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Urumea: aquí se viene a comer bien



















La cocina sin trampa ni cartón






No hacen cocina de autor, más que la se pueda atribuir al anónimo cocinero/a que se bate el cobre en sus fogones cada día. Tampoco tienen mantelería de hilo en sus mesas, y no estoy seguro de que sepan para qué sirve el nitrógeno líquido o el agar de las esferificaciones, pero, ¿a quién le importa? Este es un restaurante al que se viene a comer y en el que se mezclan los comensales habituales -los encorbatados y los demás- con alguna nueva incorporación espontánea que lo descubre de repente. Y es que todos comparten espacio en una especie de café de Rick’s, sólo que en lugar de estar en Casablanca, está en la calle Cochabamba, de Madrid, y aquí en lugar de conspirar, como diría el capitán Renaud, se busca un menú que guarda un perfecto equilibrio entre sabor y precio.

Se trata de un rincón secreto y uno de mis restaurantes favoritos porque, como ya os he adelantado, ofrece un binomio calidad-precio imbatible; sobre todo en lo que se refiere al menú del día, aunque su carta, exquisita y abundante, también esté dentro de lo razonable. De hecho, uno de los ¿problemas? que puede tener el restaurante es que no seas capaz de comerte todo lo que viene en el plato: un festín, para decirlo claramente.

A pesar de que hace referencia a un río vasco (Urumea), el restaurante lo regenta Pepe Rodríguez, un asturiano que hace unos años decidió reformar la casa de comidas tradicional que, desde siempre, estuvo en el paseo de la Habana, y que era mítica por muchas y distintas razones. Entre ellas, por la multitud de taxistas que se agolpaban en su puerta esperando por conseguir mesa o por los veteranos del equipo de balonmano del Atlético de Madrid, que siguen celebrando aquí sus comidas de hermandad.

Nada más de entrar en el local que se trasladó a Cochabamba, nos encontramos con una minúscula barra atendida con eficacia y precisión por Manuel, uno de los mejores tiradores de cerveza y de cafés que he visto jamás. El lo sabe y cuando puede (de vez en cuando) lo publicita entre los clientes con los que tiene confianza, pero, la verdad, es que las cañas, en vaso ancho, tienen lo que hay que tener (espuma, frescor, sabor…) en su justa medida y eso no es fácil de lograr.

Una vez se franquea esta primera etapa nos espera Tito que hace de jefe de sala. Ordenado y eficaz, ve lo que ‘el ojo no ve’ y tiene controlada mesa y comensales para que nadie se sienta desatendido. Si es necesario -los días en los que el local está hasta la bandera- sirve los platos como un camarero más ayudando a la máquina; o sea, Aurelio. Este hombre, de Burgos para más señas, cabalga entre los 3 comedores (el restaurante tiene un reservado) y hace más kilómetros que la maleta del fugitivo sin desfallecer. Serio, como se espera de un castellano de pro, apenas deja resquicio a una sonrisa a no ser que esté relacionada con el trabajo. Pero en atención y eficacia no le gana nadie. Así que si algún mérito tiene Pepe, el propietario de Urumea, es haber elegido este equipo tan cercano y eficaz, y ser capaz de conservarlo durante largo tiempo.

Aunque si el personal es estupendo, las viandas que se sirven tanto en el menú como en la carta, son excepcionales. No busqueis lujos externos -aunque los platos están muy apañaos-, porque el lujo está en el contenido. Aquí cuidan mucho las elaboraciones de cuchara, pero también las carnes y pescados frescos y a la plancha. Os aseguro que hay gente que mataría por las lentejas estofadas del Urumea. Jamás he probado ningunas parecidas...ni en restaurantes con estrella Michelin. Otro de mis platos preferidos es el bonito con tomate, que no sólo lo bordan, sino que lo llevan hasta un estado superior y, por supuesto, los callos, cuya salsa está de chupa y moja, nunca mejor dicho. El cochinillo y los distintos asados que ofrecen en carta también están más que aceptables, y los pescados, el bacalo…..las navajas, sin artilugios, tienen su punto. Y todo, como dije, en raciones abundantes.

Luego están los postres -tienen fruta natural, por Dios, en vía de desaparición en muchos restaurantes- que no son floreados, pero que sirven para coronar esta comida llena de sabor tradicional con reminiscencias asturianas. Por último, lo suyo es finalizar el almuerzo -sea de menú o de carta- con un café preparado por Manuel.

Esto es Urumea. Cocina sin tapujos ni medias verdades. Materia prima de calidad en estado puro. Aquí se viene a comer bien (o muy bien), y ya está.

Restaurante Urumea. c/ Cochabamba nº 7. Madrid. Tel. 914 57 53 22.