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Segovia vista desde el río
















Un viaje diferente a este Patrimonio de la Humanidad

Segovia sigue siendo una joya arquitectónica y merece ser visitada en cualquier época del año. Muchas veces la asociamos con el cochinillo y el típico paseo, para bajar la grasaza, hasta el Alcázar, la Plaza Mayor o el Acueducto; sin embargo, al igual que ocurre desde un punto de vista gastronómico (hay vida más allá del cochinillo) también existe una visión de Segovia menos conocida que tiene, como diría Orson Welles en Mr. Bellvedere, otros matices.

Como un contrapicado cinematográfico realizado de abajo a arrriba, diría yo. Una perspectiva que nace al albur del río que rodea la ciudad, el Eresma, y que parte en un puente cercano a la muralla, cerca del restaurante Maracaibo (Casa Silvano), la Estación de Autobuses y el hotel Los Arcos, pero siempre extramuros.

El paseo se realiza junto al río y por camino sinuoso lleno de vegetación que transcurre manso y tranquilo. Apenas pasea alguno de los 55.000 lugareños que puebla esta urbe, gente (poca) corriendo o con sus perritos, y forasteros como yo que busco ese algo más; ese valor añadido de una ciudad que he visitado cien veces, pero de la que jamás me canso.

De manera que antes o después de comer (yo casi lo haría después) os plantais al final de la calle Ezequiel González y buscáis el puente que os he señalado, y que está frente a un parking gratuito , para más señas. Al lado están las escaleras, ¡y hala¡, podeis poneros a andar buscando con la mirada los edificios que se divisan desde la orilla del río: la catedral, la judería, el alcázar, las torres árabes, el santuario de Nuestra Señora de la Fuencisla, el convento de los Padres Carmelitas Descalzos, la iglesia de la Vera Cruz, pero, sobre todo, el monasterio de Santa María del Parral y, sobre todo, la Casa de la Moneda, junto a una pequeña presa.

Desde ahí se cruza un puente o se puede seguir por la orilla del río que nos llevará por el cinturón norte de la ciudad. Yo elegiría el puente y luego una carretera que sube a la izquierda y que nos llevará hasta el Acueducto, de nuevo, esta vez anochecido como la foto que he puesto y que parece un fotomontaje, aunque es real y está hecha 'a pulso'; sin trípode.

El paseo os encantará y se puede ir con niños sin ningún problema porque, salvo el tramo final, está todo llano. Una vez en el Acueducto, podéis optar por la calle derecha que sube y os lleva hasta los miradores y la Plaza Mayor, o la izquierda, que os conducirá de nuevo hasta la calle de la Estación de Autobuses, Ezquiel González, de la que habéis partido.

Ni que decir tiene que si el paseo lo habeis dado por la mañana, siempre podeis ir a Pedraza por la tarde:ese pueblo medieval del que tampoco te cansas nunca aunque los fines de semana esté a tope. Y ¿donde comemos? Bueno, pues aunque quede raro decirlo, hay vida más allá del cochinillo, como adelanté, y si quereis daros un festín con productos de la tierra y cocina evolucionada, el lugar es Maracaibo. Si la apuesta es aún más fuerte, entonces siempre os quedará el Villena (una estrella Michelin) y, si a pesar de mis consejos, quereis ir 'de cabeza' al cochinillo pues ya sabéis: José Mari, Candido y Duque lo bordan.

Por cierto, antes de terminar algunas curiosidades sobre Segovia que no todo el mundo conoce. Por ejemplo, que desde 1985 es Patrimonio de la Humanidad, que desde sus atalayas Alfonso X (el sabio) estudiaba las estrellas; que aquí se imprimió el primer libro en España y que en esta sacrosanta ciudad por la que pasaron romanos, árabes y judíos, fue proclamada reina Isabel La Católica. ¡casi nada¡

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LO QUE LAS GUÍAS NO DICEN
Proust estuvo tiempo investigando en el Real Laboratorio de Química y Antonio Machado impartió clases y fue tertuliano en el Instituto Gómez de la Serna. Y aunque hay un refrán que dice: 'de Segovia, ni la burra, ni la novia', seguramente refieriéndose a la tozudez de ambas, lo cierto es que aquí se vive bien y su cercanía a Madrid le confiere un caracter tan cercano (Navacerrada es de ambas provincias), que ya no se sabe si es una prolongación de la capital. Es tan visitada por los japoneses, que hasta la oficina de turismo cuenta con una persona de esa nacionalidad.

PARA NO PERDERSE
Un paseo y decenas del fotos del Acueducto al atardecer. Si el día está más o menos claro, el azul del cielo hará de improvisado atrezzo. Los judiones de la granja y las pastas que venden los segovianos...ricas, ricas, ricas. Yo tampoco me perdería el barrio judío y alguna sinagoga. Y, claro, si nunca viste el Alcázar, ya sabes lo que tienes que hacer. La visita al interior permite subir a las torretas y almenas.

COMER
Aunque ya lo he citado brevemente (pronto publicaré un post sobre él), el lugar al que ir, si buscais opciones al cochinillo, es Maracaibo (Casa Silvano). Su chef-propietario Óscar Hernando plantea una cocina de autor, pero sin renunciar a las raices segovianas. De manera que en su carta también tiene cordero y cochinillo con denominación de orígen, pero yo elegiría platos como el carpaccio de bogavate con helado de salmorejo o el tartar de calamar con sopa de pescado y algas, por poner sólo dos ejemplos. Y de vino, Vivencias, un excelente caldo que el propio Hernando elabora en la zona de Valtiendas, cerca de las Hoces del Duratón, en la misma provincia de Segovia. Una maravilla que tiene 92 puntos (de 100) en la guía de Robert Parker.