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50 mejores restaurantes: jaque a Berasategui

La vendetta sobre el señor Martín


Los ranking o clasificaciones son muy periodísticos, y hasta humanos, porque todos necesitamos hacer comparaciones para tomar cualquier decisión. Lo explica perfecto el maestro de la psicoeconomía, Dan Ariely, cuando habla de precio de referencia; es decir, esa necesidad de nuestro cerebro para entender que si optamos por algo, eso siempre va precedido de una comparativa mental.

Con las listas pasa lo mismo. Yo consulto el 51 chart de Máxima Fm (es que el dance me libera de tensiones) y, a veces, me cabreo porque ponen en el número uno unas canciones tan machaconas como rayantes, cuando hay otras que rozando la perfección apenas pasan del puesto 11. Esto ocurre con todas las listas y todos los premios, porque al final aparecer en un listado significa ser premiado o castigado (si no apareces nadie se entera), y en bastantes ocasiones el voto o el premio nada tienen que ver con los méritos del premiado y obedecen a otras razones -según en qué ámbito, comerciales, políticas y hasta prevaricantes- que la razón no entiende.

Acaba de ocurrir ayer con la entrega de los premios que otorga anualmente la revista británica Restaurant y que patrocina la firma San Pellegrino. Su listado es indiscutible, entre otras cosas porque nadie sabe quien vota en realidad, pero también injusto. Pero no es injusto por el carácter de la decisión que, como sabeis, se llama fallo para que los jurados que eligen puedan curarse en salud, sino por lo que, a veces, tienen de vendetta.
Sabemos que ocurre con todos los premios: que hay cocineros a los que pensamos les sobran o faltan estrellas Michelin o soles Repsol, y también que hay quienes son postulados como promesas, cuando su prestigio está tan consolidado como fuera de toda duda. Ocurre en España y en China, por decir algo, y naturalmente en Gran Bretaña.

No quiero hablar de la lista de este año, porque ya lo han hecho y muy bien, otros compañeros como Marta, Xavier y Pau, pero sí sobre el hecho de que Martín Berasategui haya descendido del puesto 33 al 67 entre los mejores restaurantes del mundo.



Vereis: puedo admitir que haya quien piense que el señor Martín Berasategui resulte en ocasiones soberbio y que esta vanidad sea incluso obscena; puedo entender que, a pesar de sus 7 estrellas Michelin, su cocina no guste a ciertos 'votantes'; puedo asimilar que haya personas que consideren que su actitud, en ocasiones, vaya más allá de la arrogancia o que, simplemente, nos disguste porque no es George Clooney, lleve pantalones vaqueros o los botines del torito que cantaba el extinto y admirado Fary ( es un decir). Pero aunque todo eso fuera verdad, me niego a creer que la cocina que hace el chef Berasategui haya descendido tanto en calidad como para bajar en un año 34 posiciones en la lista.

La verdad del asunto es que el señor Martín (no el chef) protestó y habló (no bien) de la revista Restaurant cuando, un año, le adjudicaron un 'puesto' (malo) en la lista que el chef Martín creía no merecer. A partir de entonces, hace unos 3 años, el chef y el señor Martín cayeron en desgracia para el supuesto extenso jurado de la revista Restaurant y por eso cada año hay una nueva vendetta votacional. Un día aparecerá en el puesto 101 y veremos a Berasategui tocando el clarinete mientras se fallan los premios o jugando una partida de mus en San Sebastián, sin inmutarse. A mi me vale, mientras, el chef Martín siga cocinando como lo hace.

Otra cosa: Desde que Adrià se ausentó temporalmente del nuestro gastroplaneta, parece que no somos capaces de alcanzar el número uno. Con todos mis respetos, señores de Restaurant, el número uno debería ser Joan Roca, sin discusión: por su nivel como persona, como cocinero y por su inteligencia gastronómica y emocional. Y ya termino: Aduriz, Arzak y su hija Elena, merecen estar en lo más alto, y lo están. Y es que hay veces que los fallos se convierten en aciertos.