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El día que 'cascó el Agapito

La crisis de los pepinos apunta a las sandalias

Ocurrió hace muchos años, aunque tal vez no tantos después de ver lo que está pasando con la crisis de los pepinos. Ocurrió, como digo, en otro tiempo, pero es que el día que murió el Agapito todo el pueblo lloró su pérdida.

Nadie sabía lo que ha pasado, ni siquiera las fuerzas vivas locales –el alcalde, el médico, el veterinaro, el boticario y el sargento de la Guardia Civil- ; los pocos que sabían leer y escribir. Lo único que se conocía es que el día anterior al óbito Agapito se había puesto hasta las trancas de pepinos y calabacines crudos. Yo, aunque era un crio, recuerdo al tío Agapito -que es como se llama en los pueblos a la gente, aunque no sea tu tio ni nada- que era de los que se metían todo en la boca: ave que vuela, a la cazuela; decía; o agua corriente, no mata a la gente…

Y es que conocía el campo como la palma de su mano y por eso desafiaba todos los peligros del mundo: comía la matanza directamente sin que el veterinaro analizara la carne; comía setas y las cocía con una medalla de plata para detectar si eran venenosas (años después me enteré que la amanita muscaria, una de las mas venenosas, no oxidaba la plata). O sea, que se había librado del botulismo, la rabia, y hasta la misomatosis de los conejos que cazaba con una linterna por las noches…y, sin embargo, se lo habían llevado al otro barrio justo donde amargan los pepinos.

Agapito era, lo que hoy sería un ecologista rural o, dicho de otro modo, un samurai del campo; un Rambo contraecho con olor a avutarda, pero un tío sano. Yo lo ví alguna vez abonar el campo con las cacas de las vacas –chorchas, en el lenguaje del pueblo- y mear sobre las sandías y ahora, después de tantos años, y como consecuencia de la crisis de los pepinos, he descubierto que se lo llevó una bacteria, aunque no sabría deciros cuál de ellas, con todo lo que se metía para el cuerpo el tío.

Es como lo que ha pasado con los alemanes, tan pulcros ellos y resulta que lo más probable es que los pepinos o lo que sea, se hayan contaminado por la Escherichia coli, que es como se llama la bacteria, al contacto con la suciedad de la cabina de algún camión. Camión que, probablemente, antes transportó vacas que hicieron caquita en el mismo o llevaban su piel manchada con ella y… las bacterias.

Sin embargo, los últimos hallazgos publicados por la prensa alemana indican que lo que llevaba la cabina del camión contaminado antes de que la carga se les cayera al suelo era un cargamento de sandalias usadas, de esas que se ponen los alemanes con calcetines, cuando veranean en Mallorca. Esos si que son unos buenos pepinos.

El daño está hecho y aunque ya os digo que la culpa es de las sandalias, los alemanes y otros países limítrofes se niegan a comprar frutas y hortalizas españolas. No sé por qué nadie dice que con pelar los pepinos se acaba el tema. Y es que nunca queres ser ecológico fue tan peligroso. Yo tenía una amiga que se dedicaba a tomar bayas de las cunetas de la carretera, aunque yo le dijera que ahí se meaban y cagaban los perros, como poco. Espero que no le haya pasado nada. Tomad nota.