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Alimentos Funcionales, qué son y que efectos tienen...de verdad



La mejor guía para chefs y ciudadanos

¿Te has preguntado alguna vez que son los alimentos prebióticos o si los transgénicos son buenos para la salud? ¿Sabes por qué el bifidus puede mejorar tus funciones intestinales? ¿Alguien te ha dicho alguna vez que el pimiento contiene más vitamina C que la naranja o por qué los ácidos grasos omega 3 protegen el corazón? Pues todas estas cuestiones y muchas más, son contestadas en el libro Alimentos funcionales, aproximación a una nueva alimentación.

Los Alimentos Funcionales son aquéllos que proporcionan un efecto beneficioso para la salud más allá de su valor nutricional básico. Cuando comemos, sea lo que sea, nos alimentamos; y cuando comemos bien –tomamos una dieta equilibrada en grasas, hidratos y proteínas- nos estamos nutriendo y poniendo las bases para mejorar nuestra salud.

La industria alimentaria está realizando una fuerte inversión en el desarrollo de este tipo de productos, que se refleja en el aumento de su presencia en los lineales de los supermercados. Esta presencia surge como respuesta a una creciente preocupación de la población por tener una alimentación adecuada y por la creciente asociación entre la alimentación y la salud.

Por eso el tema que nos ocupa es tan importante. No cabe duda que los Alimentos Funcionales o con características añadidas a los propios de sus nutrientes “están de moda“ desde hace tiempo…y más que lo van a estar, podría añadirse. En otros capítulos de este libro se habla largo y tendido de ácidos grasos, fibra, prebióticos y probióticos y de casi todos los elementos que aderezan a los alimentos modernos. Leches enriquecidas, yogures, pan de molde, galletas con ciertos aceites, etc… conforman una amalgama de nuevos conceptos que necesitaban una aclaración y puesta al día urgente.

Pero claro, como no podía ser de otro modo, la nomenclatura de lo que contienen estos productos tampoco facilita mucho las cosas: fitoesteroles, licopenos… son conceptos que necesitan explicación clara y sencilla para guiar al consumidor y quienes están a cargo de los fogones en los restaurantes.

Seguro que más de uno se queda con los ojos a cuadros cuando escucha que el Danacol ayuda a controlar el exceso de colesterol. Esto es así porque el yogur líquido incorpora un nutracéutico (una sustancia añadida) que lo convierte en funcional; es decir que hace algo más que lo propio de su ingesta. Pero no es el único ejemplo, hay galletas con oleosan, leches que incorporan ácidos grasos omega 3…Todos estos productos entrarían en ese grupo que se han dado en llamar alimentos funcionales y, de algún modo, como consumidores, necesitamos saber qué efectos tienen, si es verdad lo que dicen e incluso poder diferenciar (seamos chefs renombrados o cocineros caseros) un alimento probiótico o prebiótico, por poner sólo dos ejemplos.

El libro Alimentos Funcionales, aproximación a una nueva alimentación, nos descubre todos estos secretos contados, además, por los mayores expertos –muchos de ellos investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)- y nos ayudan a desterrar muchos mitos infundados sobre la alimentación, y, por lo tanto, a mejorar nuestra salud. Por ejemplo, pocas personas saben que el colesterol es necesario para vivir y es fundamental en el desarrollo cerebral de los niños por eso, salvo contraindicación médica, los niños siempre deben tomar leche entera (no desnatada, ni semidesnatada). Es decir, que no siempre los alimentos que incrementan el colesterol son malos para la salud, sino que hay que valorar la edad de la persona y su situación personal.

Ayuda para Chefs

Otro aspecto importante del libro es que puede servir de gran ayuda a los chefs. No sólo porque les abrirá los ojos sobre cómo mejorar saludablemente sus menús, sino también sobre qué efectos para la salud tiene cocinar un alimento de una u otra forma. Como ha señalado alguna vez el gran chef Joan Roca, del Celler de Can Roca, ‘ahora es cuando los cocineros estamos empezando a conocer el porqué ocurren las cosas que ocurren cuando aplicamos determinadas técnicas culinarias’. Por eso no está demás conocer de forma más precisa, cuál puede ser el resultado para la salud de una determinada transformación química de ciertos productos o alimentos.

Prehistoria
Antes del descubrimiento del fuego –y esto también se cuenta en este interesantísimo libro- los homínidos se alimentaban de hierbas y vegetales, y a veces de carne cruda. Este tipo de alimentación, excelente para la dentición, podía tener efectos nefastos para los estómagos y el sistema inmune de nuestro ancestros. Los niños, por ejemplo, no se destetaban hasta cumplir los 3 años de edad y eso era porque las madres –no se sabe cómo lo averiguaron- sabían que las posibilidades de supervivencia de este niño eran mayores así. En realidad, las madres estaban dando, sin saberlo, un alimento funcional y completo a sus descendencia: la leche materna, con su grasa superequilibrada y todos sus anticuerpos, con los que les protegían de las infecciones.

Actualidad
Lo cierto es que muchos de los alimentos que tomamos ya tienen cualidades funcionales (el jamón serrano, el aceite de oliva…) de manera que, si comemos equilibradamente y hacemos ejercicio físico moderado no tendríamos por qué hacer uso de alimentos funcionales 'artificiales'. Pero, la realidad es que la mayoría comemos mal y/o fuera de casa, y que empleamos (en general) poco tiempo para cocinar. Por eso, muchas veces el empleo de estos alimentos con sustancias añadidas pueden ayudarnos a conservar la salud.

El libro también nos explica estos detalles y nos aclara para qué sirve y qué alimentos contienen más fibra, los nutraceuticos, las plantas medicinales, los transgénicos, prebióticos, los lácteos, las ayudas ergogénicas que utililizan los deportistas y hasta un glosario de términos que nos aclarar cualquier duda que pueda surgir.

Leyendo este libro podemos aprender, por ejemplo, que aparte de los famosos "All bran" que contienen 28 g de fibra por cada 100 g de porción comestible, los alimentos que aportan más fibra a la dieta son las judías blancas y pintas, las habas secas, los guisantes secos y el puré de patatas. Higos y ciruelas secas también tienen un alto contenido en la misma. Con respecto al calcio, el alimento que incorpora una mayor cantidad del mismo es el queso manchego, seguido por la leche en polvo y el queso gruyer. Si lo que se busca es hierro, los alimentos más ricos en este mineral son las almejas, chirlas y berberechos, y les siguen los caracoles, el hígado, la morcilla, la perdiz, las habas secas y las lentejas. Aparte de la sal común, los alimentos con mayor cantidad de cloruro sódico son las aceitunas, el queso roquefort, la panceta, el jamón serrano, el lomo embuchado y el ketchup. Con respecto a las vitaminas, la A se encuentra sobre todo en el hígado, foie-gras y patés, en general, y les siguen las zanahorias, los grelos y las margarinas, y a mucha más distancia boniatos y acelgas. La Vitamina C se encuentra en mayor medida en los pimientos de todas clases y les siguen coles y coliflor y más de lejos, la frambuesa, fresa, melón, naranja y limón. La vitamina D se encuentra en anguilas y angulas, seguidos por el arenque y los cereales envasados. Almendras y avellanas seguidos por turrón, mazapán, atún, bonito y caballa, son las principales fuentes de vitamina E y finalmente los alimentos que aportan más colesterol al organismo son los sesos, los huevos (yema), los riñones, el hígado y la bollería industrial.

Y ahora como lo prometido es deuda, os adjunto el link desde el que os podeis decargar el libro en formato pdf y GRATIS

(http://www.madrid.org/cs/Satellite?c=CM_Publicaciones_FA&cid=1142521409915&language=es&pageid=1265722345892&pagename=PortalSalud%2FCM_Publicaciones_FA%2FPTSA_publicacionServicios&site=PortalSalud&volver=Si)