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Dalí, ¿el Adrià de la pintura...




































...¿o era al revés?



El próximo sábado 30 de julio el restaurante el Bulli cierra sus puertas hasta el año 2014 fecha en la que reaparecerá convertido en una Fundación dedicada a la creatividad gastronómica. Hay quien compara el genio de Ferràn Adriá en los fogones con el de Salvador Dalí frente a un lienzo, pero no estoy seguro de que el paralelismo de sus obras tenga que ver con el de sus caracteres.



Igual que Adrià, Dalí adoraba la comida y la cocina, sólo que a diferencia del chef, a él le gustaba porque era el único lugar de la casa a la que tenía prohibido el paso. Tal vez por ello sus relojes blandos recuerden al queso Camembert muy maduro.




Fascinado por los ismos (dadaísmo, surrealismo, futurismo, etcétera) que abrazaron los intelectuales de principios de siglo XX, en 1928 se une al grupo surrealista que lidera el poeta André Breton, quien terminará por expulsarle del movimiento algunos años más tarde en una inolvidable sesión de ‘enjuiciamiento’ a la que el pintor acudió cubierto con una manta y un termómetro en la boca, para simular que tenía fiebre y estaba asistiendo a una farsa.



Bretón lo acusó de coquetear con el fascismo, ser un católico delirante y sentir una pasión desmedida por el dinero. De ahí nació el apodo anagramático de Avida Dolars, que Bretón fabricó mezclando las letras del nombre del artista. Esto, lejos de enojar a Dalí no hizo sino espolearlo para convertirle en el auténtico líder de esta corriente intelectual.



Todo en Dalí era extravagante, exuberante y desmesurado. Hasta su forma de hablar mezclando varios idiomas a la vez que se inventaba palabras. Un genio irrepetible y cautivador. Por eso os propongo (y con esto cierro la trilogía sobre L’Emporda) una visita a los museos que hay repartidos por Girona.



El más importante es el de Figueres. De hecho, el Teatro-Museo Dalí, es el mayor objeto surrealista del mundo (foto 1). Ocupa el edificio del antiguo Teatro Municipal, construido en el siglo XIX y destruido al final de la Guera Civil (foto superior). Inaugurado en 1974, contiene el más amplio abanico de obras que describen la trayectoria artística de Salvador Dalí (1904-1989).


Algunas de las obras más remarcables que allí se exponen son Port Alguer (1924), Muchacha de Figueres (1926), El espectro del Sex-appeal (1932), Autorretrato blando con beicon frito (1941), Poesía de América-Los atletas cósmicos (1943), Galarina (1944-45) o la nariz de Napoleón transformada en una mujer encinta que pasea su sombra melancólica entre las ruinas originales (1945).


Después hay que trasladarse hasta la actual Casa-museo de Portlligat, ya que fue la única casa estable de Salvador Dalí; el lugar donde vivió y trabajó habitualmente hasta que, en 1982, y tras la muerte de Gala, se retiró al Castillo de Púbol. Era tanto el dolor que le produjo la muerte de su esposa, que jamás quiso volver a esta casa en la que habían compartido tantos momentos míticos. Tal como la definía él mismo, esta casa –era “como una verdadera estructura biológica... A cada nuevo impulso de nuestra vida le correspondía una nueva célula, una habitación.”


La forma resultante es la estructura laberíntica actual que, a partir de un punto de origen, el Vestíbulo del Oso, se descompone y se retuerce en una sucesión de espacios encadenados por pasos estrechos, pequeños desniveles y recorridos sin salida. Ahora se ha abierto una nueva zona. Se trata de una construcción circular que el artista utilizaba como taller adicional, especialmente para realizar esculturas así como performances.



Finalmente, está el Castillo Gala-Dalí de Púbol, un edificio medieval donde el artista materializó un desbordante esfuerzo creativo pensando en una persona, Gala, y en una función, un lugar adecuado para el descanso y refugio de su esposa. El paso del tiempo determinó la transformación de este espacio, entre 1982 y 1984, en el último taller de Salvador Dalí y en el mausoleo para su musa.




Dalí nació en Girona (foto 5) en 1904 y murió en Púbol, el mismo año que cayó el muro de Berlín; es decir, 1989. Su padre notario y su madre aficionada a la cría de aves, desde pequeño ya se atisbaba la egolatría, sus excesos, sus cambios de rumbo personales y profesionales que le harían ser amado y odiado a partes iguales, incluso en su tierra de nacimiento, Cataluña, porque Dalí sí que era ciudadano del mundo.



De hecho, muchos de sus vecinos no le perdonan que tras su vuelta a España en 1948, y tras fijar su residencia de nuevo en PortLligat , fuera una especie de protegido de Franco y compartiera mesa y mantel con el general de la guardia civil del municipio. El gobierno incluso declaró aquel rincón catalán que tanto fascinaba al pintor "Paraje pintoresco de interés nacional”, lo cúal todavía escuece.




Pero para entender a Dalí –si es que eso es posible- hay que pasar por alto estas minucias políticas de un genio que lo era y lo será siempre; y al que algunos consideran el mejor y más innovador artista del siglo XX.



Pero si hay dos hechos que cambiaron su vida esos fueron conocer a su gran amor, Gala, y a Sigmund Freud. Lo de Gala fue impresionante ya que fue tras una visita del poeta surrealista, Paul Eluard, y su esposa Gala, a PortLligalt cuando ésta decide abandonar al poeta y quedarse para siempre con Dalí. Según señaló el propio Dalí "Amo a Gala más que a mi madre, más que a mi padre, más que a Picasso y más, incluso, que al dinero."



En la casa de PortLligat, (la cala en foto 4) Gala tenía una habitación a la que solo podía entrar ella con recortes de periódicos pegados por las paredes. Gala era la dueña de Dalí. No sólo su musa. Lo fue todo: madre, esposa, amante y hermana, lo que dado el complejo carácter del pintor, escultor…artista, supone mas que una declaración de intenciones. Tan fuerte era su amor, que Dalí apenas permaneció vivo siete años más, antes de unirse definitivamente –suponemos que en el otro mundo- a su amada, porque en la Tierra, Gala yace en Púbol y Dalí en Figueres, y si hay alguien con sentido común debería dejarles descansar juntos.



En cuanto a Freud, lo conoce, por fin, en 1938, y aunque ya está oficialmente fuera del surrealismo, en realidad todo el mundo lo sigue considerando su exponente más genuino. El padre del psiconálisis había dado pábulo a la nueva indagación del inconsciente con su libro La interpretación de los sueños (1900), pero nunca sospechó que Dalí pudiera llegar a reflejar ese amplio mundo en su pintura.



El novelista Italo Calvino hizo de Dalí una descripción que me parece una de las más acertadas para entender a este personaje al señalar que "nada es más falsificable que el inconsciente”. El chiflado prolífico del Ampurdán, descubrió el arte de la mixtificación y el simulacro, de la mentira, el disimulo y el disfraz antes incluso de aprender a manejar su lápiz con la exactitud disparatada y estéril de los sueños".



Como ya he dicho, a Dalí le gustaba mucho el dinero y era un genio (también) para los negocios, ya que en 1981, un año antes de que muriera Gala, poseía una colección de obras de arte valorados en más de 150 millones de euros. Esta colección, de unos 2.000 objetos, fue desapareciendo en los siete años siguientes, probablemente por el afán depredador de alguno de los consejeros que lo ‘acompañaron’ hasta su muerte. Así, el legado final quedó en unas 700 obras que heredaron a partes iguales el Estado español y la Generalitat.



Hay muchas leyendas que rodean la vida y agonía final del artista –que nunca se recuperó de la muerte de Gala- desde la que dice que le hicieron firmar papeles en blanco, hasta que se vendieron y/o falsificaron muchas de sus obras con su conocimiento. Lo cierto es que al menos dos de sus consejeros, Enrique Sabater y John Peter Moore, contaron con el permiso de Gala para vender los cuadros. El primero también ejerció como fotógrafo privado hasta 1981 y cuenta con un museo privado en Cadaqués donde expone fotos y algunos manuscritos del artista.



Otro de los problemas de Dalí es que pintaba sobre cualquier superficie, ya fuera una puerta, una cartulina o el cajón de un armario viejo. Esta superproducción que inundó el mercado con sus obras es la que están tratando de poner en orden los rectores de la Fundación Gala-Dalí y su director Antoni Pixot.