Nuestras RRSS

siguenos en Twitter sígueme en Instagram Canal de youtube siguenos en facebook siguenos en Google+

Translate

Nueva Delhi, impacto total




Memorias de la India


Me he pensado mucho si debía escribir este post de la India. Y no porque el país no lo merezca, sino porque hay tanta diferencia entre sus pueblos y ciudades, el norte y el sur, este y oeste, que es difícil hacerse una idea global. Lo único que es común en todos los lugares, es la extremada pobreza que existe en todos los lugares y que, por lo que han mostrado los distintos boletines de noticias, el presidente Obama no ha visto en su última visita a la que se denomina la mayor democracia del mundo -por el número de habitantes, claro-.

Pero vayamos por partes. Este relato se refiere a Delhi, la capital, o Nueva Delhi, como querais, y trata de introduciros en el ambiente que os vais a encontrar al llegar a este inmensa ciudad (19 millones de habitantes) y país. Lo primero que se percibe, aparte del calor pegajoso, es impactante: la salida del aeropuerto (foto superior) te lleva directamente a la parada de taxis? y autobuses? y en medio de un camino de tierra, porque no se puede llamar de otro modo, encuentras a gentes pidiendo, perros y otros animales sarnosos y un smog (polvo-contaminación en el ambiente) que casi te impide ver y respirar.

Seguro que muchos de vosotros pensareis, ¿y qué hay de los famosos olores? Pues que son ciertos, pero a mi me llamó más la atención lo visual. Y es que esta primera impresión luego se fue completando con los olores, o la presencia de cientos de niños pidiendo en todos lugares y a todas horas, o la de esos saltimbanquis, por decir algo, con los huesos quebrados aposta desde que nacen para que puedan hacer sus diabluras (dan grima, la verdad) en los semáforos...El caos, en directo. Indescriptible, por mucho que yo haga hincapié en la 'realidad' india. Sí, luego están los marahási, los ingenieros y matemáticos de Bangalore, pero lo mayoría son más pobres que las ratas, textualmente.




Dos en una
Delhi es la tercera ciudad más grande de India. Es el punto principal de norte del país. Está dividida en dos partes: Nueva Delhi y Delhi Vieja. La parte principal de la ciudad metropolitana,con los hoteles y embajadas están en la zona de Nueva Delhi y los momunentos -muchos menos de los que parece- están en la parte vieja. En realidad, contando ambas partes de la ciudad los sitios más relevantes, y haciendo un esfuerzo por citar alguno que lo merezca, son La Casa de Parlamento, India Gate (arco en memoria de la guerra) la tumba de Humayun, Qutub Minar -el minarete más grande del mundo-, El Fuerte Rojo, Jama Masjid, la mezquita más grande en India (en la foto), y el Raj Ghat, un monumento que se edificó en memoria del líder hindú Mahatma Gandhi. El famoso Thaj Majal se encuentra en Agra, a menos de 200 km. de distancia, pero a más de 8 horas de viaje en tren.

Y llegamos al meollo de la cuestión. La pobreza y las castas. Casta (en sánscrito varna), literalmente ‘color’ (visto como una cualidad) corresponde a una forma de estratificación social establecida por el hinduismo, la cual clasifica a las personas dentro de la sociedad en cuatro grandes grupos. Es heredada desde el nacimiento, de forma que el individuo nace así y no puede hacer nada (ni quiere) para cambiar su suerte. De hecho, estando en la India y relacionándote con sus habitantes uno se da cuenta del poco valor que tiene la vida. Muchos saben que su vida es la muerte y se resignan a ello. Pero no la muerte como la entendemos nosotros, sino a cualquier edad y en cualquier momento; es decir, nacen para prepararse frente al más allá que muchos anhelan en brazos de Dios, sea cuál sea la religión, se llame Brahma o de otra forma. Un ejemplo: una mañana, en una de las avenidas de Nueva Delhi se produjo un atropello -de los muchos que ocurren cada día-. El hombre estaba tirado en el suelo en la cuneta. Cuando volvimos por el mismo camino, por la noche, el hombre seguía en el mismo lugar. Allí la gente se muere y nadie se da cuenta; o eso parece y tampoco importa...porque son tantos (eso dicen ellos mismos).



Los intocables
Pero volviendo al asunto de las castas, a los más pobres se les denomina los intocables -qué eufemismo-, parias o dalits aunque, en realidad,no tienen casta. De hecho, están fuera de este sistema y por lo tanto están tradicionalmente relegados a realizar los trabajos de más ínfima importancia e incluso se les prohíbe beber de las mismas fuentes de agua que las demás.Muchos viven en la calle, en cualquier esquina, con los niños, compartiendo morada, agua, váteres y comida con las ratas, los monos y los perros abandonados (la mayoría). Impresiona y te deja boquiabierto. A estas alturas del relato, ¿aún pensais que India es una democracia de verdad como dicen en los telediarios? Un chiste, es lo que es. ¿Pero sabeis lo mejor? Pues que esta gente y estos niños que no tienen nada parecen ser felices, tienen una sonrisa perennne y aunque algunos son muy pesados pidiendo, lo cierto es que ves que lo hacen porque no les queda otra para malvivir.

Para terminar con el vergonzoso asunto de las castas, os diré que en el siglo siglo I a. C. ya existía el Mánava Shastra Dharma (o Leyes de Manu, escrito por bráhmanas), que establecía cuatro castas:brāhmanas o sacerdotes, chatrías o guerreros, vaishias o comerciantes y artesanos y shudrás o esclavos (eufemísticamente trabajadores y servidores). Ahora estas cuatro han cambiado y sus límites se han suavizado bastante, salvo para los intocables. De hecho, ni siquiera la lucha no violenta del Mahatma Gandhi pudo ampliar los derechos de estos dalits durante su lucha por la independencia de la India (que fue posesión británica hasta 1947).

Gandhi, cuyo mausoleo en Delhi, siempre lleno de flores, es un lugar de visita para propios y extraños, figuró abiertamente al frente del movimiento nacionalista indio. Instauró nuevos métodos de lucha (las huelgas y huelgas de hambre), y en sus programas rechazaba la lucha armada y predicaba la no violencia como medio para resistir al dominio británico. Pregonaba la total fidelidad a los dictados de la conciencia, llegando incluso a la desobediencia civil si fuese necesario. Encarcelado en varias ocasiones, se convirtió en un héroe nacional. En 1931 participó en la Conferencia de Londres, donde reclamó la independencia de la India, pero al regreso a su país y tras una serie de disturbios callejeros Gandhi y su esposa Kasturba fueron encarcelados: ella murió en la cárcel, en tanto que él realizaba veintiún días de ayuno. Ese fue el principio de su famosa resistencia no violenta y sus huelgas de hambre que otros siguen como método de protesta en nuestros días.

Pero India es mucho más de lo que os podeis imaginar. A la amalgama de culturas e idiomas que existen, y al caracter de sus gentes, hay que añadir el caos circulatorio, la contaminación y la velocidad a la que circulan sus motocarros y toc toc. En realidad, hay tantos toc toc que es difícil que no haya choques diarios. Eso, unido a que se respetan poco las normas de tráfico, hace que cruzar una calle sea altamente peligroso.

No me he olvidado de los olores ni de la espiritualidad. Cierto que huele mal y, a veces, muy mal, pero no es extraño con toda la porquería que hay en la calle. Por eso y porque los occidentales no estamos acostumbrados a los gérmenes patógenos que circulan por India hay que tener cuidado con lo que se come y se bebe, y donde se come y se bebe. Muchas veces, y a pesar de las precauciones, la diarrea es casi segura y que se presente allí mismo o, con suerte, al regresar a España.

Para finalizar, decir que hay muchas formas de viajar a la India y dependiendo del caracter con que se afronte resultará maravillosa o un fracaso total. Si sufres en demasía con el dolor ajeno, no te gusta ver pobreza por todos lados o sólo te apetece visitar el Taj Mahal y cosas por el estilo, en plan sibarita, India no es tu destino. Si, por el contrario, tienes alma de misionero (la labor que hace la fundación Vicente Ferrer en Anantapur es impresionante e imprescindible) y estas dispuesto/a a ver espiritualidad tras los ojos de la pobreza , éste es tu sitio. Sea como fuere, te aconsejo que te pongas una armadura en el alma porque si tienes corazón vas a sufrir de lo lindo viendo lo que se cuece allí.

¡Ah, sí!, se me olvidaba lo de la espiritualidad. Yo he leído el sanador místico del premio Nobel Naipul y también algunas obras de Tagore; incluso el Sidharta de Hesse, pero os puedo asegurar que si se mira con ojos occidentales lo espiritual no se ve por ningún lado. Por eso hay que cambiar el chip y rápido. Si se consigue, puede que veas la espiritualidad en los ojos de los niños y la bondad con la que miran. Puede que no veas la miseria, ni el machismo de una sociedad llena de jovenes matemáticos e informáticos,o que, viéndolos, aprecies, como hice yo a la vuelta (una vez que controlé mi enfado por las desigualdades que vi), el mérito de esta gente. Como aguantan sin quejarse y con una sonrisa sin tener nada, y cuando digo nada, es nada. No sé si es porque nacen con los dioses en su alma o porque como no conocen otra cosa, no saben que existe otro mundo y que las castas son una injusticia social gravísima. Algunos sí que han visto otra cosa y por eso existe Bollywood, ese simulacro de Hollywood con películas que duran cinco horas y siempre tienen final feliz. En India todo es a lo grande. Como en casi todos los paises emergentes, hay gente insultantemente rica y todo lo contrario...y mucho, mucho negocio.

MAS PISTAS




LO QUE LAS GUIAS NO DICEN. Una de las experiencias más sorprendentes es pasear por los caóticos, ruidosos y malolientes callejones de la Ciudad Vieja (Shahjahanabad) y comprobar cómo vive, de verdad, la mayoría de indúes. Pero cuidado, la ciudad engaña y es más grande de lo que parece. Por eso hay que tener en cuenta las grandes extensiones, el calor y el tráfico,antes de lanzarse a la jungla

PARA NO PERDERSE. Las compras, para que nos vamos a engañar. En todos los sitios se regatea y puedes comprar cientos de cosas por unos pocos euros. El bazar chino y el tibetano son de los mejores. Falsificaciones a punta de pala y baratijas diversas. Pañoletas, collares, bolsos, figuras en falsa madera untada en alquitrán...En fin, una delicia para quien quiera venir cargado. Uno de los bazares más conocidos es el de Chandni Chowk con una actividad frenética, pero no es el mejor para comprar. En general, casi todas las calles que desembocan en Connaught Place, la zona de negocios de Nueva Delhi, en la que se amontonan bancos, bares, restaurantes y hoteles a la caza de clientes, tienen bazares Aquí no es que estés a salvo de los acosos, pero es la parte más fina de la ciudad. Hay tiendas en las que te hacen un traje o camisas a la medida por un precio módico. También es el lugar para comprar los saris, pero, ojo, ya no es tan barato como los mercadillos, aunque, eso sí, tienen calidad.

COMER Y DORMIR. Es difícil recomendar un restaurante. Lo mejor es comer en los hoteles y, si son lujosos, mejor que mejor....así la diarrea tardará más en llegar o, con mucha suerte, no aparecerá. Entre los hoteles, yo destacaría el Taj Palace y el Oberoi, en primer lugar y luego el Metropolitan (es famoso su restaurante japonés Sakura) y el Hilton. Además, en la ciudad hay una gran cantidad de restaurantes exclusivamente vegetarianos. De hecho, Nueva Delhi es un paraíso culinario para los vegetarianos, ya que incluso los restaurantes no vegetarianos tienen una amplia oferta de platos sin carne, pero no me atrevo a recomendaros ninguno.