Nuestras RRSS

siguenos en Twitter sígueme en Instagram Canal de youtube siguenos en facebook siguenos en Google+

Translate

Andorra, verano entre montañas







Menos mar, este país lo tiene todo




Aunque parezca increíble, mucha gente piensa que Andorra sigue siendo sinónimo de compras o esquí, pero nada más lejos de la realidad. Por suerte, este país tiene otros muchos alicientes que merecen una visita reposada y tan lujosa como queramos, incluso en verano.

La leyenda dice que el país fue fundado por Carlomagno en el 805 en reconocimiento a la ayuda prestada por sus habitantes a los sarracenos, pero lo que nadie duda es de que Andorra tiene un pasado eclesiástico importante, tal vez por su cercanía a Urgel y su obispado.

Hoy, de hecho, Andorra está dividida en siete parroquias (o barrios) que se extienden por el valle y la montaña o que buscan acomodo al otro lado de ella a través de costosísimos túneles. Y es que por culpa de lo escarpado del terreno lo más costoso no es hacer la carretera, sino las defensas para prevenir derrumbres y las canalizaciones que hay que habilitar.

Senderimo, mountain bike, golf, piragüismo, inmersión...hacer ecoturismo es casi obligado en este país pirenáico. Casi todas las actividades (a excepción de Naturlandia) se concentran en las cercanías de las estaciones de esquí de Vallnord y Grand Valira, que en verano se visten de aire puro, vistas espectaculares y entorno ideal. (foto 3)

Tiene tres parques naturales, Valle del Madriu-Perafita –patrimonio de la humanidad- Sorteny y Comapedrosa, éste último aloja al pico más alto (2.942 m). Los principales atractivos de ese espacio son su imponente paisaje de alta montaña, así como los lagos, las cascadas y las fuentes. Pero si con esto no os habéis quedado satisfechos, podeis desplazaros hasta el Canillo (con puentes colgantes de madera), Encamp, Ordino o La Massana, por poner sólo unos ejemplos.

Para los que quieran algo tranquilo (se puede ir incluso en bicicleta), pero sin perder de vista la naturaleza, recomiendo la subida al lago de Engolasters. Se puede acceder en coche hasta la cima y, allí, hacer una ruta circular por el lago o adentrase en el monte por los caminos rodeados de pino negro que están bien señalizados.

Y es que los amantes de la bicicleta de montaña –expertos y aficionados- tienen aquí su paraíso. Si no llevas bici, no te preocupes, las alquilan….o te compras una allí mismo. También puedes jugar al golf en Soldeu que a 2.250 m. de altitud es el campo más alto de Europa (dispone de nueve hoyos par 33 y 16 hectáreas de extensión). Finalmente, también puedes realizar submarinismo en alguno de sus muchos lagos, o paseos en patinete o piragua sobre las aguas cristalinas del lago d’El Forn.

¿Exhaustos? Pues aún hay más oferta. Por ejemplo, la de tipo cultural. Y es que otro de los alicientes de Andorra es adentrarse por alguna de sus rutas románicas con iglesias austeras y de gran valor arquitectónico y cultural. Recomendamos, por ejemplo, la visita a Sant Joan de Caselles (s. XI y XII), (foto 1), con un precioso campanario lombardo y Les Bons (s.XII) y su torre de defensa.

Asimismo, aunque más moderna, es interesante acercarse hasta el santuario de
Nostra Senyora de Meritxell (patrona de Andorra), arrasado por el fuego y
reconstruido, no sin polémica, por Ricardo Bofill en 1976.

¿Y para terminar? Caldea, por supuesto. Este complejo termolúdico es ideal para relajarse tras un día agotador. Es el más grande de Europa situado en una montaña y tiene fama, aparte de por sus aguas termales, por su exclusivo baño de pomelos. Existen al menos dos tipos de acceso, uno vip, un poco más caro, situado en la parte superior del edificio que cuenta con una oferta mayor, y la entrada ‘normal’, que es igual de apetecible. Otro opción es ir allí a pasar el día completo, porque Caldea da para eso y mas.

La última de las recomendaciones y, no por ello, en último lugar, es visitar Naturlandia. Da igual que hablemos de niños o mayores porque hay actividades para todos. Aparte de zonas recreativas, pista de hielo, tiro con arco, paintball, caballos... su estrella es el tobotronc: el tobogán más largo del mundo. Si llueve no se utiliza por seguridad, pero, de lo contrario, se puede bajar a casi 35 km/h. Lo bueno es que lleva una especie de frenos que permiten controlar la velocidad, con lo que, aparte de divertido, uno puede darle la emoción que quiera. (foto 4).


MAS PISTAS

LO QUE LAS GUÍAS NO DICEN:
Hay que subir a la torre de defensa de Les Bons para contemplar unas maravillosas vistas de Andorra. Los amantes de la bicicleta de montaña disfrutarán en Vallnord de increíbles circuitos por las pistas de esquí, a las que accederán a través de remontadores y elevadores, todo un reto para los más intrépidos. Aquellos que se están iniciando en el mundo del golf, podrán mejorar su técnica en los Pitch & Putt andorranos. Por ejemplo en el pueblo de Xixerella (La Massana) se encuentra El Torrent, que dispone de un precioso campo que sigue el curso del río con 18 hoyos.

PARA NO PERDERSE:
La bajada espectacular desde el Tobotronc en un trineo biplaza. Es el tobogán más largo del mundo, y el recorrido –nada menos que 5,3km– discurre entre árboles y paisaje alpino. La subida hasta la cumbre para lanzarse por la montaña dura nada menos que 12 minutos. (foto 2). El Roc de les Bruixes, en las pistas de Canillo, se sirve cocina con toques andorranos, franceses y pirenaicos a 2.000 m de altura. Se accede por un funicular que se utiliza exclusivamente para remontar a los clientes hasta el restaurante. Una pasada.

COMER Y DORMIR:
Lo típico es comer en una borda; una especie de casa rural típica del país. En el menú no faltarán las carnes y quesos, el trinxat, ni tampoco las cocas de chocolate. En el Refugio de La Rabassa se sirve cocina de fusión y el Rusc, con su chef Pablo Urcelay al frente, es el mejor restaurante gourmet. En cuanto a los hoteles, y aunque la oferta es variada, el Plaza está en el corazón de Andorra La Vella y es de lujo. Otra opción estupenda es el Rutllan en La Massana. Pero si quieres algo realmente espectacular tu hotel es el Grau Roig a 2100 metros de altitud, donde se acaba la carretera. Es un hotel boutique de 42 habitaciones –un refugio de montaña de diseño- (foto 5, jacuzzi) que está a cinco metros de la pista de Grand Valira y posee Spa, servicio de guardería y guías con los que contratar una ruta en 4x4, senderismo o hacer mountain bike Y, sobre todo, tiene silencio. La paz de las montañas ante nosotros. De los tres restaurantes de que consta, la joya es El Teatro del Vino: un espacio reducido para 10 o 12 personas, donde puedes disfrutar de una cena degustación con maridaje o hacer una cata de vino.Y además cuentan con un restaurante idílico, la vaquería (foto 6).