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No, sin mis UVA

Sol para mitigar los efectos de la crisis

No quiero que leais esto por no deprimiros mas, pero si no habeis podido resistir la tentación, seguid adelante...aunque ya os he avisado. La historia es que la sacrosanta Unión Europea, o lo que es lo mismo, el 'bimomio' Sarkosí/ Merkel (Smerk) que es como Shrek, pero en malvado, siguen castigándonos con el látigo de sus exigencias.

Y no lo digo porque Santander y BBVA, dos de los bancos más poderosos del mundo, hayan sido pasto de las ‘llamas tecnócratas de Bruselas’, ni tampoco porque el primer ministro griego Papandreu -mas le valdría dimitir- la haya liado con su amago de referéndum sobre el acuerdo con la UE , por cierto, sólo para reforzar su posición política en el país. Sino que lo digo por algo que parece menos importante, aunque en realidad es vital, como es que nos hayan vuelto a cambiar la hora sin ton ni son.

No sé cuántas veces hemos repetido, quienes seguimos con atención el tema del cambio de hora, que no vale para nada y que lo que se ahorra en energía por la mañana (porque amanece antes) se pierde por las tardes (porque anochece antes y hay que encender luces y calefacción). Sólo los rusos se han plantado (os confieso que no sé si eso es bueno o malo) y han dicho que no cambian más la hora ni en invierno, ni en verano. ¡Olé el Putin¡ (que no el Putín).

Este cambio de horario, justificado hasta la saciedad por los políticos con cifras que nadie sabe de donde salen ni quien se las facilita, se gestó en 1973 con la llamada primera crisis del petróleo a raíz de la decisión de la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo (OPEP) mas Egipto, Siria y Túnez de no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kippur, que enfrentaba a Israel con Siria y Egipto. Esta medida incluía a Estados Unidos y a sus aliados de Europa Occidental, lo que elevó el precio del crudo y la inflación, y produjo una reducción de la actividad económica de los países afectados. Estos países respondieron con una serie de medidas entre las que acordaron el cambio de hora.

Ahora, la crisis es económica, financiera, laboral y, por supuesto, de identidad social. Y es que hay una crisis de optimismo que afecta a la sociedad y a las personas. Personas que, en el mundo no desarrollado, no tienen lo básico para vivir –es decir, se mueren de hambre y no ha cambiado mucho su situación- y que en los países desarrollados sufren, sobre todo, los devastadores efectos del paro.

Resumiendo: la sociedad está triste: no consume, no sale a cenar…no se divierte, ni tiene ganas... abrumada por las cifras de desempleo y por unas noticias económicas que ponen los pelos de punta. Y en esas estábamos, cuando ahora nos quitan hasta la luz; pero no la que cobran de forma abusiva las compañías eléctricas (no hablemos del gas) atendiendo a un ajuste en el déficit tarifario que no se creen ni ellos, sino a la luz solar; esa que es gratis y que sale para todos si tienes la suerte de no vivir en Noruega, por ejemplo.

Y hablando de Noruega, este domingo el suplemento –cada vez mas capidisminuido del diario el País- mostraba al país nórdico como el manual de la buena vida y decía algo así como el ‘viaje al país que mejor funciona de Europa’. Y aunque son ciertos la mayoría de los argumentos esgrimidos para tenerles envidia (no tienen paro, por ejemplo) se omitían un par de datos, al menos interesantes, como son que tienen problemas con los universitarios y los suicidios, debido, en el primer caso a que, después de impuestos, gana lo mismo un licenciado universitario que un peón caminero. Eso ha hecho que muchos jóvenes no quieran realizar estudios superiores.

El segundo asunto importante es el de los suicidios, dado que estamos ante uno de los países con mayor tasa de suicidios del mundo y eso es por dos motivos principales. En primer lugar, porque los hijos –atención- se emancipan muy rápido (se van a los 18 años, y se casan, y tienen un hijo) lo que hace que los padres se queden más solos y deprimidos que la una. En segundo lugar, también inflluye decisivamente que no tienen luz solar durante la mayor parte del año. De tal forma, que para que los trabajadores no se depriman, las empresas les pagan –al menos una semana de vacaciones en Canarias-para reponerse de su estado depresivo.

Así que, si esto lo hace el país que mejor funciona de Europa es porque saben que el sol genera optimismo, invita a salir, a ser positivos…lo contrario que la oscuridad, la lluvia y el frío. Esta es la razón de mi queja con los políticos de la UE: que no sólo maltratan a nuestros bancos –ya veremos qué pasa cuando los bancos alemanes tengan que aplicar la quita; es decir, perdonar el 50 por ciento de la deuda que tienen en bonos griegos- sino que, además, nos quitan la luz solar.

Pero, ¡mascachapas!, si tenemos la tasa más alta de paro de la UE, y ya no hay pan y circo, o toros o fútbol (Bueno, están los programas basura de la tele) ¡qué les costaba encadilarnos con el sol!. Por eso, en lugar de atrasar el reloj una hora en invierno, lo que tendrían que haber hecho es dejarlo igual –como Putin- o, incluso, adelantarlo una hora más, así las 6 de ahora serían las 8. Y si los trasnochados de la U.E. no querían, España podría haberlo planteado individualmente. Seguro que con más horas de sol vendría más turismo (la principal riqueza de España, no lo olvidemos) y además, nos enchufaríamos unas buena dosis de optimismo…que falta nos hace, aunque el 20 N esté cerca, o tal vez por eso mismo.