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El sector de los feos

¡Por qué heredaremos la playa¡

No sólo heredamos de nuestros padres y madres ciertos rasgos físicos, deudas y fortunas, sino que muchas veces también nos dejan otros presentes que nos pueden amargar un verano. Y no me refiero a tener la piel más blanca que copito de nieve o más pelos que el oso Yogui, sino al lugar de la playa donde tienen el apartamento, casa o chalé.

Hace un tiempo que se vienen haciendo estudios que demuestran que el hecho de vivir en una u otra ciudad y en un barrio u otro, modifica nuestras posibilidades de encontrar pareja, de acceder a un puesto de trabajo e incluso de tener mayor o menor sueldo. Uno de los que más se han afanado por dichos estudios realizados, dicho sea de paso, en Estados Unidos, aunque extrapolables a todos los lugares, es Richard Florida, experto en geografía y crecimiento económico, quien en su libro ciudades creativas demuestra por qué el lugar donde vives puede ser la decisión más importante de tu vida.

Dicho de otro modo, que si vives en una ciudad pujante y en un barrio de nivel, tienes más posibilidades de que tus hijos vayan a un colegio mejor, que tus vecinos te proporcionan más posibilidades de conocer gente que haga mejorar tu posición y que tus relaciones sociales sean de mayor nivel.

Volviendo al asunto de la herencia paterna, igual que ocurre con las teorías de Florida,en verano, la zona de playa a la que vas o la que te ha tocado en suerte (o mala suerte) puede determinar tu futuro estival. Por ejemplo no es lo mismo estar junto a unos vecinos ruidosos, con loro incluido, que con unos que no da un ruido. Dormiremos menos, tomaremos mas ibuprofeno, estaremos de peor humor....

Tampoco es lo mismo, desde el punto de vista de las posibilidades de ligoteo, estar en una zona de playa llena de cuerpos pícnicos, que en una de juventudes esculturales; no es igual formar parte obligada de Cocoon, con jovencitos/as de 70 tacos o más, que no paran de hablar de memeces (como si estar callado fuera pecado) que sosegar la vista observando tras las gafas de espejo cuerpos masculinos y femeninos, digamos, normales.

Por eso la herencia condiciona las posibilidades del verano. Si tus padres tienen esa casita justo en el lado de la playa que es el plató de Cocoon, entonces date por jodido/a (con perdón) porque vas a perder el honor en poco tiempo.

Me explico: En esa situación, el primer día lo ves ya claro, clarinete: que de ahí no sacarás nada;el segundo, cristalino, ....que no te vas a comer un rosco. Al tercer día, la mente, que es tozuda, empieza a bajar nivel de aceptación de los cuerpos playeros de tal forma que hasta la Tomasa, que acaba de cumplir los 85, te parece que tiene su aquél.

Pero la noche es peor, porque se mete en tu cabeza aquél cuerpo de lorzas desigualmente repartidas que siempre te pareció incompatible contigo, y se abre paso, sin que lo sepas, entre el baúl de tus deseos más reprobables.

A la semana de estar allí, las lorzas te parecen bonitas; y las arrugas, ¡ay las arrugas¡, bellas, como si fueras el sobrino de Adolfo Domínguez. Así que pasas el día deseando salir de esa playa no porque estés mal, sino por miedo a que antes de que se acaben las vacaciones cometas una locura irreparable para tu autoestima.

Claro que, luego pones la tele y ves en las revistas del cuore lo fondón que está en bañador el sex symbol Bardem (ya ex sex symbol) y los cuerpos calimocho que tienen muchos de los famosos/as y te vienes arriba; te sube la moral,...y esto puede ser terrorífico para el siguiente día de playa cuando vuelvas a encontrarte con la cruda realidad. Y es que por culpa de las comparaciones, tu impresión inicial puede parecerte relativa, y darte la falsa impresión de lo que has visto sobre la arena no es tan distinto a los cuerpos de los famoso; y eso llevarte a cometer una imprudencia. Por eso yo no he puesto la tele en todo el verano: para evitar tentaciones...por si las lorzas.