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Castillo del Buen Amor, orgullo medieval










Princesas y príncipes de fin de semana



¿Os imaginais durmiendo en un castillo medieval, pero, de los de verdad? Pues esto es lo que ocurrirá si os acercais hasta el Castillo del Buen Amor. Y cuando digo de verdad, quiero decir que no es un hotel con una estructura similar a la de un castillo, sino al contrario, una fortaleza del s. XV, que se ha habilitado como hotel. Así que cuenta con foso, patio de armas, caballerizas, torre del homenaje (la que su utilizaba para cumplimentar a las autoridades que lo visitaban) y muros de 3,5 metros de espesor. Se trata de un escenario medieval perfecto a sólo 17 km. de Salamanca, en medio de la dehesa charra, y que os recomiendo no sólo porque os va a encantar, sino porque, además, tiene una excelente calidad-precio, lo que no es desdeñable en los tiempos que corren.


Se puede llegar desde la propia Salamanca o desde Zamora, porque el castillo está, como os he dicho, cerca del km. 17 de la antigua carretera nacional (desde la capital charra) que unía estas dos ciudades castellanas. Ahora la autovía A 66 hace necesario que tomemos la vía de servicio a la altura de Topas, por eso hay que tener cuidado y, se llegue desde el norte o desde el sur, estar bien pendientes para no saltarnos la indicación a Topas, como ya he señalado. Desde allí, y por la antigua carretera, se llega hasta el desvío que está señalizado.Al castillo se accede por un camino (asfaltado y de unos 2 km.) y luego una reja de hierro.

Lo mejor que puede decirse de este lugar, es que es fácil sentirse como un príncipe o una princesa (un rey y reina para los que tengais más altos destinos), no sólo por el lugar, sino también por el trato exquisito y personalizado que ofrece todo el personal que trabaja allí. Así las cosas no es extraño que sea perfecto para desconectar un fin de semana en pareja o incluso con niños, que se lo pasarán estupendamente recorriendo las estancias de la fortaleza.

Y es que resulta sorprendente que el castillo fuera una antigua fortaleza y que se conserve tan bien. De hecho, la historia dice estamos ante un castillo del S. XV construido sobre otro del siglo XI. Declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931 cuenta con muros originales de más de cinco siglos de antigüedad.

Antes de que lo adquirieran los antepasados de quien hoy dirige el hotel, Fernando Fernández de Trocóniz, estaba tan descuidado que esta familia lo compró por el terreno que lo circundaba. Incluso, como cuenta su director, hubo un tiempo en que se utilizó como almacén de grano. Pero una joya como ésta no podía quedar en el olvido tan fácilmente, así que sus actuales propietarios se pusieron manos a la obra, nunca mejor dicho, y decidieron reconstruirlo. El patio de armas lo soportan bases de granito, cuando el resto de la construcción es caliza, por eso se cree que fueron llevadas allí desde alguno de los restos romanos que abundan en la zona.

Sobre su pasado, nada claro, por cierto, circulan varias leyendas más o menos ciertas. Un de ellas es la que da nombre a la fortaleza-castillo del Buen Amor- que se dice se rebautizó así (antes Castillo de Villanueva de Cañedo o de Fonseca) porque el arzobispo de Santiago de Compostela, Alonso de Fonseca, se lo regaló a su amante Mara de Ulloa. Y a el se le atribuye la transformación del Castillo en Palacio en el siglo XV.

Está tan bien conservado que algunos artesonados, como el de la cafetería, son originales y se han librado de la voracidad de las termitas de milagro. Por la historia del Castillo han pasado Fernando el Católico, Juana la Beltraneja y La reina Isabel de Castilla entre otros.

El hotel cuenta con todas las comodidades (incluso piscina), y se nota el cuidado de los detalles, la decoración ambientada en la época, antigüedades en cada rincón de las estancias...y, por supuesto, 43 habitaciones amplísimas (entre 30 y 60 m2 cada una) y todas distintas que están repartidas por los diferentes pisos del castillo. Y como castillo que es, algunas de las puertas y pasadizos son tan bajos que hay que tener cuidado con la cabeza para no darse un coscorrón.

Cuenta, además, con seis salones diferentes y el restaurante está ubicado en las antiguas mazmorras de la fortaleza. Precisamente,del primitivo castillo del siglo XI se conserva el sótano que tiene bóveda de medio punto y que actualmente alberga el restaurante. Incluso cuenta con puertas falsas, sin duda para observar o espiar, y algunos de sus recovecos aún guardan el secreto de porqué y quien quiso que estuvieran allí y así.

Las camas enormes, también, y los baños reformados y modernizados. El calor, cuando se necesita, proviene de la instalación que hay bajo el suelo, y la tranquilidad y el silencio están asegurados, ya que se encuentra en medio de la dehesa salmantina. Cuenta, además, con un restaurante donde se pueden degustar unas viandas exquisitas (incluso carne de wagyu o falso Kobe), una carta de vinos corta, pero precisa y asequible, y un desayuno en el que se agradece el zumo de naranja natural. ¿Qué más se puede pedir? Un lugar superecomendable y que os va a sorprender. No os lo perdais.

El Castillo del Buen Amor está adscrito a la asociación de alojamientos rurales Ruralka (http://www.ruralka.es/), lo que garantiza que su calidad es excepcional.

COMER Y ALREDEDORESAparte de Salamanca, a la que siempre hay que hacer una visita, la recomendación es que visiteis La Alberca y la Peña de Francia. Brutal. El pueblo precioso e imprescindible, es difícil de abandonar sin salir de él con buen embutido, jamón o farinato debajo del brazo. Fermín, en carnicería, es un clásico, pero hay más establecimientos. Otro producto típico con las perronillas, una especie de pastas de pueblo elaboradas con almendras que están riquísimas. Además, tampoco debeis dejar de probar las patatas meneás. Las sirven de primer plato en el menú de casi todos los restaurantes de la Alberca, menús, que dicho sea de paso, cuestan unos 15 euros.Y en cuanto a la Peña de Francia, ¡qué os voy a decir! Es un lugar mágico para curar el alma a 1.600 metros de altitud y con unas vistas incomparables.Los atardeceres son indescriptibles. Sin embargo, un sitio que no recomiendo, porque no me gustó mucho, es Ledesma, aunque allí tienen un mesón muy recomendable y que se llama La Puñalá. Pero si quereis un sitio distinto y aún casi secreto para comer como unos reyes, este es el restaurante Rivas, en el pueblo de Vega de Tirados. La carretera de acceso a este minipueblo no es que sea muy buena, y el lugar no tiene ná de ná, pero sólo por ir al restaurante ya vale la pena. Por cierto, llamar para reservar, si no os quedareis con la miel en los labios.

Dirección: Castillo del Buen Amor. crtra.nacional 630. Km. 317. Topas. Salamanca.923 355 002. www.buenamor.net.