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Petra, la joya rosada


Para sentirte como Indiana Jones

Escondida durante mil años, no hay adjetivo capaz de describir a esta ciudad nabatea. Uno de los destinos turísticos más deseados, suele combinarse con Israel. 
siq o desfiladero que conduce a Petra


Es inevitable. Llegar hasta la ciudad de Petra a través de un largo siq (sendero), ver el templo del tesoro a través de las oquedades de sus paredes y sentirse Indiana Jones y la Última Cruzada, es todo uno. Y es que Petra, en Jordania, es el típico lugar que nadie debería perderse.


Precisamente, la mejor época para visitarla es ahora, en primavera, porque en verano hace demasiado calor y en invierno, demasiado frío. Lo primero que llama la atención de esta bella ciudad es que, hasta que no estás allí encima, nadie podría sospechar que un terreno árido y pedregoso pueda albergar en sus entrañas una de las maravillas del mundo. De hecho, estuvo enterrada durante mil años y no fue redescubierta hasta 1812. En 1985, el Gobierno jordano decidió realojar a la familias beduinas que vivían allí, en la aldea cercana de Um Seyhun.
En la entrada, casi siempre atestada de turistas (unos 3.000 diarios), apenas hay unos tenderetes de vendedores de recuerdos y de alquiler de coches y caballos. Porque a Petra se puede entrar de muchas maneras: subidos en una especie de calesa, a caballo y andando. El camino hasta alcanzar la ciudad es largo, pero caminar es lo más interesante y aconsejable para apreciar la obra de los nabateos, un pueblo árabe nómada del siglo II a.C. que excavaron la ciudad en la pared de un acantilado.


El siq, el pasillo o desfiladero que conduce hasta la ciudad, fue no sólo un sistema de cobro de peaje para las carabanas de mercaderes –en algunos lugares es tan estrecho y sinuoso que no pasa un carro–, sino que en su parte superior, las paredes cuentan con unas marcas que, en realidad, intentaban canalizar el agua de un lugar tan seco.


Arenisca rosadaComo se aprecia en las fotos de la derecha, Petra está esculpida en roca arenisca rosada y cuenta con cerca de 800 monumentos, por eso aunque haya mucha gente visitándola es todo tan inmenso que es impensable sufrir agobio. De todos los monumentos, los más emblemáticos son el Tesoro (Khazneh) y, sobre todo, el Monasterio porque, para apreciar su belleza, el visitante tiene que subir nada menos que 1.000 peldaños tallados en piedra... y no es fácil, os lo aseguro. He visto a gente a mitad de camino, sentada en el suelo e intentando coger un aire que no hay. Además, algunos turistas suben en burro, ¡como lo estais leyendo¡, en borriquitos a los que los dueños dan palos y palos (los pobres) para que suban en sus lomos a petardos que pesan 100 kilos. Vaya barbaridad.


Al llegar a la cima cuesta recobrar el resuello, pero el esfuerzo tiene recompensa. Aparte del
propio templo, cómo no, tallado en piedra, se ven los altos del Golan y parte de Israel. Allí hay que pararse un rato, asomarse a las puertas del desierto y preguntarse cómo es posible que los nabateos subieran hasta allí.


Otros restos impresionantes son el anfiteatro romano, con un aforo de 800 personas, y el templo de los Leones Alados. Porque Petra, por si no lo sabiais, estuvo ocupada por nabateos, romanos y árabes.

Digan lo que digan las guías, Ammán, la capital, no tiene mucho que visitar salvo para comprobar cómo vive la gente y que los hombres caminan delante de las mujeres (y ellas cargan con todos los bultos que lleven); que las casas no están terminadas, para que los hijos que se contraigan matrimonio puedan construirse un piso encima, y que la carretera por la que se llega a Petra (150 km) -dicen que es una autopista- y parte de la ciudad costera de Aqaba, la financió el extinto Sadam Hussein para tener un puerto desde el que trasladar su armamento.
Jerusalén
El viaje puede combinarse con un par de días en Israel intentando  llegar hasta Belén –todo depende de cómo estén los ánimos de la milicia–, ya que si hay follones con los palestinos cierran Belén a cal y canto. En Belén está la catedral más emblemática del cristianismo y aunque no seas creyente, en ella se respira algo especial. Hablo, naturalmente, de la iglesia de la Natividad, donde una estrella dorada, en el suelo y frente al pesebre, marcan el lugar donde supuestamente nació Jesús. Es una catedral sencillísima. Sin los lujos vaticanos y que casi está desnuda en su interior; es decir, que simboliza el necesario ascetismo de la fe primigenia. De hecho, es una iglesia tan santa que está custodiada por católicos y ortodoxos al considerarse lugar santo para ambas religiones. Es costumbre que los creyentes bendigan allí sus rosarios pasándolos por encima este lugar santo. Además, vale la pena visitar Jerusalén, donde se encuentra ese crisol de culturas y religiones único.


MAS PISTAS
LO QUE LAS GUÍAS NO DICEN
 Si visitas el Mar Muerto, como ampliación del viaje, no olvides que la alta salinidad del agua hace que el cuerpo flote. Y ni se te ocurra tirarte de cabeza o abrir los ojos, porque se te pondran rojos como tomates y no podras abrirlos en ocho horas..Si vas a pasear de pasear de noche, ten en cuenta que suele refrescar. Además, no es por desanimarte pero el paso hacia Israel es tortuoso, no sólo por el tiempo de espera en el Puente Allenby cerca de Jericó, a unos 40km de Jerusalén, sino por la salida de Israel a España y el obligatorio interrogatorio individual que te hacen en el aeropuerto por seguridad.


PARA NO PERDERSE
Hay mil lugares que no hay que perderse, aunque las distancias son largas y las carreteras malas. Entre las recomendaciones están el desierto de Wadi Rum, la ciudad romana de Jerash o el golfo de Aqaba . También es interesante viajar hasta el pozo de Lawrence, por las vistas desde allí son impresionantes. Cerca de Ammán, el castillo Omeya de Qsar Amra es el mejor conservado del desierto.


DORMIR:
Wadi Musa, pueblo cercano a Petra, dispone de amplia oferta hotelera, pero el hotel más bonito –recuerda un antiguo poblado– es el Taybet Zaman. Su restaurante al aire libre es idóneo para charlar, tras una buena cena y con una taza de té, acerca de porqué los israelíes cortan el agua del río Jordán cada vez que se enfadan con ellos. En Jerusalén, el hotel Rey David, antiguo cuartel general británico, es la opción más exclusiva.