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Lisboa, cercada entre Sintra y Estoril













Tan cerca y tan lejos



Historia del Cerco de Lisboa es una famosa novela del desaparecido escritor luso José Saramago y aunque no pretendo imitar su antológica prosa, me he servido de esta idea para, de forma figurada, pasearos por algunos de los palacios y castillos que cercan la capital lusa.



Pero antes de eso, permitidme que os haga una reflexión: ¿os habeis parado a pensar cómo muchas veces conocemos lugares recónditos, sin interés alguno y ponemos reparos para ir a ver Granada o Toledo, por poner sólo dos de los centenares de ejemplos?. Pues es la misma impresión es la que se tiene cuando uno propone un viaje a Portugal, porque es curioso cómo denostamos ciertos lugares por cercanía, aunque tengamos auténticas joyas al alcance de la mano y a una hora de avión. Este el caso de Lisboa, tan decadente y maravillosa, o el de las afamadas Estoril y Cascais, e incluso de la palaciega Sintra. Por eso le viene al pelo la frase: ‘tan cerca y tan lejos’.




Y precisamente, por ahí quiero empezar este reportaje; por Sintra. Se puede llegar hasta la parte vieja del pueblo fácilmente en coche o también en un tren que sale de Lisboa. Si vamos en tren, al salir de la estación, ya en Sintra, veremos que el pueblo tiene muchas callejuelas y cuestas, esto es porque los dos palacios-castillo que visitaremos- el Palacio Da Pena (foto superior) y el Castillo Dos Mouros- están en lo alto de la colina. Si subimos caminando hay media hora rompepiernas, pero a cambio veremos los bosques, fuentes y lagos que se asientan en las laderas. También se puede subir en autobús (lo más aconsejable), aunque la vista no será la misma.



El Palacio da Pena, construido sobre un convento del siglo XVI, es extraordinario. A algunos de vosotros, las cúpulas doradas y amarillas de estilo neoárabe, neomanuelino, el neorenacensita y neogótico, os paracerán una frikada del arquitecto alemán que las diseñó, pero son espectaculares. Construido en 1840 parece diseñado por Walt Disney dispone de unas vistas impresionantes, ya que en los días despejados se ve hasta el mar y, por supuesto, el Castillo dos Mouros, en otra de las laderas de la sierra de Sintra. Construido como defensa por los árabes en el siglo VIII, cuenta con cinco torres y se puede caminar por sus almenas.



Como acabareis agotados de subir y bajar cuestas y escaleras, para el resto del día os propongo dos opciones: si llegasteis en coche, tomar el desvío a Lisboa (o el tren) o, por el contrario, girar hacia Estoril y Cascais. Yo, de momento, os cuento lo que haría si fuera a Lisboa y dejo para otro día el análisis viajero y gourmet de Estoril y Cascais, con todo su lujo y glamour, y el repaso a lugares tan espectaculares como la Cueva do Inferno.



Si fuimos a Sintra en tren –lo más aconsejable - deberíamos hacer lo mismo para volver a Lisboa. La estación nos deja relativamente cerca de la plaza del Rossio y también de la plaza del Comercio (foto). En ésta podemos –y debemos- tomar uno de los tranvías que suben hacia el Barrio Alto para acceder hasta al castillo de San Jorge: una de las maravillas lisboetas. Construido en el siglo V por los visigodos, fue ampliado por los árabes en el siglo IX y modificado durante el reinado de Alfonso Enríquez. En 1938 sufrió una restauración completa. Su período de máximo esplendor se extendió desde mediados del siglo XIII hasta principios del siglo XVI, época en la que el castillo estuvo ocupado por los reyes de Portugal.



Para entrar hay que pagar, pero acercarse a su muralla y ver desde allí el atardecer sobre el puente del 25 de abril –el puente colgante más largo de Europa- y la desembocadura del río Tajo, es gratis y una de las estampas más impresionantes de Lisboa. Después de visitar la fortaleza es recomendable dar una pequeña vuelta por las calles cercanas, y ya que estais allí, y si está abierta, acercaros hasta la catedral de Lisboa.



Pero si no os apetece o está cerrada yo tomaría las de Villadiego, y bajaría andando por el barrio de la Alfama (antiguo barrio de pescadores) hasta alcanzar el centro neurálgico la plaza del Rossio y de allí al barrio del Chiado. En este barrio es imprescindible hacer una parada y sentarse en una de las mesas del café A Brasileira, en cuya terraza una escultura representa a Fernando Pessoa, famoso pensador, escritor y poeta luso y en cuyas mesas escribió alguno de sus más famosos escritos.



No quisiera concluir este rápido repaso de Lisboa sin adelantaros que en otro post os contaré la maravilla que es llegar hasta el barrio de Belem en un barquito y degustar sus famosos pastelillos en la fábrica-cafetería-pastelería más vetusta y famosa; cruzar al otro lado del puente 25 de abril y comer en sus restaurantes o visitar el monumento a los Descubridores y los Jerónimos. También os contaré qué hacer un finde en Lisboa con la oferta más lujosa de restauración y, por supuesto, en esta especie de trilogía, os llevaré hasta Cascais y Estoril para descubriros casi todos sus secretos. Por ejemplo, os hablaré de su pasado ligado al espionaje y cómo el lugar inspiró a Ian Fleming para escribir una de sus más famosas novelas (y luego película de James Bond), Casino Royal. De hecho, el Hotel Palacio, el English Bar o el Casino de Estoril fueron algunos lugares frecuentados por estos espías.

MAS PISTAS


LO QUE LAS GUIAS NO DICEN:
En Lisboa es imprescindible tomar algún tranvía. Una buena opción es el número 12, que atraviesa el barrio del Chiado, pero también es buen idea subir al castillo en el nº 28 que os deja en la misma puerta. Hay que probar el Elevador de Santa Justa, en la plaza de los restauradores, estilo Eiffel, y pasear por el barrio del Chiado, reconstruido tras el incendio de 1998.



PARA NO PERDERSE:
Como la cosa va de palacios, deciros que uno de los más visitados es el palacio real de Queluz, también llamado el Versalles portugués, en el que destacan el jardín de Malta, el jardín de Neptuno y el canal de azulejos, entre otros lugares recónditos. También es de obligada visita el palacio de Mafra declarado monumento nacional en 1907.En él destacan los magníficos bosques de Mafra, y la inmensa biblioteca situada en el monasterio, con un fondo de 40.000 obras.



COMER Y DORMIR:
Si quereis comer bacalao en un restaurante clásico con los azulejos típicos como decoración, el lugar idóneo es la cervecería da Trindade, en el barrio Alto. Construida en el antiguo comedor de un monasterio, es un lugar inmenso donde prácticamente siempre habrá una mesa disponible. Lo bueno es que dan de cenar hasta muy tarde, lo que no es desdeñable en Portugal donde predominan los horarios británicos. Otro sitio a visitar es la terraza del Chapito, en la zona del Castillo, con barbacoa y pequeños platos preparados. La cocina es regular, pero el ambiente y la vista son inmejorables. Eso sí, indicado sólo para los días de buen tiempo. En el restaurante Rio Coria, en la calle que sube de la catedral al castillo, se come un arroz con marisco mas que aceptable y en el Viuva –zona de Santos- se toma comida tradicional a buen precio. Otro día os hablaré del Kais, el Bica do Sapato, y el Tavares, en Lisboa y del Hotel Fortaleza do Guincho y del Visconde da Luz, en Cascais, que son mucho más exclusivos.