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Navaltallar, una bodega junto al Duratón









Sus vides crecen en altura, lo que da a sus vinos un caracter especial

Las Hoces del río Duraton, cerca del pueblo Segoviano de Sepúlveda, son famosas por sus paisajes, sus piraguas en verano y por la ermita de San Frutos, pero a lo que parece ahora también va a convertirse en lugar de peregrinaje vitivinícola.


De hecho, hay algunos restauradores segovianos como los propietarios del restaurante Maracaibo, están probando en la elaboración de vinos de una calidad razonable y lo mismo ocurre con la bodega que os presento hoy, Navaltallar (nacida en Navalilla en 2003) y que acaban de presentar las nuevas añadas de un vino joven y dos crianzas con una personalidad marcada, tal vez, por la altitud de los viñedos.

Y es que la bodega cuenta con 8 hectáreas de viñedo de la variedad Tempranillo en la DOP Valtiendas a casi 1.000 metros de altitud. Su concepción del vino para por una contención de las graduaciones alcohólicas y, sobre todo, de la acidez, que ya se aprecia en su Navaltallar joven, pero que es claramente expresivo en su roble 8 2009, para mí el mejor de los tres vinos no sólo por su textura y sabor, sino por el aroma que desprende una vez decantado en copa.

Como dijo el propietario, Alejandro Costa, durante la presentación de la bodega, “Queremos vinos para beber y disfrutar, que sean capaces de acompañar una comida, y también que nos hagan soñar”.


El entorno donde crece el viñedo, por sus suelos y su altitud, hasta 960 metros sobre el nivel del mar, con un clima continental muy frío en invierno, es una parte esencial en la personalidad de sus vinos. Con este clima, y con la manera de trabajar el campo de Bodegas Navaltallar, la maduración de la uva suele ser más lenta, lo que beneficia en gran manera la madurez fenólica y conseguir graduaciones alcohólicas contenidas. Además, Navaltallar han conseguido que una Denominación de Origen Protegida haya ampliado su extensión geográfica para acogerles.

Y vamos con los vinos.

Navaltallar Joven 2010 es un 100% tempranillo, igual que sus hermanos mayores. Un 20% del vino pasa 8 meses de crianza en barrica, el resto en depósito de acero inoxidable. No está mal para ser un vino joven y, porque, a pesar de ello, resulta carnoso, comestible diría yo. Y tiene cierto regusto a moras (sin especias).

Navaltallar Roble 8. Este vino permanece en barricas de 2º y tercer año (americanas 80% y francesa 20%) durante 8 meses. A continuación pasa a acero para una estabilización de 4 meses y por último, pasa otros 4 meses en botella. Para mí es el mejor de los tres, sobre todo por la fase olfativa que presenta con decenas de matices todos aromáticos. Empiezas a tomarlo con la nariz y resulta bastante equilibrado con final largo de vainilla.


Navaltallar Roble 16. Este vino reposa en barricas francesas y americanas (50%-50%) de 1º y 2º año durante 16 meses. A continuación, pasa a acero para una estabilización, de 4 meses y por último, pasa otros 6 meses en botella. A mi resultó un poco más ácido que el anterior. Los tres vinos tienen, además, unos precios muy moderados que seguro influyen también en su éxito en tienda.


Bodegas Navaltallar nacieron en 2003 fruto del interés de Romualdo Maldonado y su familia por recuperar la tradición vitivinícola en el municipio de Navalilla, provincia de Segovia, donde según las crónicas de Castilla, el Rey Alfonso VII, impulsor de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda, mandaba buscar vino en los albores del siglo XII.