Nuestras RRSS

siguenos en Twitter sígueme en Instagram Canal de youtube siguenos en facebook siguenos en Google+

Translate

¿Queremos ir a cos-pedales?

Mejor no olvidarnos de Casablanca (la peli)

No sé quien ha colocado a Dolores (de) Cospedal, desmedida como es esta mujer, al frente del PP, ni tampoco creo que lo entienda Esperanza Aguirre (o la cólera de Dios). Lo digo porque hace algunas legislaturas fue Aguirre quien la envió ‘a luchar contra los molinos de viento’ a Castilla La Mancha, donde ya había fracasado con estrépito el hijo de Adolfo Suárez. Entonces, la señora (de) Cospedal no pasaba de ser, a ojos de sus compañeros de partido y de la oposición, una ‘sin sangre’, que dirían en mi pueblo, que no se iba a comer un rosco, y, desde luego, no se lo comió. Pero ahora las cosas han cambiado y Cospe se ha vuelto más lobo que Espe y dentro del partido ha cobrado protagonismo por, como repite ella a menudo, ir en la buena dirección (aunque nadie sabe qué significa con exactitud).

Y es que amenaza con convertir a Castilla La Mancha en el laboratorio de investigación de la austeridad made in PP. El resultado es que hay mucha gente que si no fuera porque ZP ya les repugna, estarían empezando a arrepentirse de haberse echado de forma tan vehemente en manos del PP.

Rajoy hace mal en dejar que (de) Cospedal se desboque (y se desboca con facilidad) porque eso no favorece sus intereses electorales. Ahora, parece que se arregla lo de los farmacéuticos que querían cobrar en tiempo (es un decir, porque tiene más retrasos en los cobros que un tren de mercancías) y forma. ¡Vaya país que tenemos!, resulta que la gente tiene la mala costumbre de querer cobrar por su trabajo, serán desagradecidos…encima que lo tienen.

Así que en Castilla La Mancha, después del paso de los gobiernos “Atila” socialistas –aún recuerdo los tiempos de Bono I el Católico, incitando a los lugareños de la provincia de Cuenca, a quemar ruedas para cortar la carretera por el asunto del recorrido de la A-3 cerca de las hoces del Cabriel- se ha instalado la decepción.

Me ha contado un amigo que tengo en Madridejos, que las mulillas y burros se concentran cada día en los pueblos de alrededor, cerca de la era, en una especie de grupo animal de ‘indignados’, porque les han dicho que van a tener que currar lo mismo en el campo, pero con la mitad de alfalfa en sus estómagos y que sobre sus lomos se van a asomar serones, reutilizados y remendados, que probablemente les produzcan tremendas erosiones en la piel. Temen que el duro ajuste Cospedaliano también elimine los pilones de los pueblos, que el glorioso plan E socialista no rehabilitó, y ya no sólo dejen de caer forasteros a ellos (antes los mozos del pueblo tiraban al pilón al forastero que osaba ligarse a una del pueblo y no pagaba la correspondiente ronda en los bares), sino que impidan a las caballerías llenar sus hambrientos estómagos con esa agua putefracta que les llene la barriga a falta de algo comestible.

Me cuenta este amigo, también, que los fabricantes de serones –ahora los vendían tuneaos para ir con los tiempos- van a tener que cerrar, y lo mismo pasará con los fabricantes de arados, tiros, cueros…en fin, que a la pobre Castilla La Mancha le va a caer la del pulpo. La paradoja de todo esto es que, aunque nacida en Madrid, Cospedal pasó su infancia y juventud en Albacete, donde su padre, ingeniero agrónomo, fue dirigente de la Unión del Centro Democrático (UCD) y delegado provincial del Ministerio de Agricultura. ¿Cómo lo veis?

Los políticos, en general, suelen apelar a la clase media (de Cospedal también nació en el seno de una familia de clase media, al menos eso cuenta su biografía, aunque fue a un colegio de monjas y estudió en una universidad privada) para que se aprieten el cinturón, a pesar de que en sus alocuciones siempre apelan a la pequeña y mediana empresa, autónomos… en un doble juego tan peligroso como inmune a partidarios y fans.

Yo diría que Rajoy debería poner orden en sus huestes y hacerles ver que la película a partir de las elecciones del 20 N no debe ser de terror (para los ciudadanos), sino una historia que, aunque haya dificultades, sea esperanzadora. Todos conocemos la historia del famoso Superlópez, aquél tipo (no sé qué fue de él, pero las últimas noticias que recuerdo, después de las acusiones de espionaje industrial, es que estaba para ir a un cotolengo) que llamaba a los trabajadores “señores trabajadores” (cuando un tipo dice eso, date por jodido) y eran un fiera de la gestión empresarial. ¿Su secreto? Exprimir a los proveedores como un limón obligándoles a vender a precios por debajo del coste. ¿Resultado? Su empresa saneada y el resto en la ruina y mandando gente al paro en cascada.

Ahora los políticos nos proponen como única alternativa para crear empleo y salir de la crisis reducir o eliminar nuestro ¿Estado de bienestar? , y hacer que los señores trabajadores y las familias, y las pequeñas empresas (los boticarios lo son, ¿no?) paguen con impuestos, o como sea, las consecuencias de la crisis. Esa solución también se le ocurriría a mi abuela y durmiendo la siesta. ¿Para qué queremos un empresario-visionario cuyo sistema para reflotar la empresa sea echar gente a la calle? ¿Y para qué queremos a un político que quiere solucionar la crisis presionando a los que ya pagan, a la clase media, para que paguen aún mas?

Mire usté, que diría el Pope Aznar, lo que queremos es que le echen imaginación, sentido común, que busquen otras fórmulas…que para eso les pagamos. Yo diría que Rajoy debería tomar buena nota y no morir de éxito antes de tenerlo. Y, sobre todo elegir bien qué actores (al final los políticos lo son, ¿no?) le acompañan en esta peli. Si aceptara un consejo, yo le diría que tuviera en cuenta que cuando se rodó la película Casablanca (Everybody Comes To Ricks, se llamó en principio) que dirigida por William Wyler, iban a colocar de protagonistas a Ronald Reagan y Ann Sheridan al frente del reparto. Por suerte para el mundo (cinematográfico y el otro) el director que finalmente rodó la cinta, Michael Curtiz, eligió a Humphrey Bogart e Ingrid Bergman como pareja protagonista. Se rodo en sólo tres meses; el mismo tiempo en que se cambia la Constitución, y por ello muchos la consideramos la mejor película de todos los tiempos.