Nuestras RRSS

siguenos en Twitter sígueme en Instagram Canal de youtube siguenos en facebook siguenos en Google+

Translate

Desmadre a la española

Cosas y casos del penúltimo ágape ‘empresarial’ del año

No sé qué os parece a vosotros, pero muchas veces (la mayoría) los ágapes empresariales de las fechas navideñas (sean comidas o cenas) son una ruina para la imagen de la empresa y/o de sus empleados. Hay muchos supuestos y todos esos clichés se repiten cada año, se trate de una pyme o de una empresa grande. Aquí tenéis los distintos modelos: ¿os suenan?

Modelo jefe/a abandonado por el desodorante. Es la fiesta empresarial en que muchos consideran que el/los jefes/as se han portado como unos ‘cerdos’ todo el año. '¿Y ahora hay que bailarles al agua?, se pregunta el empleado. A la mierda'. Hay que estar presente por obligación (no vaya a ser que te pongan en la nueva lista negra), pero desapareces lo antes posible sin que te vean –a veces con otros compañeros para tomar algo y ahora sí celebrar la navidad por fin-. Se agradece que sea un cóctel y así se evita –a no ser que seas el pelota recalcitrante que se pone corbata cuando nadie la lleva- que las sillas de al lado de los jefes queden desiertas, como si les hubiera abandonado el desodorante.

Modelo gaseoso sexual. Este suele más habitual en las grandes empresas y son las fiestas en las que la gente se ‘mama’ y luego intenta sobrepasarse con la becaria de turno o quien pase por allí. Es el momento de gloria para el Jiménez o el Romerales que, apostados cerca del WC de chicas, en la terraza donde se fuma o en la minicocina de la empresa, siempre quieren –ayudados por esas copitas demás- poner en práctica sobre el microondas las ‘marranadas’ que anduvieron pensando durante todo el año. Aquí hay ansia viva, meteduras de pata y cortes más grandes que los que produce un cuchillo jamonero. Sin embargo, según en qué sitios, los beodos y beodas logran su objetivo y cae la pieza acosada tras contarle aquello de que ‘estamos solos los dos’, ‘un día es un día’, ‘como me pones’, etc. Lo peor de cada casa en estado puro. Si fuera una película se llamaría ‘el baile de los babosos’. En dos palabras: pa-tético.

Modelo más solos que la una. Es la cena, que normalmente se celebra por iniciativa privada, en la que, poco antes del evento, y por hache o por b, hay más bajas que en Pearl Harbour. Es decir, que de los 40 que iban a acudir al principio, van 15 por culpa de la gripe o de que ‘nunca me llevé bien con esa/ese…¡Quién le habrá invitado¡, y además si ya ni siquiera trabaja aquí’. Es el momento en que los viejos amores (que ahora trabajan en empresas distintas y tienen parejas distintas) hacen una especie de cuéntame meloso y piojoso –que diría el cansino histórico de José Mota- recordando lo que fue (o no). Estas reuniones no las salva ni el Tato, a no ser que alguno de los presentes empiece a rememorar las gilipolleces que hacía el jefe, apodado el Yeti o el mandangas, y que se cuenten historias como la de aquél día que salió del WC con el papel por fuera de los pantalones, como su colita por detrás, como si fuera ‘Amador el ardilla’. Entonces y sobre una sobremesa extensa, los gin tonics harán llorar de risa a muchos. Es el escarnio de la jefatura y los compañeros no afines, una alternativa bien sana para salvar los muebles.

Modelo reivindicativo. Este mola, aunque tiene cierto peligro, porque se trata de que el empleado le diga al jefe lo que no es capaz de decirle cada día. Como si se hubiera autodeclarado el día del empleado, es la reunión en la que con fina ironía, eso sí, el sheriff de la cosa recibe balazos de sal, que escuecen, pero no matan. Es como si fueras de pesca sin muerte: le clavas en tu anzuelo, pero luego le dejas suelto. Y es que hasta que el jefe empieza a poner cara de jota, se le pueden dar más palos que a una estera. Ese suele ser el momento en el que, con una sonrisa bobalicona, porque no ha entendido la mayoría de las bromas que se le han hecho y de las que, sin saberlo, era protagonista, se retira a sus aposentos con un ¡feliz navidad!. Después de eso, los que atacaron y los que callaron terminan el despelleje del capón hasta dejarlo en cueros. Tal vez no sea la leche, pero proporciona una terapia de grupo impresionante…y gratis.

Modelo friki/cuéntame. Es el de la comida o cena donde aquellos que no salen nunca de su casa se desmadran. Y no sólo en las copas posteriores, donde las mujeres manifiestan modales dignas de un ‘Crazy Horse todo a cien’ y los hombres se convierten en los hermanos gemelos de ‘los Panchos’, por decir algo, sino todo el rato. Es la reunión en las que Trini baila los pajaritos de María Jesús, como si fuera la hermana de David Getta y donde, Paco, el de contabilidad, se pone la corbata en la frente y mueve el culo obscenamente cuál Beyoncé después del accidente. Es la reunión en la que, si hay documento gráfico, deja a más de uno a la altura del betún no sólo por el frikismo demodé que manifiestan, sino por la vergüenza ajena que generan en quienes se dedican a observar atónitos la transformación de sus compañeros o compañeras, ungido por cierta dosis de alcohol, en medio del salón del restaurante y con los camareros en estado catatónico por la imagen contemplada.

Modelo Pelotón (por la cantidad de pelotas que engordan la vanidad del jefe). No lo contemplo.
Modelo infinito. Este modelo es el propio de los corazones solitarios (borrachuzos o no) y responde a la reunión que nunca se termina. La frase de ¡qué aburridos sois, vamos a tomarnos la última! se repite tantas veces a lo largo de la noche, que muchos van tomando la decisión de ‘pirarse' por tramos. Es raro que se queden chicas solas, por lo que en este modelo, también llamado el de los ‘últimos mohicanos’ son hombres solos, o hay pocos hombres y menos chicas en un mix imposible. A veces se da (oh casualidad) que el final es un petit comité de uno y una. Lo bueno suele ser que a la mañana siguiente nadie se acuerda (o quiere acordarse) de nada. Y hasta aquí puedo leer. Fin