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Dalí: gastronomía onírica de un genio



La pesca del atún
La falsificación del inconsciente
Acaba de inaugurarse en el Museo Reina Sofía, de Madrid, la exposición ‘Dalí: todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas’. Esta muestra, la mayor del artista ampurdanés en muchos años, es antológica no sólo por el volumen de la misma (200 objetos), sino porque los cuadros expuestos (hasta el 2 de septiembre) proceden de museos internacionales, como el Pompidou, y colecciones privadas.
Hasta aquí la actualidad, pero es que la historia de este artista (pintor, escritor, cineasta, diseñador…) es tan apasionante como transgresora y sorprendente. De hecho, su vida ‘y milagros’ no dejaron (ni dejan) indiferente a nadie. Pero aún hay aspectos de Salvador Dalí menos conocidos como, por ejemplo, su relación con la comida y la cocina, expresada en sus pinturas.  
En cierto modo, su capacidad para innovar, su talento innato y su magia, se parecían un poco a las de otro genio catalán: el chef Ferrán Adrià.  Igual que Adrià, Dalí fue portada de Time y considerado personaje más influyente del mundo. Adoraba la comida y la cocina, sólo que a diferencia del chef, le gustaba porque era el único lugar de la casa a la que tenía prohibido el acceso. Tal vez por ello sus relojes blandos recuerden al queso Camembert muy maduro.

relojes blandos de Camembert maduro
También se atrevió con la pesca del atún -según el propio autor el cuadro más ambicioso que había pintado-, pero en otras muchas obras hay elementos como frutas, huevos y, sobre todo, el pan que traspasan todo lo imaginable. Por ejemplo, su famoso cuadro ‘huevos al plato, sin el plato’ no tiene que ver con la comida, sino con esa capacidad onírica para fantasear con la sexualidad; en este caso como símbolo de impotencia.

Huevos al plato sin plato
Dalí no dudaba en utilizar la comida para causar sorpresa. Fue un exhibicionista incorregible que decía que ‘la publicidad era él’, y tenía toda la razón. A su primera exposición en Nueva York, en 1933, no se atrevió a asistir, en parte porque no sabía inglés ni tampoco cómo promocionarse. Hubo que esperar a la tercera exposición para que a Dalí, que esta vez si viajó con sus cuadros, se le ocurriera la genial idea de desembalar ante la prensa norteamericana el cuadro ‘Gala con dos costillas de cordero en equilibrio sobre su hombro’. El efecto sobre los presentes fue devas-ta-dor y el triunfo memorable.



pan francés
Pero no hay que confundirse. En el complejo mundo del artista ampurdanés no existe la causa-efecto, como, probablemente, al contrario de lo que ocurre en el mundo de Ferran Adrià cuando concibió, por ejemplo, las espumas o las desestructuraciones de platos tan tradicionales como la tortilla de patatas. Si las costillas de cordero aparecen sobre los hombros de Gala, es porque ambas/os le gustan mucho; si unos huevos al plato aparecen sin el plato, es porque se acuerda de la ingravidez del útero materno; si en lugar del teléfono se pone una langosta en la oreja, es porque tienen formas parecidas…y así sucesivamente. Sabemos que Adriá también creaba platos para sorprender (incluso emocionar) olvidando sus consecuencias sápidas. Muchas veces era el mar o el paisaje de Cala Montjoi, quien le inspiraba para soñar con un concepto de cocina que revolucionaría el Universo gourmet para siempre. Para Dalí no hay diferencia entre lo bello y lo comestible y esto, junto al talante excesivo de uno y el ascetismo público del otro, marcan las principales distancias entre ambos. 

Pan antropomorfo
Eso sí, los dos son artistas pasionales, innovadores y ambos multidisciplinares. El pintor, además, tuvo una ‘época del pan’ en su trayectoria profesional. Corría el año 1932 y marchó de Cadaqués a París. La forma en que su mente amasó el pan incluso sorprendió a sus compañeros ‘surrealistas’. Pinta panes fálicos, antropomórficos, fláccidos…En su delirio llega a pensar en una especie de Sociedad Secreta del Pan que sembrara el caos a base de fabricar gigantescos panes de hasta 40 metros de alto y colocarlos por sorpresa en las plazas más emblemáticas de Europa. Dalí siguió pintando panes  y otros productos durante años y los incluía como elementos simbólicos en muchos cuadros como cuando pintó la cesta de pan en 1945 como simbolismo del Plan Marshall de ayuda a reconstruir Europa, en la naturaleza muerta evangélica, en la segunda Madona de Portlligat, dos pedazos de pan expresando sentimientos de amor o construcción blanda con judías hervidas (Premonición de la guerra civil) . Sus biógrafos, también señalan otra gran utilidad del pan para Dalí, como era la de utilizar su miga como goma de borrar.
Fascinado por los ismos (dadaísmo, surrealismo, futurismo, etcétera) que abrazaron los intelectuales de principios de siglo XX, en 1928 Dalí se une al grupo surrealista que lidera el poeta André Breton, quien terminará por expulsarle del movimiento algunos años más tarde en una inolvidable sesión de ‘enjuiciamiento’ a la que el pintor acudió cubierto con una manta y un termómetro en la boca, para simular que tenía fiebre y estaba asistiendo a una farsa.
Bretón lo acusó de coquetear con el fascismo, ser un católico delirante y sentir una pasión desmedida por el dinero. De ahí nació el apodo anagramático de Avida Dolars, que Bretón fabricó mezclando las letras del nombre del artista. Esto, lejos de enojar a Dalí no hizo sino espolearlo para convertirle en el auténtico líder de esta corriente intelectual.
La cesta de pan (1945)

Dalí en su cocina viendo la tele
Todo en Dalí era extravagante, exuberante y desmesurado. Hasta su forma de hablar mezclando varios idiomas a la vez en los que se inventaba palabras. Un genio irrepetible y cautivador. Por eso propongo, que aparte de asistir a la exposición del Museo Reina Sofía hagas una visita a los museos que hay repartidos por Girona. Pero, por si no puedes viajar hasta allí, aquí tienes una muestra de lo que hubieras encontrado.
Teatro-Museo de Figueres
El museo más importante es el de Figueres. De hecho, este Teatro-Museo Dalí, es el mayor objeto surrealista del mundo. Ocupa el edificio del antiguo Teatro Municipal, construido en el siglo XIX y destruido al final de la Guerra Civil. Inaugurado en 1974, contiene el más amplio abanico de obras que describen la trayectoria artística de Salvador Dalí (1904-1989).
Algunas de las obras más remarcables que allí se exponen son Port Alguer (1924), Muchacha de Figueres (1926), El espectro del Sex-appeal (1932), Autorretrato blando con beicon frito (1941), Poesía de América-Los atletas cósmicos (1943), Galarina (1944-45) o la nariz de Napoleón transformada en una mujer encinta que pasea su sombra melancólica entre las ruinas originales (1945).
Gala mirando el Mediterráneo
Después hay que trasladarse hasta la actual Casa-museo de Portlligat, ya que fue la única vivienda estable de Salvador Dalí; el lugar donde vivió y trabajó habitualmente hasta que, en 1982, y tras la muerte de Gala, se retiró al Castillo de Púbol. Era tanto el dolor que le produjo la muerte de su esposa, que jamás quiso volver a esta casa en la que habían compartido tantos momentos míticos. Tal como la definía él mismo, esta casa –era “como una verdadera estructura biológica... A cada nuevo impulso de nuestra vida le correspondía una nueva célula, una habitación.”




Casa de Gala y Dalí con la bahía al fondo
La forma resultante es la estructura laberíntica actual que, a partir de un punto de origen, el Vestíbulo del Oso, se descompone y se retuerce en una sucesión de espacios encadenados por pasos estrechos, pequeños desniveles y recorridos sin salida. Ahora se ha abierto una nueva zona. Se trata de una construcción circular que el artista utilizaba como taller adicional, especialmente para realizar esculturas así como performances.
Finalmente, está el Castillo Gala-Dalí de Púbol, un edificio medieval donde el artista materializó un desbordante esfuerzo creativo pensando en una persona, Gala, y en una función, un lugar adecuado para el descanso y refugio de su esposa. El paso del tiempo determinó la transformación de este espacio, entre 1982 y 1984, en el último taller de Salvador Dalí y en el mausoleo para su musa.

Cristo de los escombros

Dalí nació en Girona en 1904 y murió en Púbol, el mismo año que cayó el muro de Berlín; es decir, 1989. Su padre notario y su madre aficionada a la cría de aves, desde pequeño ya se atisbaba la egolatría, sus excesos, sus cambios de rumbo personales y profesionales que le harían ser amado y odiado a partes iguales, incluso en su tierra de nacimiento, Cataluña, porque Dalí sí que era ciudadano del mundo.




Piscina en la Casa de Dalí
De hecho, muchos de sus vecinos no le perdonan que tras su vuelta a España en 1948, y tras fijar su residencia de nuevo en Portlligat fuera una especie de protegido de Franco y compartiera mesa y mantel con el general de la guardia civil del municipio. El gobierno incluso declaró aquel rincón catalán que tanto fascinaba al pintor Paraje pintoresco de interés nacional.
Pero para entender a Dalí –si es que eso es posible- hay que pasar por alto estas veleidades políticas de un genio que lo era y lo será siempre; y al que algunos consideran el mejor y más innovador artista del siglo XX.

Pero si hay dos hechos que cambiaron su vida esos fueron conocer a su gran amor, Gala, y a Sigmund Freud. Lo de Gala fue inmediato, ya que su pasión comenzó tras una visita que el poeta surrealista, Paul Eluard,  hizo a Portlligalt. Curiosamente, Gala era la esposa de Elouard, pero Dalí y ella se enamoraron tan perdidamente que ésta decide abandonar al poeta y quedarse para siempre con Dalí. Según señaló el propio artista 'Amo a Gala más que a mi madre, más que a mi padre, más que a Picasso y más, incluso, que al dinero.'

habitación de Gala en Portlligat
Gala
En la casa de Portlligat, Gala tenía una habitación a la que solo podía entrar ella. Las paredes de la estancia están forradas con fotos y recortes de periódicos en los que la personalidad de la musa del genio ampurdanés está presente en cada rincón. Y es que, desde que llegó a su vida, Gala fue la dueña de Dalí. Lo fue todo: madre, esposa, amante y hermana, lo que dado el complejo carácter del pintor, escultor…artista, supone mas que una declaración de intenciones. Tan fuerte era su amor, que Dalí apenas permaneció vivo siete años más, antes de unirse definitivamente –suponemos que en el otro mundo- a su amada, porque en la Tierra, Gala yace en Púbol y Dalí en Figueres, algo inconcebible que se debería remediar.
En cuanto a Freud, lo conoce, por fin, en 1938, y aunque ya está oficialmente fuera del surrealismo, en realidad todo el mundo lo sigue considerando su exponente más genuino. El padre del psiconálisis había dado pábulo a la nueva indagación del inconsciente con su libro La interpretación de los sueños (1900), pero nunca sospechó que Dalí pudiera llegar a reflejar ese amplio mundo en su pintura.

El novelista Italo Calvino hizo de Dalí una descripción que me parece una de las más acertadas para entender a este personaje al señalar que 'nada es más falsificable que el inconsciente'. El chiflado prolífico del Ampurdán, descubrió el arte de la mixtificación y el simulacro, de la mentira, el disimulo y el disfraz antes incluso de aprender a manejar su lápiz con la exactitud disparatada y estéril de los sueños". 

dormitorio de la casa de Portlligat
Como ya he dicho, a Dalí le gustaba mucho el dinero y era un genio (también) para los negocios, ya que en 1981, un año antes de que muriera Gala, poseía una colección de obras de arte valorados en más de 150 millones de euros. Esta colección, de unos 2.000 objetos, fue desapareciendo en los siete años siguientes, probablemente por el afán depredador de alguno de los consejeros que lo ‘acompañaron’ hasta su muerte. Así, el legado final quedó en unas 700 obras que heredaron a partes iguales el Estado español y la Generalitat.

Hay muchas leyendas que rodean la vida y agonía final del artista –que nunca se recuperó de la muerte de Gala- desde la que dice que le hicieron firmar papeles en blanco, hasta que se vendieron y/o falsificaron muchas de sus obras con su conocimiento. Uno de estos famosos ‘falsificadores’, fue Manuel Pujol Baladas, quien parece podría haber difundido 530 piezas falsas. Sea como fuere, lo cierto es que  a Dalí ‘le encantaba que le falsificaran’ como afirmaba con su constante espíritu provocador.

Papel en blanco con firma
publicidad daliniana
También es conocido que al menos dos de sus consejeros, Enrique Sabater y John Peter Moore, contaron con el permiso de Gala para vender los cuadros. El primero también ejerció como fotógrafo privado hasta 1981 y cuenta con un museo privado en Cadaqués donde expone fotos y algunos manuscritos del artista. También parece comprobado que en 1975 detuvieron una furgoneta en la frontera francesa cargada con 40.000 hojas en blanco firmadas por Dalí.



Dali junto a García Lorca
Dalí era excesivo, tremendo, escribió libros –y lo hacía muy bien- anunció whisky, medias, perfumes…. Fue director de cine, buscó impresionar; ser el centro del Universo. El poeta Federico García Lorca, amigo íntimo, recibió algún sartenazo dialéctico, y otros escritores de la generación del 27, también.. Picasso y Buñuel tuvieron ocasión de tratarlo, y en la Residencia de Estudiantes aún se acuerdan de sus andanzas. Vanguardia, innovación, arte, talento, con ese Dalí es con el que me quedo.



MÁS PISTAS

panorámica de Cadaqués
LO QUE LAS GUÍAS NO DICEN:
Si viajas hasta Girona para recorrer los museos de Dalí, recuerda que las carreteras son malas, hay muchas curvas y el firme estáen mal estado. Visita el pueblo de SantMartí d’ Empuries; pequeño, pero encantador que está al lado del mar, en un montículo y es coqueto y resultón. En Cataluña se  paga en todos lados (aparte de los peajes). De modo que cualquier monumento o lugar que quieras visitar, debes pasar antes por taquilla.


PARA NO PERDERSE:
Por supuesto la exposición del Museo Reina Sofía de Madrid (hasta el 2 de septiembre) y si te desplazas hasta Girona, no está nada mal que hagas un recorrido por los parajes de Port de la Selva y el Cap de Creus. Obligados, un paseo por Cadaqués –de día y de noche– y las visitas a los museos de Dalí en Figueres, Portlligalt y Púbol. Tampoco debes perderte la subida al monasterio de Sant Pere de Rodas. Las vistas desde su terraza son sencillamente impresionantes, ni pueblos de interior como Sant Pau, Pals, Besalú y la zona de la Garrotxa, con sus volcanes, cerca de Olot.


COMER:
En Cadaqués, te recomiendo ‘Can Tito’, comida y trato espectacular. Si vais a ver el interior cerca de Olot, la recomendación es ir a Les Cols, a probar la cocina de la chef Fina Puigdevall). En La Costa; Miramar, en LlanÇa (tambien es hotel) a compartir las elaboraciones del chef Paco Pérez; en Figueres, Mas Pau  (una masía espectacular) y, por supuesto, el Celler deCan Roca,en Girona para compartir la magia de Joan Roca.