Nuestras RRSS

siguenos en Twitter sígueme en Instagram Canal de youtube siguenos en facebook siguenos en Google+

Translate

El baile de los canaperos

Cómo comer y cenar de balde

Los organizadores de eventos -qué poco me gusta la palabra evento, por lo cursi- creen estar a salvo de ellos y muchas veces organizan sus ágapes sin contar con que al contratar el número de cubiertos del cóctel, tendrían que añadir de cuatro a veinte más para cubrir a los canaperos.

Esta curiosa raza -protegida, al menos en los hoteles que se distribuyen a lo largo del paseo del Prado y Castellana de Madrid- se caracteriza por comer o cenar de balde; osea, por la cara, todos los días del año. El procedimiento que siguen es de lo más sencillo. Se enteran por el periódico, la llamada de amigos o tras inspección ocular de los paneles que ponen a las puertas de los hoteles, de los cócteles que se ofrecen en cada uno y a qué hora. Y voilá: se visten con sus mejores galas -aunque huelen a naftalina a un kilómetro- y a zampar.

Yo les admiro, porque son unos profesionales de la cabeza a los pies. Si les descubren y les invitan a marcharse del lugar donde se han colado, se muestran tan indignados que te hacen dudar de si realmente no te habrás equivocado de personajes. Pero no se enternezcan, señores maitres, ellos se saben mimosines y no levantarían la menor sospecha si no fuera por tres detalles definitivos (aparte del olor a naftalina y a perfume de la tienda de los chinos): uno, que siempre están colocados en el lugar del que salen los camareros, de forma que toman el canapé que quieren y los primeros. Dos, que hablan por los codos con quien sea, incluso de cosas que desconocen. Tres, que cuando ven que el número de comensales se reducen o se atisba que la comida empieza a ser escasa, se largan como alma que lleva el diablo, se supone que a otro hotel.

Lamentaría que fueran una especie en extinción -en el fondo yo también me enternezco- y que dada la avanzada edad de la mayoría de ellos la vieja escuela quedara vacante en poco tiempo. Por eso ahora que hay tanto paro yo propondría crear una especie de FP y que con el título 'especialista canapero' se enseñara a los alumnos cómo sobrevivir y comer de lujo, en lugar de jugarse la vida vendiendo kleenex en los semáforos.

También podrían actuar en anuncios junto a los chefs más reputados para fortalecer la marca España, o, se me ocurre, podrían entregar su cuerpo a la ciencia por si acaso ZP se presenta otra vez a las elecciones (que lo hará) y es necesario fabricar algún fármaco que permita convertir a la previsible nueva legión de parados, en una legión de zapateros, uy, perdón, de canaperos.