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Alto Tajo, acantilados de interior

Impresionante Barranco de la Hoz

Museos naturales en Molina de Aragón...

paisaje del Alto Aragón
Viajar a la comarca del Alto Tajo, siempre es una aventura divertida. Y no sólo porque la zona sea espectacular y bella, sino porque está tan diseminada en el mapa que ocupa parte de las provincias de Cuenca, Aragón y Guadalajara. Por esa misma razón, se puede llegar allí de distintas formas pero, la opción más segura -y más recta dentro de lo que cabe- es alcanzar Molina de Aragón que, curiosamente no es de Aragón, sino que pertenece a la provincia de Guadalajara, y desde allí desplazarse hasta el corazón de la zona: el pueblo de Peralejos de las Truchas.

Por esta misma razón, Peralejos, plagado de casas rurales, puede ser un buen sitio para instalar nuestra base, pero también podemos optar por Chequilla o Villanueva de Alcorón; esto lo dejo a la elección de cada cuál. Hay que estar atentos sobre la fecha en que queremos ir porque, según la época en la que intentemos acudir, puede que las casas rurales estén completas de gente que hace rafting o espeleología por la multitud de cuevas que horadan el territorio.

De hecho, si eres aficionado en el mismo Peralejos está la llamada cueva del Bochorno, de 149 metros de profundidad y en Villanueva de Alcorón están las de Orna y Boca Quemada. Si uno tiene más experiencia, puede optar por la Peñarrubia, En Zaorejas, con 250 metros de longitud y la de las Majadillas, en Sacecorbo, con más de 2 kilómetros de galerías, o la de la La Hoz, en el término de Santa María del Espino.


Pero como no sólo de espeleología vive el Alto Tajo, la zona también tiene muchas posibilidades para los más tranquilos, ya que el entorno es naturaleza pura, y tiene montones de maravillas que ver y disfrutar. Todo está lleno de cañones y hoces horadados sobre piedra porosa que ha soportado durante miles de años el cauce y las corrientes de los ríos, que en otro tiempo llenaban con sus aguas los barrancos y que hoy conforman la red continua más extensa de Castilla La Mancha.
Es tal el cúmulo de estímulos visuales -y más con lo que ha llovido este año - que hay muchas cosas que visitar y no deberíamos perdernos ninguna. Por ejemplo, puedes dirigirte hasta Corduente y Ventosa para visitar el Barranco de la Hoz. Aunque lo he intentado, es imposible captar con la cámara de fotos la altura real de sus picados. Aquí lo más adecuado es llegar hasta la Ermita –que no es que sea nada del otro mundo–, pero que es una buena referencia y se encuentra situada a pie de carretera y frente al río Gallo. Luego hay que echarle un poco de ganas y atreverse a subir todos los peldaños que llevan hasta sus miradores que son, sencillamente, impresionantes.

El último de ellos, donde parecen recalaban ermitaños, es el mirador de la Cueva. La escalada lleva tiempo, pero por el camino hay lugares para descansar y balcones a los que asomarse (con mucho cuidado) al abismo de rocas y el río. De hecho, allí hay cantidad de fósiles y olas petrificadas impresas en las rocas. Una marea grabada en piedras porosas que requiere tiempo y calma para contemplarla en todo su esplendor. Desde allí se divisan las formas del “Huso”, una aguja de piedra de 50 metros. En el valle, y si tenemos un buena vista y, sobre todo, un poco de suerte se pueden encontrar fósiles junto al río, sobre todo rinconelas, una especie de conchas de almeja en piedra.
Chequilla

Además, en esta zona suroriental de Guadalajara se encuentra también el famoso nacimiento del río Cuervo, la microrreserva de Torremocha del Pinar, Torresaviñan, Ocentejo, Checa y Orea. Asimismo, se puede visitar el salto de agua y las terrazas de las Cárquimas en Armallones, los edificios tobáceos y las cascadas de Fuente de las Tobas, la laguna kárstica de Taravilla y, desde luego, los tormos monolíticos de la ciudad encantada de Chequilla.

Y por si aún no estás convencido de que este viaje merece la pena, puedes hacer un alto en el pueblo más grande de la zona que es Molina de Aragón y del que dicen es el lugar más frío de España. Aparte de pararte a comer, merece una visita por sus calles y, sobre todo, subir a su castillo de ladrillo que está compuesto por el albacar a lo largo de la falda del cerro y la fortificación propiamente dicha. Construido sobre un castro de origen celtíbero, este castillo árabe fue entregado al Conde don Manrique de Lara tras la Reconquista y ampliado,
fortificado y finalizado en el siglo XIII. Creo que pocas zonas de España concentran tal cantidad de monumentos naturales y tan desconocidos. Es el momento. ¿A qué esperas?

MAS PISTAS
LO QUE LAS GUÍAS NO DICEN:
Más o menos a la mitad de recorrido de la subida a los miradores del Barranco de La Hoz, hay unas cuevas que permiten el paso al otro lado. Hay que ir con cuidado, pero vale la pena explorarlas. Aunque hay gente que recomienda la visita al centro de interpretación, lo cierto es que solo vale para coger un plano, porque dentro no hay casi nada de interés.
Molina de Aragón
PARA NO PERDERSE:
La naturaleza salvaje de sus paisajes y pueblos como Chequilla y el propio Barranco de la Hoz. Además, en el valle, y junto al río Gallo, si tenemos suerte, se puede recoger algún fósil. Los más comunes y fáciles de encontrar son las rinconelas, aunque también hay amonites.
COMER Y DORMIR:
En Peralejos de las Truchas hay multitud de alojamientos, Como la casa rural los Quiñones,
Chon  AltoTajo, el Rincón del Tajo y los Acebos del Tajo con su restaurante,casi a la entrada de pueblo.También es muy recomendable la casa rural Las Salinas y para comer, los restaurantes San Francisco y el Castillo, ambos en Molina de Aragón.