Nuestras RRSS

siguenos en Twitter sígueme en Instagram Canal de youtube siguenos en facebook siguenos en Google+

Translate

¿Los últimos días del sushi?

Radiaciones, frikis y pescado crudo

Nadie sabe si los restaurantes de comida japonesa –al menos los de Japón- tendrán que cerrar, pero lo que está claro es que los productos marinos que se extraigan del litoral nipón y más allá, no sólo sabrán bailar la lambada y la barbacoa, de Georgie Dann, a causa de la radiación, sino que incluso es posible que se conviertan en peligrosas bestias como nos muestran muchas de esas películas de ciencia ficción serie B que, de vez en cuando, salen por nuestros televisores. Pero es más, no sería raro que este tsunami de malas noticias hiciera estragos en todos los restaurantes japoneses del mundo que tienen como materia prima el pescado crudo (¡como si no tuviéramos bastante con preocuparnos de la contaminación con plomo y mercurio¡).

En todo caso, es el efecto mariposa. Ya sabeis, una mariposa aletea en Tijuana y se forma un tifón en Filipinas. Es como la vida de las personas, que todo lo que hacemos, todas nuestras decisiones, tienen consecuencias a corto, medio o largo plazo. Con la naturaleza, la cosa va de mal en peor, porque no hacemos sino desobedecer sus indicaciones, la herimos de forma continuada y, lo que es peor, hacemos oídos sordos a sus gritos de dolor.

Pero aunque todo tiene consecuencias, no siempre son malas. ¿Qué nieva? Hacen negocio los que venden sal, los talleres de chapa…¿Qué hace calor o hay un corte de agua? Sube el negocio de los helados y las ventas de aguas embotelladas…El desastre nuclear de Japón –del que ya hablé, con ciertas dosis de flashforward en un post anterior- ha hecho que todo el mundo mire hacia las energías renovables, aunque dado el retraso en su puesta en funcionamiento, es posible que en estos momentos ni sea rentable ni factible que sustituyan a la energía nuclear.

El diagrama seguiría más o menos este guión: de momento, sólo el gas natural y el carbón podrían sustituir a la energía nuclear. Y dejando aparte cuestiones relacionadas con abastecimiento, agotamiento de reservas y subida de precios, esto nos llevaría a un nuevo bucle, ya que como estas fuentes energéticas se generan a partir de combustibles fósiles, la expulsión de CO2 a la atmósfera se incrementaría de forma exponencial lo que aceleraría aún más el efecto invernadero y ocasionaría más catástrofes naturales ahora impredecibles. Eso llevaría a la conclusión simplista de que la energía nuclear es más ecológica (si no fuera porque nadie sabe desactivar los residuos que genera).

Otra conclusión sencilla a este bucle es que la imprevisión y mentiras de los japoneses, el tatemae nuevamente, nos puede llevar a la ruina sanitaria. ¿Por qué? Fácil. Como el pescado estará bajo sospecha, la gente optará de nuevo por la carne, de tal forma que los efectos cardiacos protectores de una dieta baja en grasas saturadas se irán al carajo. Estaremos más gordos, menos sanos y nuestras arterias empezarán a echar en falta el efecto de los ácidos grasos omega de los pescados. Por lo tanto, no tener energía nuclear puede ser pernicioso para nuestras arterias.

Más elucubraciones. También hay quien sacará partido a esta nueva situación. Por ejemplo, las empresas de atracciones y los acuarios serán un gran negocio, porque a causa de la radiación, los jureles se parecerán a Juan el Golosina; los tiburones sabrán tocar el acordeón –pobre María Jesús y sus pajaritos- y los besugos tendrán más labios que Carmen de Mairena….pero lo bueno es que habrá mucha gente que pagará por esta especie de parada de los monstruos (marinos).De hecho, es posible que cada semana se vayan incorporando a los espectáculos nuevas especie con sus respectivas malformaciones, y que el negocio circense de la antigua mujer barbuda y el bombero torero, deje paso a la sardina con melenas rastafari, la ballena enana que canta ópera o el calamar saltimbanqui.

También es probable que la cocina molecular, siempre dispuesta a causar sensaciones y hasta pavor en los comensales, se decida a preparar nuevas cartas con los sugerentes platos de merluza en salsa radiactiva al enebro, crestas de langosta con lágrimas de plutonio o crema de moluscos en mahonesa de sashimi al cesio.

No creo que los japoneses vayan a cargarse la biodiversidad, pero parece claro que habrá que controlar que no vuelvan a poner, en una zona sísmica, centrales nucleares que no estén preparadas para resistir terremotos. Porque esto que ha pasado ahora ya ocurrió en menor medida hace años, con amago de escape radiactivo incluido.

Un amigo me cuenta que por aquél entonces se hallaba en Kioto, Leonardo Dantés y que, después de tomar sushi, se le vino a la cabeza su famoso baile del pañuelo. El mismo amigo, metido de lleno en el mundo del corazón, también me ha soplado que la frikada que se marcó Karmele Marchante con su tema eurovisivo “soy un tsunami” tenía algo de premonitorio de lo que ha ocurrido ahora, aunque no me ha confirmado que su visión tuviera algo que ver con las radiaciones nucleares, así que éstas radiaciones perniciosas debían provenir del sol.

En cualquier caso yo me estoy echando a temblar ante la siguiente pregunta: ¿si cada vez hay más frikis, incluso sin tomar alimentos contaminados con plutonio, que pasará si esta fuente radiactiva se generaliza? Y, lo que es más importante, ¿estamos ante el final del sushi? Yo, por si acaso, he puesto una piscifactoría en mi bañera y la he patentado porque sé que este es un negocio que irá a más. Y, si no, tiempo al tiempo.