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El mundo mágico de los huicholes




Estos chamanes sanan cuerpos y almas
Llevo mucho tiempo queriendo escribir esto, desde que volví de mi último viaje a México. Pero no del México comercial y de lujo, sino del otro en el que vive la gente pobre y es feliz con lo que tiene, aunque a nosotros nos parezca que eso no es nada. En este viaje fascinante, conocí a algunas personas realmente valiosas e interesantes, y también pude ver que existen muchos méxicos distintos y desconocidos que nada tienen que ver ni con el narcotráfico de Jalisco, ni con el turismo masivo de Cozumel.


Antes de que sigais leyendo, tengo que preguntaros algo, ¿creeis en los chamanes? ¿Creeis que existe la magia negra y la magia blanca? ¿Habeis conocido a alguien que, como un sanador místico, se dedique a salvar almas....y cuerpos? Bueno pues contesteis lo que contesteis, sabed que estais a punto de entrar en un mundo mágico, sobrenatural, místico y en el sí que hay mucha gente creyente. Así que, hablad bajito y con respeto, como si estuvierais en misa, porque el ritual para entender lo que os voy a contar, merece esta atención.
En el viaje que os cuento al Estado de Nayarit, México, en la costa del Pacífico, por encima de Puerto Vallarta, se me metió en la cabeza conocer a los huicholes, una de los pueblos indígenas que aún viven en México. El estado nayarita tiene una población total de 949.000 personas, pero, entre todas ellas hay unas 25.400 mujeres que pertenecen a los indígenas Wxaritari, 21.800 Nayeri, 3.300 Odham y 1.500 Náhuatl. Esto no tendría nada de particular si no fuera porque hay un número, al menos igual, de hombres y muchos más niños, de manera que suponen un núcleo importante de la sociedad con su cultura y sus creencias.
Aparte, el Estado tiene 4 regiones indígenas los Huicholes, los Cora, los Mexicaneros y los Tepehuanos. Los primeros, son los que yo fui buscando porque tienen unos profetas o chamanes sabios muy poderosos. Les llaman Maracáme y son como jefes máximos de la tribu. Ellos son los que hacen milagros y por eso muchas personas se agolpan en sus puertas para pedirles alivio. Pero no sólo van a verles la gente humilde, sino también personajes famosos y políticos mexicanos. No hay personaje que no tenga su propio "brujo-adivinador", y lo digo desde el mayor de los respetos y el cariño.

Para encontrarme con los huicholes llegué hasta Tepic, la capital del Estado, y una vez allí fui a la parte alta de la ciudad (donde vive la gente más pobre) y busqué por unos barrios llenos de mugre, ratas y suciedad. Las calles y las casas eran infames y los niños caminaban descalzos por entre toda esa miseria.
Ibamos buscando a Don Rutilio, un chamán blanco de los que hacen 'milagros'. Las peticiones que les hace la gente son de lo mas variopinto: desde alviar enfermedades o evitar peligros, hasta triunfar en los negocios, evitar la mala suerte o ser afortunados en amores. El método por que el ejercen este poder se denomina “limpia”. Pero no todos los chamanes son iguales, dicen que los verdaderos sanadores místicos, aquéllos que tienen su magia en su fuerza interior no cobran por sus servicios; todo lo más aceptan presentes, pero nunca dinero. Esto es así porque si piden dinero a cambio de sus intervenciones se cree que pueden ser castigados con la pérdida irremediable de sus poderes. Sin embargo, los que hacen magia negra lo primero que piden es el parné, antes de empezar a hablar. 
No pudimos encontrar a Rutilio (su casa es la primera de las de las fotos superiores), pero en ésta búsqueda averigué algunas cosas de este pueblo tan fascinante. Para ello, y con la ayuda de una chica mexicana de Tepic me dirijí al barrio donde los huicholes tienen sus tiendas de artesanía. Allí venden desde pulseras a cuadros que elaboran con una especie de bolitas de plástico que pegan en distintos soportes. En muchos de los dibujos de pulseras y cuadros están los sueños provocados por el peyote, una droga alucinógena que les hace entrar en trance.
La actividad del maracáme huichol es hereditaria: el padre le enseña a uno de sus hijos los cantos que deben emplear en las distintas actividades de su profesión, y por supuesto el arte de curar enfermedades y contrarrestar la brujería. La limpia se realiza con un murieri, una especie de plumero ritual que se confecciona con flechas y plumas de halcón o de águila. Estas plumas se consideran sagradas por pertenecer a animales que también lo son y que proporcionan al maracáme la capacidad mágica y sobrenatural de oir y ver todo lo que ocurre en la tierra o en el mundo de los muertos, y es precisamente con ellas con las que llevan a cabo sus ritos mágicos.
Fue en una de estas casas donde vendían la artesanía huichol, donde una mujer que conocía bien a los indígenas me explicó que los maracámes reciben la sabiduría de sus antepasados y también sus poderes curativos y la que me explicó que sólo los murieri que tienen plumas de águila son auténticos. Para heredar el poder de sus padres los aspirantes a maracáme marchan varios días por el desierto hasta Wirikuta, lugar de origen de sus antepasados, para recolectar el peyote: un cáctus alucinógenos (una droga, más bien) que les permite aislarse del mundo real.
Además, los huicholes de Jalisco y Nayarit realizan durante diferentes épocas del año peregrinaciones a las cuevas sagradas, algunas de las cuales se considera que nacieron los dioses. La más venerada es la de la diosa Nacahué. Antes de iniciar la peregrinación a Wirikuta, localizado en el Real del Catorce, San Luis Potosí, los diez o quince inciados que suelen ir, están cinco días a base de tortitas, tabaco y agua (casi ayuno completo). Lo primero que toman después de este ayuno es la droga, así que la reacción es terrorífica.


A los que van por primera vez les vendan los ojos durante parte de la ceremonia. Una vez en Wirikuta preparan ofrendas y cantan para que el venado (simbolizado por el peyote) sea feliz antes de morir y se prepara la cacería (imaginaria, porque el peyote, como he dicho, es un cáctus).

Dicen que bajo sus efectos ven el bien y el mal, y también adquieren el poder que luego utilizaran con la gente a su vuelta a Nayarit, tras estar una semana de descanso.Las mujeres wixaritari, por ejemplo, hablan a sus niños en su lengua vernácula y dicen. "kuni kuni nenime unechi", duerme, duerme, mi bebé...

Ya comenté que los chamanes hacen limpias. Y eso es lo que yo preguntaba insistentemente por la calle, ¿usted sabe donde hacen limpias por aquí cerca?, nadie estaba dispuesto a responder con exactitud. Yo iba buscando a un maracáme blanco y encontré a uno negro. Era Don Pancho. (en la foto). Cuando lo saqué de la chabola me arrepentí de ello. El hombre tenía más roña que roña y los pies hechos polvo y llenos de heridas.Para atenderme salió de un chamizo donde, aparentemente, descansaba sobre un colchón lleno de mugre. A su lado, y en el suelo, una mujer mayor permanecía como ida entre gallinas, gatos y perros sarnosos. Don Pancho me dijo algo que no entendí, pero le seguí hacia una chabola de al lado. Al entrar me percaté de que un cartel (ver foto) en la pared me advertía del pago previo a la supuesta limpia.

Don Pancho imponía. No sólo por la barriada a la que había que llegar para verlo, sino por su actitud. Cuando entramos en la segunda chabola, se quedó contra la pared y ni me miró. Actuaba como si yo no estuviera. Sólo emitía uns ruidos guturales, supuestamente invocando a los dioses (digo yo). Inmóvil y aparentemente sordo y ciego a mis palabras, intenté hacerle unas preguntas sin conseguir sacarle nada. Al rato, entró en la choza otra persona que resultó ser su hijo y me dijo que su padre estaba en trance y que cuál era limpia que quería que me hiciera. Le expliqué que no quería limpia, sino información...que era periodista, y eso no le gustó mucho. También señalé que estaba haciendo un reportaje sobre los huicholes, pero se encogió de hombros con mala cara. Eso no era para ellos. A don Pancho le hice algunas preguntas más, que el hijo traducía al padre y a los que este contestaba con su emisión de ruidos. Ni siquiera tocó el murieri y yo sentado en aquella cama con su colcha llena de mugre, la verdad es que no tenía muchas ganas de que me limpiara nada. Sabía lo que me esperaba (me lo sugirió el hijo): pagar y largarme. Extendió su mano, pagué y me fui.

No obstante, la aventura no había terminado. Me propuse fotografiar y entrar en un Kaligüey, (foto superior del crucifijo) una especie de Iglesia (aunque es una choza) un tanto tétrica. Me dijeron que tuviera cuidado al entrar porque era un lugar mágico y seguramente lleno de las malas vibraciones al haberse realizado el día anterior el exorcismo de alguien que estaba endemoniado. Así que entré con cierto reparo, la verdad. La “iglesia” estaba vacía y era bastante siniestra ciertamente. Había un palo en el centro y una especie de crucifijo ante el cual parecía que alguien hubiera hecho una ofrenda. Una película de terror daba menos pánico, os lo aseguro. Toqué las cosas, los palos, pero con precaución, porque todo aquéllo dama mucha grima. No estoy seguro de lo que sentí al entrar no fuera fruto de la sugestión. Pero estar allí me resultaba incómodo. No se me olvidará jamás.
Nosotros no los vimos,pero algunas personas que estaban en la calle esperando a Rutilio, me dijeron que los huicholes, a pesar de su pobreza, eran felices y que sus chamanes les curaban de verdad. Algunos de ellos, sin embargo, no viven nada mal. Alguno tiene más de una mujer e incluso viven en Estados Unidos. Es el caso del personaje chamán más respetado. Se llama xxxxx y hasta el gobernador del Estado le tiene en un altarcito. Intenté contactar con él, pero me fue imposible.
Antes de terminar esta parte del relato quiero contaros la fascinante historia del murieri. Es una especie de vara de madera, una flecha, forrada con telas y que lleva plumas de halcón y/o águila, como ya he dicho. Hay muy pocos auténticos, pero si tienes la suerte de que alguien te regale uno (no se puede comprar, ni te lo pueden vender, porque pierde su poder) debes tener claras varias cosas: que para sanar a las personas hay que pasar el murieri por encima de sus cuerpos, pero sin tocarlo con las plumas, y la otra cuestión importante es que no lo puede tocar nadie salvo tú porque lo contrario da mala suerte y hace que el báculo pierda su poder curativo....
Yo creo en los huicholes, en su historia y en los conjuros de los maracames auténticos. Y creo en el murieri y su poder, porque lo he probado y funciona También pienso que estas personas son sanadores místicos (el premio Nobel indú V.S. Naipul escribió una novela con este título que es altamente reocmendable) porque quienes acuden a sus limpias creen en ellos como en un Dios. Así es México y así es el México profundo. El que no sale en las guías; ese que desconfía de los extranjeros y tambien de los españoles que les consquistaron con espadas, gripe y viruela. Ese México que sólo cree en la magia de sus kaligüeys.