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La Cesta, nuevo en Recoletos


Un bistró con padrinos gourmet

La calle recoletos de Madrid, casi al inicio del paseo de la castellana, es la cuna del tapeo 'pijo'. Los locales casi se juntan unos con otros sin duda buscando a los y las trabajadoras de las decenas de oficinas que hay por los alrededores. Y esta junga de bares tiene un nuevo residente. Se trata de La Cesta, un bar con vocación non stop; un bistró a la francesa que ofrece comida y bebida de forma ininterrumpida hasta las dos de la mañana.

Pero no hablamos de una carta cualquiera, sino de un menú de bocados y cócteles premium.No en vano, el proyecto está liderado por los discípuclos de Santi Santamaría en Santceloni; es decir, Óscar Velasco, como asesor de cocina; David Robledo a cargo de la bodega y Abel Valverde al frente de la sala. Ni que decir tiene que siempre es una gran noticia -acostumbrados a tantas malas- que se abra un nuevo local y más si es gastronómico.

Cuando estuve en la Cesta, lo primero que me llamó la atención es que no tienen perchero ni guardarropa, de tal modo que hay que dejar el abrigo -ahora que hace fresco- en cualquier lado. Este es un detalle que los reponsables del restaurante deberían solucionar (si es que no lo han hecho ya) porque resulta incómodo. El local, sin embargo, es muy coqueto y el trato en sala, excepcional. En la entrada, recibe al cliente un coqueto mostrador rodeado de mesas altas, que invita a tomar el apetitivo. El espacio contiguo, gracias al juego creado por Pascua Ortega, presenta un comedor de restaurante con todas sus comodidades y, al fondo, una zona de bar levantado sobre un segundo nivel con mesas altas corridas que ofrecen una perfecta panorámica de todo el local, incluyendo la cocina acristalada.

En cuanto a la carta es de agradecer, por ejemplo, que de algunas tapas haya medias raciones -degustación lo llaman- porque así es más fácil probar de todo. Me gustó mucho el tartar de ternera blanca y el salmorejo de champiñones con huevos de codorniz. La carta de vinos también me pareció muy acertada y variada. Y es que el vino se sirve por botellas o copas sueltas entre las que destaca, por ejemplo, un rioja de categoría como es el San Vicente de 2006.

A mi no me gusta el anglicismo after work, aunque la vocación de estos bares sea atender a quienes acaban su jornada laboral. Y es curioso cómo están creciendo como alternativa a los grandes restaurantes gourmet. Son lo bares de tapas de siempre, hecha por los defensores de la fusión, así que la ejecución de los platos suele ser correcta.

No obstante, a este, como a otros restaurantes que comienzan,aún le falta un poco de recorrido. Se trata de engrasar la maquinaria que, dado el capital humano y técnico que poseen, no les será difícil, si es que no lo han hecho ya, porque he de decir que yo les visité en noviembre-diciembre pasado y supongo que ya habrán limado los pequeños defectillos.

Por la tarde, la carta comprende algunas de las propuestas más demandas de Velasco, como son las croquetas de jamón, terrina de foie, torta de burrata, mejillones en escabeche, tabla de quesos o la clásica tortilla de patatas, además de los postres. La carta finaliza con una minuta especial de cócteles elaborados ex profeso por un cóctel man. Ésta cuenta con hasta doce ginebras premium para escoger tu gintonic favorito, una selección selecta de rones (con cuatro de alta gama y de Malta) y con vodkas de marcado prestigio, todos con precios a partir de 8€.

En fin, que la Cesta merece una visita, sobre todo si tienes alguien con quien compartir un buen rato tanto si es a mediodía, como si es por la tarde o por la noche. Un lugar para disfrutar de una conversación distendida mientras das buena cuenta de los productos premium de su carta. Yo necesito volver para ver su cara actual. Eso sí, por favor pongan un perchero provisional para el invierno...que en verano no hará falta.