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Cadaqués, Portlligat y Cap de Creus...


























Y al este....el edén

Hace unos días, publiqué un reportaje sobre la zona del Empordà (Ampurdán) y prometí que sólo era una de las tres entregas que pensaba escribir sobre este lugar tan maravilloso. No sé si fue por eso o porque realmente os impactó, pero lo cierto es que he recibido numerosos mensajes y llamadas para pedirme la segunda entrega.

Pues bien, aquí va, y esta vez solamente dedicada a la costa. Me reservo el capítulo final para hablaros de Dalí y Gala (el pintor empezó a morir cuando falleció su mujer), de la tórrida conquista de su corazón o de cómo se la ‘robó’ a Paul Elouard, y las obras contenidas en sus tres museos. No os lo perdáis porque vale la pena y os contaré casi todo lo que sé sobre uno de los genios de la pintura de todos los tiempos.

Uno de los atractivos de esta escapada –o vacaciones, más bien- al noreste de Cataluña y de España, es llegar hasta el lugar más oriental de la península; el cap de Creus. En él hay calas tan maravillosas y exclusivas que, en algunas de ellas, apenas caben dos toallas. Desde la degollada hasta tres frares hay nada menos que 60 calas. La carretera, sinuosa, como todas las del lugar, parte de Roses y llega hasta el propio cabo, donde está el faro y en el que hay un restaurante para tomar un tentempié. También hay unos preciosos acantilados, todos visitables. Desde allí, el Mediterráneo se ve azul y turquesa, con zonas de algas que hacen preciosas formas en el agua e invitan a darse un chapuzón pero, cuidado, el agua está fresquita o helada, según cada cuál…y además hace bastante viento. De hecho, por encima de Playa de Aro, el agua del mar está fría, pero a cambio la mayoría de las calas gozan de una limpieza cristalina.

Siguiendo de arriba hacia abajo, nos encontramos con PortLligat. Pequeña cala, preciosa, y un pueblín que tiene el honor de albergar la casa en la que vivió Dalí. (foto 2). En ella no hay nada que se haya dejado al azar, o que no tenga un sentido, hasta la colocación de los espejos de sus paredes estaba pensado para que desde la cama se viera amanecer y las noches estrelladas. La casa también dispone de una habitación en la que sólo podía entrar Gala, con las paredes adornadas con fotos y recortes de periódicos, y donde la personalidad de la musa del genio ampurdanés está presente en cada rincón. Dispone de unas vistas impresionantes y desde la terraza (foto) con los huevos y la cristalera los atardeceres son exclusivos. Hay más, mucho más, así que no debeis perdérosla. Hay que reservar la entrada con antelación.

Es difícil seguir por la costa y no encontrar lugares bonitos que recuerdan mucho a Menorca: pinos y mar, azules y verdes en perfecta simbiosis para los sentidos. Cerca de Cadaqués, (foto1) otro de los lugares emblemáticos, aunque al otro lado de la montaña, es Port de la Selva, que no destaca por su belleza, pero sí por sus alrededores que incluye alguna que otra cala nudista. De allí parte un barco que recorre las calas y da una vuelta por el Cap de Creus, es una especie de gondolilla, pero mola, es divertido y se ve la costa desde el mar, lo que siempre tiene su punto. Port de la Selva está vigilado, desde la montaña, por el monasterio de Sant Pere de Rodas, (foto 4) otro lugar que no debeis perderos.

Y seguimos descendiendo hasta....Begur, aunque su bella playa, Sa Tuna, sea de chinarros (foto 3), y Sant Martí d’Empuries, con sus ruinas romanas. Si no tienes otra cosa mejor que hacer puedes visitarlas, pero no tienen nada espectacular: ya sabes: termas, pilotes y mucha, mucha imaginación para pensar en lo que podía haber allí hace siglos. Por esta misma carretera, en dirección a Francia, y accediendo por un curvado puerto, se llega hasta Cadaqués, que es la joya de la corona.

Calles encaladas, mar azul, puerto impoluto y de una belleza indescriptible. Todo en el pueblo está bien –extraña que esté tan poco iluminado por la noche- y es bello se mire donde se mire. Aunque hay gente en verano, no está masificado y se puede vivir y pasear por sus empinadas calles con cierta holgura. El puerto y el paseo por la bahía es el relajo total. Da igual lo que hagas, con sentarte y contemplar la belleza que te rodea, es suficiente.


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LO QUE LAS GUÍAS NO DICEN:
Las carreteras son malas de solemnidad. Cuidado con los trayectos, hay muchas curvas y firme en mal estado. Visita el pueblo de SantMartí d’ Empuries; un pueblo pequeño, pero encantador que está al lado del mar, en un montículo y es coqueto y resultón. Tómate algo en una de sus terrazas al atardecer, no te arrepentirás. Otra cosa es que se paga en todos lados, cualquier monumento o lugar que quieras visitar, debes pasar por taquilla.

PARA NO PERDERSE:
Las calas que rodean Port de la Selva, el Cap de Creus y el paisaje que lleva hasta el faro. Un paseo por Cadaqués –de día y de noche– y las visitas a los museos de Dalí en Figueres, Portlligalt y Púbol. Tampoco debes perderte la subida al monasterio de Sant Pere de Rodas y las vistas desde su terraza son sencillamente impresionantes.

COMER Y DORMIR:
Las casas rurales de la zona son decentes y suelen estar en el campo, donde los payeses están aprovechando el tirón del turismo rural. Los precios son elevados, pero uno se asegura dormir en medio de la naturaleza. Aparte de restaurantes famosos como El Bulli y otros fundados por la pléyade de cocineros catalanes, existen sorpresas aún asequibles y donde no llegan los
‘guiris’. Yo os recomiendo ‘Can Tito’, en Cadaqués, comida y trato espectacular.