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El bañador de mi abuela y los mercados

La mano que mece la crisis

Hace no muchos años, menos de lo que parece si seguimos en este ambiente austero-cañí en el que nos hemos instalado, los bañadores de las mujeres tardaban siglos en secarse cuando salían del agua. Eran de algodón o de felpa, no se muy bien, pero el caso es que las pobres señoras siempre estaban a remojo. Solo había una excepción: la de los famosos turbo de los caballeros: esos que iban pegados al paquete como si te hubieras envuelto las partes pudendas con papel albal.

Mi abuela, por ejemplo, se salía una o dos horas antes del agua para que se le secara tan púdica prenda. Así que si íbamos a bañarnos al pantano, que era lo que se hacia antes, te levantabas a las 8 de la mañana para salir a las 10. Entre desayuno, preparar las ruedas del trailer -que se usaban de flotador- ir a buscar a los primos, esperar a que subiera el Eusebio con las uvas...en fin, una leche. Luego había que atravesar una carretera de 15km llena de curvas en la que siempre alguien echaba la pota. Nueva parada. Así que te plantabas a orilla del pantano a las 12 de la mañana como pronto.

Entonces descargabas el convoy, porque llevábamos de todo hasta los perros, y venga chapuzones, con cuidado, eso sí, de no abrirte la cabeza con una piedra invisible o cortarte el pie con una lata sin reciclar en la misma orilla.

Si la cosa iba de comer en casa entonces a la 1'30 ya estábamos listos, de manera que a mi abuela sólo le queda un cuarto de hora para bañarse porque si no tenia tiempo de salir antes para que se le secara el bañador. Esto tenía dos consecuencias: que la pobre abuela no venía al pantano cuando volvíamos a comer a casa o que nos quedábamos a comer, en cuyo caso tampoco se bañaba, porque se ponía a buscar sarmientos para preparar la comida.

¡Esos eran buenos tiempos¡, como a los que nos quieren devolver el director general de tráfico...y los mercados. Luego empezamos a ir a Benidorm y se fastidió todo: empezamos a ver guiris en bikini y ligeritas de ropa y entramos de lleno en la era moderna. Más tarde llegó el estado del bienestar, los coches estupendos, la moda, el glamour, la bolsa, los mercados....los antiguos paletos y guardas jurado se hicieron corredores de bolsa y luego tiburones del parqué; los bañadores pasaron a ser de dos piezas a una o ninguna y los vehículos eran rápidos y confortables.

Fue la perdición; la semilla del mal y ahora nuestros políticos y los antiguos serenos, guardas jurados y botarates convertidos a financieros, han creado la figura de Pere Navarro-el director general de tráfico-para hacernos creer que tiempos pasados fueron mejores a pesar de que también moría mucha gente en carretera y miles de niños en Somalia de hambruna y vergüenza.

Pero os voy a contar un secreto: me han dicho que Pere está muerto -como se rumoreó que ocurría con Jordi Hurtado, el presentador de saber y ganar, un muñeco replicante que en realidad no existe y que todo el tinglado pertenece a una multinacional que lleva años actuando en los mercados a saco y que es la principal fabricante de bañadores de felpa, como los que llevaba mi abuela. ¿Entendéis ahora a quien le interesa mantener la crisis?