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Petrus, el secreto está en el lodo













Verano del 82

Tal vez no sea del todo preciso, pero parte del secreto del más famoso y caro vino del mundo, el Petrus (o Château Petrus, para ser exactos, aunque en el viñedo no hay castillo alguno), reside en sus que sus cepas están plantadas sobre un lodazal de la meseta de Pomerol, en Burdeos, Francia. Estos suelos exclusivos e inigualables (sobresalen apenas 40 metros sobre el nivel del mar) le dan cuerpo a unas vides de uva Merlot famosas en el mundo entero.


Una botella de Petrus puede costar tranquilamente de 700 a 15.000 euros y también por ello, como ocurre con las grandes marcas, es uno de los vinos más falsificados. O dicho de un modo más preciso: sus botellas y etiquetas son de las más falsificadas. Por eso no hay que fiarse de las gangas y prestar especial cuidado a la hora de comprar por internet o cuando nos encontrarnos con ofertas que llamen la atención por su bajo precio, ya que es posible que ese vino, para no abrirse nunca, esté reservado a un coleccionista japonés (resulta que muchos japoneses compran botellas viejas de vino para tenerlas como adorno).


Sin embargo, hay un método infalible para comprobar si hemos adquirido un Petrus auténtico, aunque, eso sí, ns os negaré que resulta caro. Me refiero a enviar la botella a Burdeos para que los expertos de Petrus analizan su contenido y certifiquen su autenticidad. Eso sí, enviando la botella, corremos el riesgo de que si es falsa, la bodega la enviará a la inspección de aduanas para su requisamiento…así que nos quedaremos sin ella.


Muchos expertos y empresarios aficionados creen que este vino no sólo es una obra de arte, sino un gran inversión. De manera que adquieren botellas como quien compra cuadros o incluso lingotes de oro que se revalorizarán con el tiempo. Y es que la bodega francesa apenas produce 28.000 botellas cada año en sus once hectáreas de viñedo. Además, de cada cosecha se eligen sólo los mejores ejemplares, de forma que el resto de la uva se vende granel, de manera anónima, (aquí todo es anónimo y secreto) como AOC Pomerol.


Para alimentar su extensa leyenda se cuenta que Madame Edmond Loubat, propietaria del mejor restaurante de Libourne, compró Pétrus en 1923 y pagó con él en el mejor restaurante de Londres. Otro historia de este insigne vino es que que sedujo, cual Marilyn fermentada, a la familia Kennedy y hasta el mismísimo Einstein, aunque nadie asegura que se le ocurriera su teoría de la relatividad durante el consecuente letargo.


En todo caso, y como podeis imaginar, el proceso de elaboración de este vino es más secreto que la fórmula de la Coca Cola, pero si se sabe que eligen los ejemplares antes incluso de su maduración, cuando aún están verdes, y se desecha al menos la mitad de cada cosecha (esa que antes dije sirve para elaborar el vino que se vende a granel).


Las viñas son viejas, por supuesto, pero ninguna supera los 70 años, ya que una vez superado este tiempo se sustituyen por otras nuevas que no comienzan a dar los frutos con la calidad mínima hasta el tercer año de vendimia.


Aunque ahora la mal llamada biodinámica se está poniendo de moda en los huertos, por ejemplo, para plantar y recoger las verduras siguiendo las fases lunares, porque es el momento óptimo, ya se realiza desde hace tiempo en la casa Petrus. Yo más que biodinámica, que es un término un tanto absurdo, lo denominaría cronobiología vegetal, que es más exacto, y que se resume en la frase: hay una cosa para cada momento y cada momento tiene su cosa; es decir, que en Petrus tienen la costumbre –fruto del estudio de las viñas, se supone-, de cosechar los racimos siempre después de mediodía cuando el agua del rocío de la mañana, se ha evaporado. Incluso, desde hace algún tiempo, vienen clonando con éxito cepas de 1920 para reproducir la calidad de aquellas frutos míticos.


Obviamente, como en casi todas las bodegas, después de la fermentación, también se produce una separación de los caldos que van a dar forma a sus vinos. La diferencia es que algunos de ellos se guardan hasta una docena de años (estos son los Grand vins) . El enólogo Olivier Berrouët, hijo del maestro Jean Claude, envejece los vinos en barrica de roble francés un periodo de entre 24 y 26 meses.


Para concluir, sólo señalar que la etapa floreciencte de esta finca de Pomerol comenzó con la familia Arnaud, que adquirió la parcela en 1770, pero los actuales propietarios son dos sagas de estirpe bien francesa: los Lacoste-Loubat y los Moueix, quienes, dicho sea de paso, se negaron a dar a conocer este vino hasta que no finalizó la II Guerra Mundial. Se cree que la bodega les rinde un beneficio de unos 20 millones de euros anuales.


En España Petrus no tiene un distribuidor exclusivo, se reparte entre las empresas con más vocación internacional, pero por si te atreves a gastarte unos 700 euros en una botella, te dejo aquí cuáles fueron las mejores añadas. Años 1947, 1949, 1959, 1961, 1970, 1982 (4.000 euros botella como mínimo), 1989, 1990, 1998, 2000, 2005 y 2008.