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Las Médulas: una 'mina de oro' en el Bierzo
















Los romanos explotaron esta mina trasvasando agua a través de cien kilómetros de canales


No estoy seguro de que sea la zona más bonita de la provincia de León porque, lo cierto, es que estamos ante una provincia exhuberante en su paisaje y paisanaje, pero las Médulas son un lugar que tiene un encanto especial.
La historia es muy curiosa porque los restos que vemos hoy pertenecen a una antigua mina de oro excavada a cielo abierto por los romanos. Nada se sabe, al menos oficialmente, de cómo supieron que en esas tierras arcillosas podría haber abundante oro, pero el caso es que se las apañaron para llevar hasta allí, hasta los montes de Orellán, el suficiente agua (a través de canales y cañerías) para lavar la tierra que iban excavando. Ahora los técnicos le llaman a esta labor o, mejor, a su consecuencia orográfica y visual, modelado antrópico.

Patrimonio de la Humanidad y Monumento Natural desde 1997 y 2002, respectivamente, lo cierto es que cuando sale el sol, el reflejo sobre las montañas y montículos picudos, hace que estos parezcan realmente de oro.

El sistema de excavación aplicado por los romanos es el de estrabón que consiste en emplear la fuerza del agua desde las zonas más altas para realizar las labores de derrumbe y arrastre del conglomerado que luego se desmenuzaba en los canales de lavado, donde se producía la decantación de oro. La red hidráulica que montaron los romanos fue extraordinaria y sus canales se extendieron a lo largo de 100 km. logrando trasvasar agua desde el río Duero al río Sil.

Lo mejor para visitar esta zona del Bierzo leonés es acercarse hasta la Casa del Parque, en Carucedo, donde está el centro de interpretación de las Médulas.

Allí hay un curioso lago que se formó por el atasco que produjeron los fangos, por así decirlo, en el arroyo Balao, que desemboca en el Sil. A partir de ahí, y de ese taponamiento, surgió un lago hoy visitable mediante pasarelas de madera similares a las que existen en las tablas de Daimiel.

Desde allí, recomiendo subir hasta el mirador de Orellán. Para ello hay que ir hacia las Médulas (pueblo) y más o menos a mitad de recorrido tomar el camino de la izquierda. Es fácil. Poco después encontraremos, tras una pequeña subida, un aparcamiento que marca el final del viaje en coche. Apenas 600 metros más arriba está el mirador. Os confieso que tenía tantas ganas de llegar que estaba hasta inquieto y cuando vi el paisaje la verdad es que no sólo no me defraudó, sino que me quedé boquiabierto. Sé que a Félix, dueño de la Casona Los Trobos, un lugar superrecomendable para pernoctar, no le va a gustar este comentario (porque el es un firme defensor de los Ancares), pero eso fue lo que yo sentí, sin restar mérito al parque natural que, con razón defiende, y esconde casi todos los mejores secretos del río Sil.

Una vez que ya te has recuperado del impacto visual, puedes bajar a la galería y salir por una cueva al otro lado del mirador. Finalmente, y para terminar con esta excursión, debes bajar hasta el pueblo de las Médulas y caminar por alguna de las sendas que existen; la más larga, la circular, se hace en apenas hora y media.


MAS PISTAS

LO QUE LAS GUÍAS NO DICEN

Si vas a las Médulas y llueve, prepárate para embarrarte los zapatos con su arcilla roja. Más o menos a la mitad del pueblo, hay una tienda -por llamarle de alguna manera- donde se vende miel, licores diversos, castañas pilongas, mermeladas de pimiento y manzana, de tomate...y muchas más viandas locales. No están pasadas por Sanidad, como es obvio, ni tampoco son baratas, pero la gente se las lleva porque tienen muy buena pinta. Incluso, hay quien se lleva los panales enteros y mastica su cera por buscar en ello propiedades curativas que es dudoso que tenga.


PARA NO PERDERSE
No te pierdas la vista desde el mirador de Orellán, ni tampoco el paseo por entre las masas picudas de tierra roja. En el pueblo de las Médulas hay sitios para comer, pero no te rompas la cabeza son todos de batalla y para salir del paso. Lo más típico es tomar botillo (tripa de cerdo rellena de lomo y rabo del animal que sabe a chorizo) con garbanzos, y cecina, dos de los productos autóctonos más conocidos. El vino del Bierzo también ha despertado de un largo letargo, y ahora se trata la uva Mencía como mimo y dedicación. Entre Cacabelos y Villafranca del Bierzo hay unas cuentas bodegas, entre ellas las de Losada Vinos de Finca, que elaboran tanto Losada y Altos de Losada como la Bienquerida, tres de los mejores tintos de la zona.


COMER Y DORMIR

Aunque no está muy cerca de las Médulas, sí que se halla a las puertas de otra joya de la naturaleza como son los Ancares, en el pueblo de Villar de Otero. Me refiero a la Casona Los Trobos (http://www.lostrobos.com/) que regentan Félix y su esposa. Se trata de un lugar tranquilo (el pueblo adyacente sólo vive una persona) que cuenta con huerto propio, gallinas, conejos, ovejas (dos), que hacen las veces de cortacesped animal, y hasta varias laurisilvas que son el orgullo de su propietario, quien también fabrica su propia miel. La casa dispone de habitaciones y apartamentos y, como habreis adivinado, está en plena naturaleza. Los Trobos recibe el nombre de los troncos huecos que antiguamente se usaban como improvisados panales. En cuanto a comer, en Ponferrada el restaurante más recomendable es Las Cuadras, pero, sobre todo, Casa Ramón, en Molinaseca. Ramón Balboa no se complica la vida. Tira de materia prima de temporada y de primera calidad con unos resultados espectaculares, desde las entradas a los postres.