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Los meteorólogos que odiaban a las borrascas

Lo prometido es deuda. Así que, queridos amigos, aquí mi primera columna original y sólo para vosotros. La etiqueta o título que le he puesto es penthouse porque parece que todo lo que huele a sexo, si está en Internet, tiene tirón para los lectores. En mi caso, he puesto penthouse porque significa ático o último piso, que es desde donde todo se ve mejor y con más perspectiva. Comienza la fiesta.

L.M.Q.O.A.L.B
Por Juan Manuel Barberá

Mark Twain decía que nadie puede vivir con alguien que dice la verdad de forma habitual, pero que, por suerte, la mayoría nunca hemos tenido que hacerlo. Eso, salvo que seamos meteorólogos o la cara televisiva o voz radiofónica que nos cuenta qué tiempo va a hacer mañana.

Hace unas semanas (muchas, ya) coincidí en una comida, con dos hombres y una mujer del tiempo; como en la película ‘dos hombres y un destino’. Pero ni ellos eran Paul Newman y Robert Redford, ni ella Kathering Ross, aunque se creían mucho más divos.

Ella mantenía que los meteorólo siempre dicen la verdad. Y todo porque les recordé, inocentemente, que hace 3 o 4 años, en una Semana Santa, se equivocaron en las previsiones y los hosteleros se quejaron a RTVE porque les ahuyentaron a los clientes. También les dije, haciendo de abogado del diablo, que el hecho de que empleen adverbios acabados en mente, como “moderadamente”, “probablemente”...hacía de su ciencia algo inexacto. Asimismo, subrayé que no se puede hacer un pronóstico fiable con más de 24 horas de antelación y que los que más saben del clima son los agricultores y los pescadores de los pueblos.

Nada de esto les satisfizo. Y por más que les repetí que se trataba de una crítica constructiva, se lo tomaron como un ‘castigo’. Uno incluso se atrevió a postularse como un experto, haciendo notar que yo no lo era, hasta que recibió una lección de paleoclimatología.

A pesar de todo, les perdonaría su petulancia si no fuera porque en cada cosa que decían sentaban cátedra, como si fueran dioses de la exactitud, cuando fallan más que una escopeta de ferias, que decía mi padre.

Yo les aconsejaría, que menos dramatismo al mover los brazos para aquí y para allá delante de la borrasca, como si fueran coreógrafos, y más humildad al hacer pronósticos. Y, si el jefe les dice que hay que dar 8 días de adelanto porque la audiencia lo pide, adviertan que es inexacto. Y también que está cambiando el clima, y por qué, aunque tengan patrocinador. Bueno, ya no.