el barrio chino (aquí si que es barato todo lo que puedas comprar) Chinatown, el barrio indú (Little India), machista donde los haya, porque los domingos solo pasean por la calle varones (a las mujeres les está prohibido) o Kampong Glam, el barrio malayo. Todos cuentan con sus propios edificios y sus tiendas que venden objetos artesanales, baratijas y también tienen restaurantes donde se sirve cocina tradicional. Recorrerlos es llegar a la esencia misma de la ciudad, ya que han sabido resistir el paso del tiempo conservando sus tradiciones ancestrales.
Contrastes Rascaielos desde barrio chino
Otros lugares de interés son el Museo de Historia y el Museo de las Civilizaciones Asiáticas y el  Victoria Theatre and Concert Hall. Por si no fuera suficiente, la Singapore Chinese Orchestra y la Singapore Symphony Company ofrecen espectáculos de altísimo nivel para los apasionados por la música china.Pero también hay opciones para los amantes de un género tan lejano en espacio y tiempo como la ópera, y si viajais los meses de agosto y septiembre podreis disfrutar con sorprendentes espectáculos callejeros como la 'fiesta de los fantasmas hambrientos'.
OTROS PLANES
Lillte India, only for mens
Si, por el contrario, preferís los animales exóticos y, en especial, los pájaros, entonces vuestro lugar es el curioso zoo de Singapur, la reserva natural de Buki Timah y, sobre todo, el parque de los pájaros de Jurong.
Luego, si no estais muy cansados siempre podreis cenar en una de las barcazas que recorren por la noche los canales de Singapur (sí, también tiene canales) o pasear por los pintorescos Clark Quay y Boat Quay, bordeados de coloridos restaurantes y pubs.

Chinatown a la singaporense
La gastronomía es para echarla de comer aparte, nunca mejor dicho. Ya hemos adelantado que es un excelente ejemplo de la mezcla étnica y diversidad de culturas malaya, india y china, pero también tiene influencias occidentales ya que fue colonia británica. Ejemplo de esta variedad y fusión de estilos, son los hawker stores (food court); una especie de locura y caos gastronómico bien organizado donde los chefs chinos preparan platos indios, mientras los indios preparan platos malayos. Cada distrito de Singapur tiene su propio hawker centre, y está claro que comer en uno de estos lugares es la mejor manera de probar la gastronomía local, ya a su bajo precio se une que tienen bastante calidad. En ellos se pueden degustar desde las famosas broquetas satay (con o sin curry), distintos pescados, y salsas y especias como la de cacahuete (sambal kacang), el chile, mil formas de soja y leche de coco, entre las menos exóticas.
Los turistas suelen acercarse hasta Newton Food Centre , un lugar más de batalla y donde los lugareños intentarán colocarte platos imposibles. Hay que ir para verlo -y creerlo- porque curioso, lo que se dice curioso, lo es y mucho.
Pero, claro, por muchos hawker que haya, no es eso lo que ha lanzado a los restauradores singaporense al estrellato, sino la fusión que preconizan muchos de sus grandes chefs. Gran parte de ellos influenciados por la que durante años ha sido -y para algunos sigue siendo- la cocina más refinada del mundo: la francesa, como hace el chef Galvin Limel en su restaurante Les Amis, virguerías en los platos y que reabre el local el próximo 15 de abril.
Plato de Andre (izda) y macarrons del Iggys, abajo Jaan y Tippling

ALTA GASTRONOMÍA
Sin embargo, el ejemplo más representativo, por ser el más conocido, es el chef André Chiang y su restaurante André en el que aplica su propia fórmula que ha bautizado con el marketiniano nombre de “Octaphilosophy” (marca registrada), en ocho palabras: Única, pura, textura, memoria, sal, artesana, terroir y sureña. 
Otro de los templos de la gastronomía (muchos de ellos localizado en los mejores hoteles como el Raffles o el Hilton) es el restaurante Waku Ghin, del chef Tetsuya Wakuda's y, por supuesto el Iggy’s del chef Akmal Anual; el incomparable escenario del restaurante Jaan del chef Julien Royer, en el Swissotel The Stamford; la extraordinaria barra en forma de 'U' del Tippling Club de Ryan Cliff (solo falta Katy Perry en esa maravillosa selva); el japo Shinji by kanesaka del chef Koichiro Oshino o el chino extenso y brutal, aunque de menor categoría, como es el Imperial Treasure Super PekingDuck del chef Tong Yuk Sing.