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Debate Rubalcaba-Rajoy o la oportunidad perdida

Al 'Debate' le faltó zapatilla

He esperado al gran debate de los candidatos a la presidencia del Gobierno (vamos a decirlo claro), para publicar este post, aunque ya os adelanto que lo escribí antes de que se celebrara el coloquio. Y es que era todo tan previsible…unos y otros echándose la culpa de no haber sabido atajar la crisis o de recortar el estado del bienestar, y bla, bla, bla…que casi no merecía la pena ni verlo (aunque lo ví por ver me equivocaba...que fue que no).

De entrada, y como era el único debate, las tv –que no tienen noticias a las que acogerse salvo las relacionadas con la crisis y los sucesos- le dieron tanto bombo como a las espeluznantes bodas reales o a los partidos Madrid-BarÇa; y no lo digo porque no me guste el futbol, al contrario, sino porque lo repiten tanto que uno casi acaba odiando el acontecimiento antes de que ocurra.

Algo como esto me pasó a mí con el famoso debate. Sin embargo, un primer examen de telegenia y comunicación verbal y no verbal de los protagonistas me llevó a examinar a Manuel Campo Vidal, presidente de la Academia de la Televisión (¿y ezo qué e lo que es?, os preguntareis muchos de vosotros?) y juez neutral. Vidal, antaño prócer-presentador-comunicador-famoso, se ha convertido en teórico de la comunicación; de los que escriben sesudos libros, por supuesto. Observé cierta desatención en el pelo y que lo llevaba como Garfunkel –el compañero de Simon- , sólo que más clareao, y en un atuendo que desprendía cierto tufillo a naftalina (espero que las maquilladoras de tv obre algún milagro).

Luego, Rubalcaba y Rajoy. El primero, con mucho estrés y sufrimiento. Su piel lo sabe y nos lo muestra en forma de eccemas (rojeces) en las mejillas, entrecejo y demás, síntomas claros de dermatitis seborréica por estrés. Aunque no me extraña, si aceptas que Zapatero vaya a los mítines o que el abuelo cebolleta (González) y el irreductible Guerra, vuelvan al lenguaje de las barricadas. Tuvo la mala suerte de que le tocó en suerte lidiar a la izquierda de la cámara de tv, con lo que sus rojeces quedarán más expuestas, a pesar, nuevamente, del trabajo de los/as maquilladores/as hicieran un trabajo fino.

Rajoy, por su parte, escondido (es su forma de actuar) los días previos en la sede del partido popular y en su casa, se supone que estuvo poniendo a punto, como un relojero, la maquinaria de su retórica introspectiva; es decir, la pregunta de la pregunta. Y digo como un relojero porque tiene pinta de relojero antiguo o de chupatintas de oficina, con sus manguitos y todo, pero del siglo XIX. También me lo imaginé intentando controlar los tics de sus ojos y gestos que, a veces, dan hasta miedito…y no es cuestión se asustar a los votantes con la mirada, antes de acojonarles con las medidas a tomar.

Esto en cuanto a la comunicación no verbal y la telegenia. De los demás, de lo que van a decir, ni me voy a ocupar porque o será demagogia, o populismo…o mentira, pero si hubiera habido público (que no hubo), yo hubiera colocado estratégicamente entre él a varias lanzadoras de zapatillas. Esta afición, antes habitual en los pueblos españoles, consistía, básicamente en que la madre o abuela se atrincheraban en el sofá o junto al brasero con la zapatilla (interior de borreguillo recalentao) en mano. Zapatilla, gran reserva, eso sí, que era lanzada con la precisión de un Jíbaro del Amazonas a la menor trastada que cometías: ¡que intentabas meter mano a la cazuela de níscalos, ahora que estamos en época de setas, se oía el silbido de la zapatilla al volar contra tu espalda o cogote; que te ponías en el campo de visión de la tele, zapatillazo al canto….que contabas algún chiste hueco o entrabas en conflicto con la madre, nuevamente la zapatilla cual boomerang disuasorio viajaba hasta el escarmiento!. Y lo malo es que encima de que te endiñaba, tenías que devolver esta reliquia casi en mano…y con miedito de que no te atizaran un sopapo con la mano libre si quedabas en su radio de acción.

Pues eso, que yo hubiera colocado estratégicamente entre el público a lanzadoras de zapatillas (siempre ha sido territorio de las mujeres) y que al menor desliz del moderador o de los políticos les hubieran lanzado uno de estos misiles apinrelaos –por aquello de que cubren los pinreles- a zonas básicas de su anatomía: cogote, calva, barbas, espinazo…

Que Rubalcaba se atrevía a decir algo del estado del Bienestar, zapatillazo en los morros; que tiene la desfachatez de defender a Zapatero, zapatilla directa al entrecejo; que Rajoy se refiere a que ellos van a sacarnos de la miseria socialista, zapatillazo en el lomo; que habla de mantener los servicios públicos, sin que se resienta su calidad, zapatillazo a las barbas…y así sucesivamente.

Además, para haberlo hecho tan competitivo como el fútbol, yo incluso hubiera incluido dos premios para el final del debate: uno, el trofeo Zamora, para que el que hubiera sabido esquivar mejor los zapatillazos y el Hard Trick, que consistiría en poder quedarse la zapatilla (en futbol quien mete tres goles se lleva el balón) si uno recibe tres castañazos seguidos.

Así que puedo predecir y predigo que todo acabará en tablas y que, uno por el otro, la casa sin barrer. Uno a por todas, porque lo tiene todo perdido (Rubal) y el otro a echar balones fuera para que corra el partido (Ra).

Finalmente, si me lo permiten, y volviendo a la telegenia, yo a Campo Vidal le recomendaría una visita a Llongueras o una redecilla, para solucionar lo del pelo; a Rubalcaba, que compre Vaspit, en crema, para tratar su dermatitis, y se haga con una silla mullida para hacer oposición; y a Rajoy, que deje de hacer paradojas interrogativas con sus propias preguntas, porque algún día le va a entrar en un bucle sin fin y le van a tener que poner una camisa de fuerza; que busque en la relajación soluciones a sus tics y que haga un curso, aunque sea online, que se podría titular: ¿cómo responder sí o sí?. Eso es todo, amigos.