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Sueños de todo a cien

¡Ojo! que se nos va el bienestar

El otro día tuve un sueño, pero no como el gran sueño que tuvo Martin Luther King, sino que el mío era un sueño barato, simple, de crisis, vamos. Fue un sueño de todo a cien (ahora todo a un euro) en el que vi revocado mi estado de bienestar en un pis pas.

En mi sueño yo era un miembro del pueblo gitano, con patillas y lujosos colgantes de oro adornándome el cuerpo y me quejaba amargamente, junto a otros tanos indignados, en la Puerta del Sol de Madrid, de que de un tiempo a esta parte ya sólo completaba a medias mi frogoneta de malacatones porque las ventas no me daban pa mas. Otros se quejaban de que los payos se habían vuelto mu agarraos y que si les veían trincando la luz de cualquier palitroque con cables, ahí abandonao, en medio del campo, que venía la pasma y les daba al alto.

Y pensar que nos jugábamos la vida en cada uno de estos lances. De hecho, el tío Anselmo se quedó pegao y mas negro que la mojama, un triste día de nochevieja en el que enganchó la tele 3 D a la luz - y no era porque fuera de tres dimesiones, sino porque tenía los tres dedos del Anselmo siempre pegaos al mando a distancia- . Y todo por querer ver a la Belen Esteban dando las campanadas de fin de año. ¡Ay pobrecillo, se nos fue er papa!, dijo la Maru en un grito que aún me resuena en el alma y me recuerda el día aquel que estando en la playa de Camorritos el tío Pelotín se nos escurrió del flotador mientras intentábamos darle un agua en el pantano. Casi se nos va, y la Eulalia gritaba como poseida: ¡ay que se nos va el papa, pero no el Papa de Roma, sino el papa de la Maru, la sobrina del tío Boliche! Esos si que eran buenos tiempos, nuestro estado del Bienestar, y ahora los políticos quieren acabar con él. Porque si no vendemos malacatones, tendremos que trincar cobre y entregarnos a esta especie de metalurgia social que ya persigue la ley paya.

Pero lo peor del sueño no era lo que os acabo de contar, sino que, ingenuo de mi, me acerqué a uno de esos mítines que ahora le ha dado por organizar al Rubal Calva o como se llame, y que se parece al programa ese de tengo una pregunta para usté. Programa que, dicho sea de paso, los payos han copiao al pueblo gitano, porque nosotros siempre preguntamos a la máma o a quien esté con las cacerolas en la mano: “¡máma, tengo una pregunta para usté: ¿qué vamos a comer hoy?” Y ella contesta: “ hoy tenemos pa jalar papas con carne, vamos lo de tos los días, marqués”.

Bueno, pues en el sueño asistí a uno de las reuniones del Rubal Calva este, y me quedé pasmao. No decía nada entendible, pero hablaba del oro, de las crisis y de los mercaos. Cada vez que hablaba del oro, yo me tapaba los medallones que colgaban de mi cuello con las manos, por si al gachó le daba por afanármelos (robármelos). También escondí el peluco (reloj) dorado imitación Rolex que llevaba en la muñeca, porque el de las barbas me dio mal fario. Pasado un rato, el tío habló de los mercaos y yo no sabía si estaba refiriéndose a los pocos malacatones que íbamos a vender a partir de ahora o que nos iban a quitar un día de mercadillo, porque les parecía que vender martes y jueves era mucho. También dijo no se qué cosa de Grecia y del iro (euro), y me dije: ¡a ver si ahora que vendemos el iro a 165 pesetas, tenemos que volver a los 20 pavos (duros de las pesetas) de siempre y palmamos pasta a espuertas! En el mitín, creo que se dice así, ví a payos y payas con caras serias, atendiendo con la boca abierta, y me dieron ganas de gritarles, ¡pero pasmaos, no sigais oyendo que nos van a quitar to..y ya no vamos a ver la diferencia entre bienestar y malestar!.

Me largué echando leches, porque no entendía como el tal Rubal Calva, que parecía saberlo todo, como un profeta, no nos había abierto su chola (cabeza) mucho antes. Al salir a la calle lo vi cristalino: para los pringaos, se había acabado lo del enganche pirata de la luz, el agua de la fuente y la venta de cobre, pero, para los que somos legales, y que nos dedicamos al mercadillo y a los malacatones, también se iba a acabar todo. El veraneo en el pantano, la frogoneta, las fiestuquis flamencas y el tiri-ti-tran-tran-tran.

El sueño terminaba conmigo corriendo por las calles de no sé que ciudad, al amanecer. Tenía que llegar lo antes posible a la casa de Juan de Dios porque mabía enterao por la tele que un tal wikilís estaba revelando los nombres de tos los confidentes. Y me dije: ¡ date, como salga el nombre del Juan de Dios y se enteren los que practican la metalurgia social, me lo brean….

Afortunadamente me desperté