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Samurais radiactivos

El Tatemae de los japoneses

Todavía recuerdo el titular de la primera crónica sobre el terremoto de Japón que leí en uno de los periódicos de tirada nacional y que decía algo así: “un muerto y decenas de heridos por un terremoto Japón de nivel 9 en la escala de Richter” (el máximo es 10). Me quedé estupefacto por la bisoñez de la noticia. ¿Cómo un terremoto de nivel 9 va a causar un muerto y decenas de heridos? En fin, no hacía falta ser un lince para averiguar que la catástrofe por el temblor y el sucesivo Tsunami eran ya apocalípticas y que los daños a personas y enseres serían espeluznantes.

Aún así, nadie se dio cuenta (al menos, eso parece) de que además de la tragedia por las pérdidas de vidas humanas que se habían producido estaba el asunto de las centrales nucleares….construidas en una zona de terremotos. Cada vez entiendo menos (o lo contrario, no estoy seguro) a los seres humanos. Yo creía que cada vez que fabricábamos un veneno, era porque teníamos el antídoto correspondiente. Pero, por lo que parece con las centrales nucleares, no es cierto porque no hay modo de controlar una fuga nuclear o, al menos, no parece que nadie sepa cómo hacerlo.

Y además, en el caso concreto de Japón, que ya he dicho que construye nucleares en zona de terremotos (sin que sus centrales estén preparadas para soportarlos) funciona su puñetero “tatemae y honne” –que traducido quiere decir algo así como que los nipones no dicen cosas que ofendan a los demás y que decir la verdad resulta descortés-. Y debe ser por esta “moral nipona” por la que los responsables de las centrales y el gobierno japonés no cuentan la verdad sobre las fugas radiactivas.

Los japoneses emplean este tatemae para proteger a políticos y empresarios, y, como consecuencia, para tener engañados a los japoneses que, como se ve ante la catástrofe actual, están dando muestras no sólo de su admirable civismo, sino de su sometimiento, abnegación y hasta de moral samurái que quiere decir, en japonés antiguo, aquéllos que sirven (al estado, al emperador, a ellos mismos, a la confusión, al dolor, a no se sabe quien….). Y este servilismo –ya sabemos que las huelgas a la japonesa se hacen trabajando más horas- se ha convertido en un anatema, en una especie de maldición para el país.

¿Debate sobre las nucleares? Ahora parece innegable e indispensable sobre todo con el ánimo de repensar su utilización, sus medidas de seguridad y su emplazamiento, diga lo que diga el ministro de Industria, Miguel Sebastián, antes enamorado de las energías renovables, luego de las nucleares, luego de las eólicas y hasta de los chopitos radiactivos. Es raro que ahora que hace tanto calor dentro de la centrales nucleares niponas Sebastián no haya aconsejado a los 180 héroes (¿será cierto que hay 180 técnicos japoneses luchando contra el núcleo atómico a punto de fusionarse o una nueva tatemae ninja?) que están luchando contra la catástrofe no ir con corbata para no tener tanto calor.

No sé qué van a hacer ahora los defensores de las nucleares para que alguien les crea, aunque juren ante el dios atomium que son inofensivas y seguras. Ni tampoco qué va a ocurrir con la radioactividad desprendida ni hasta adonde llegará. También ignoro si Japón asumirá de una vez que no puede poner una central nuclear (tienen la mayor del mundo) sobre una falla tectónica, ni ocultar la verdad sobre las medidas de seguridad que toman para prevenir catástrofes.

Se puede decir (o eso es lo que nos han vendido) que no hay otra alternativa energética mejor que la nuclear. No sé, lo dudo. Yo creo que al igual que estamos consumiendo los móviles y artefactos que fueron concebidos hace 5 años o más, tiene que haber una forma de energía mejor y más segura que ya esté investigada, aunque a nadie le haya interesado comunicarla.
Eso sí, ahora todo el mundo se va a poner a revisar sus protocolos nucleares y si aprueban o se cancelan los permisos de funcionamiento de las centrales más vetustas. Y es que sólo nos acordamos de Santa Bárbara, cuando truena o, cuando explota, como ha pasado en Japón.