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Olite, un pueblo pegado a un castillo







Turismo y gastronomía en el centro de Navarra


El próximo miércoles comienza una de la ferias de turismo (Fitur) más rácanas y austeras de los últimos tiempos culpa, como no, de la crisis galopante que sufrimos en el mundo desarrollado (en los países en desarrollo la crisis es endémica). Sin embargo, y a pesar de esas perspectivas sombrías, este sector es el único que se vislumbra como motor de la economía española a corto y medio plazo, aunque aún haya políticos que piensen en ella como una industria menor.


De manera que, aunque no se manifieste con el lujo de otras ocasiones, en la feria de este año se darán cita unas 9.500 empresas y un centenar de organismos oficiales, lo que no está nada mal. A mi entender, en medio de los males generales y generalizados, el turismo –incluida la gastronomía o el turismo gastronómico, como queráis- representan una oportunidad para crecer en tiempos de crisis. Eso sí, como es lógico, se vislumbran algunos cambios de calado en la demanda. Por ejemplo, parece que, atendiendo a nuestro presupuesto, es probable que el turismo de cercanía experimente un repunte importante, aunque el año pasado viajaron al extranjero un 4 por ciento más de españoles.


Sea como fuere y para abundar en esa tendencia 'localista y gastronómica' esta semana os propongo un viaje a Navarra, y, en concreto, a Olite y su espectacular castillo. Y es que este año, a partir de la primavera, el departamento de turismo de esta Comunidad Autónoma presenta lo que han denominado la “Ruta de los castillos y las fortalezas”, un recorrido que permite descubrir la historia de Navarra y 19 rincones de la Comunidad Foral a través de su legado fortificado.


De este modo, y empezando por la zona norte, el visitante puede conocer desde la casa-torre de Donamaria, hasta la planta de la fortaleza medieval y del fuerte renacentista del castillo de Maya o el restaurado Palacio Jauregia de Irurita. En la comarca de Pamplona, Tiebas conserva parte del castillo que fue residencia real, archivo de la cancillería y prisión, y la propia ciudad de Pamplona destaca por su recinto amurallado y el Centro de Interpretación de las Fortificaciones, situado en el Fortín de San Bartolomé.


La zona media de la provincia es la que acumula más fortalezas (yo no las conozco todas, así que no puedo asegurar que todas las que cita turismo merezcan la pena), desde la torre fortificada de Olcoz al recinto fortificado del Cerco de Artajona; pasando por Ujué, cuya iglesia-fortaleza existía ya en el siglo X el el recinto amurallado medieval de Sangüesa. En el pueblo de Javier, se puede visitar el castillo en el que nació el patrono de Navarra, una fortaleza cuyo origen se remonta al siglo X, y en Estella destacan las iglesias-fortalezas de San Pedro de la Rúa, Santa María Jus del Castillo y el Castillo de Zalatambor, sin dejar de visitar, en las proximidades de la ciudad, el Castillo de Monjardín o el conjunto monumental de Viana.


Finalmente, en el sur se recomienda visitar el recinto amurallado de Rada y los restos del castillo de Santacara y, desde luego, la torre Monreal de Tudela y el restaurado Castillo de Cortes. Y en el pueblo de Marcilla, acaba de recuperarse el castillo con el foso y su puente de acceso.


Pero por lo que pongo la mano en el fuego es Olite y el castillo-palacio de los Reyes de Navarra. De hecho, la fortaleza es tan espectacular que no está claro si es un pueblo que tiene un castillo o un castillo que aloja un pueblo, porque Olite no sería lo mismo sin esta edificación de cuento de hadas construida al final del siglo XIV.


El pueblo, situado en el centro geográfico de Navarra, a 42 kilómetros al sur de Pamplona y a 5 km. de Tafalla fue sede real durante la Edad Media. El castillo fue declarado monumento nacional en 1925, y constituye el ejemplo más importante del gótico civil de Navarra y uno de los más notables de Europa. Aunque casi todo el mundo se refiere a él como el castillo, es más bien un palacio, ya que fue concebido más como alojamiento que como edificación defensiva. Rehabilitado y con un aspecto imponente, acoge en una de sus alas al Parador Nacional de Olite. Los torreones son espectaculares y las vistas del pueblo y toda la zona, insuperables. Además, todos sus miradores son visitables y como están situados a varias alturas permiten contemplar la edificación desde distintos ángulos.


La historia dice que fue el Rey Carlos III de Navarra, apodado el noble, quien decidió convertirlo en sede real permanente y es el responsable de sus sucesivas ampliaciones. Aunque el palacio lo inunda todo con su belleza, en el pueblo también es preceptivo pasear por su recinto amurallado romano y medieval, cambra del Concejo, casa del mercado y las torres del reloj y del Chapitel, en esta última se encuentra el edificio de arquitectura civil más emblemático de Olite. Esta construcción era típica de los pueblos importantes de una comarca y se utilizaba como almacén de grano.


Casi todas las calles que tienen algo que mostrar son estrechas y se encuentran en los aledaños de la calles Mayor, Villavieja y del Pozo, porque en ellas se esconde la esencia del pueblo: nobles caserones de piedra con escudos de armas y grandiosos aleros de madera; galerías medievales y espléndidas iglesias, además de descubrir el recinto amurallado romano. Asimismo, estas calles guardan los mejores lugares para tomar una buenas tapas, verduras y asados. Además, el clima no demasiado frío, hace que otro de los puntos fuertes de la zona sean sus vinos, famosos en toda Navarra.


MÁS PISTASLO QUE LAS GUÍAS NO DICENEl momento actual que vive el vino de Navarra no es fruto de la casualidad, sino que es el resultado de un largo camino recorrido durante 20 siglos. Gracias a su clima ‘benigno’ la zona está plagada de viñedos y bodegas, algunas de cierta relevancia en el panorama vitivinícola nacional. De hecho, una recomendación –si no has visto ninguna- es visitar alguna de ellas. Casi todas necesitan cita previa así que toma nota: Bodegas Marco Real, telf. 948 71 21 93 ; Bodegas Ochoa, telf. 948 74 00 06 ; Bodegas Pagos de Araiz, telf.. 948 39 91 82 ; Bodegas Piedemonte, telf.. 948 74 00 90 y Bodegas Señorío de Andion. Telf.. 948 71 21 93.


PARA NO PERDERSEYa está dicho, el castillo y sus torreones desde los que realizar cientos de fotos, pero también puedes visitar –aunque, si lo haces, que sea antes del castillo porque si no te llevaras la misma decepción que yo-, las iglesias de Santa María y San Pedro, los conventos de San Francisco y Santa Engracia, y los recintos amurallados romano y medieval. Un paseíllo por sus calles también es agradable y te permitirá apreciar portones y fachadas de algunas de sus casas medievales. (http://www.turismo.navarra.es/esp/organice-viaje/recurso/Localidad/2466/Olite.htm)


HOTELES Y RESTAURANTESSi quieres pernoctar en Olite, el Parador (aunque no sea uno de los más lujosos), puede ser una de las mejores opciones. Si no te apetece, lo suyo es buscar una casa rural en las cercanías de Tafalla o que fijes tu ‘cuartel general’ en Pamplona. Pero hablar de Navarra, es meterse de lleno en la alta cocina con mayúsculas. En casi todos los pueblos y ciudades hay un lugar donde el buen comer es casi una religión. En Tafalla, el asador Brasas y en Olite, el asador Eriberri, son lugares donde los asados ostentan un lugar de privilegio, pero si quieres comer algo especial deberías acercarte hasta Pamplona, al hotel-restaurante Europa (http://www.heuropa.com/) donde la chef Pilar Idoate te mostrará parte de la mejor tradición culinaria navarra. Idoate y su equipo presentan las propuestas de sus menús adaptándose a la estación del año en que nos encontremos. Uno de sus platos son los pimientos del piquillo de Perón asados con leña y aceite virgen extra acompañados de papada de cerdo ibérico.


También puedes ponerte en manos del gran Koldo Rodero, chef y propietario del restaurante Rodero (http://www.restauranterodero.com/) referente para los cocineros actuales y baluarte de la cocina navarra tradicional y la innovación, para probar su sopa nacarada con moluscos, crustáceos y algas.


No muy lejos de la capital, a 14 km., en el pueblo de Urdaitz, se encuentra el templo gastronómico de uno de los jóvenes cocineros que ha recogido el testigo de los maestros navarros. Se trata de David Yarnoz, del restaurante el Molino de Urdániz, (http://www.elmolinodeurdaniz.com/) que ha sabido transformar la casa de comidas que inuguraron sus padres en la ruta de Roncesvalles, en un templo de la alta gastronomía. Allí puedes disfrutar de sus sardinas cocinadas con humo de haya, sobre un trazo de encurtidos, anchoas, olivas negras, germinados de lentejas y cebolleta asada. Los tres cuentan con una estrella Michelin.


Y luego, un poco más al sur (en Cintruénigo), pero de visita inevitable (yo os lo recomiendo porque el chef es un artista) está hotel-restaurante Maher. Allí, el cocinero Enrique Martínez representa el equilibrio y la maestría en la cocina y es un embajador impagable de los productos de la ribera de Navarra. Se trata de un compromiso profesional que le hace vivir la cocina con una constante inquietud, reinventando platos y aportando su toque creativo personal y diferente. Cocina de autor basada en el producto de temporada, su estilo es nítido e innovador, lo que se refleja en platos como la pularda, crema de mostaza y menta, el gazpacho con melón asado y maracuyá o la patata rellena de queso y trufa. Cuenta con dos soles de la guía Repsol.