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En el nombre del padre

Juan Manuel Barberá

No me salen las cuentas. Decía un estudio publicado el martes pasado que un 72 por ciento de los padres trabajadores estarían dispuestos a que les rebajaran el sueldo por estar más tiempo con sus hijos...y que seis de cada diez no creían que su trabajo estuviera influyendo de forma negativa en la relación con sus vástagos.

Pero, señores, vamos a ser serios. ¿Cómo no va a influir en la relación con los hijos llegar a casa después de las 8 de la tarde? ¿Quien les ayuda en los deberes, juega, baña y da la cena?¿Qué varón, con dos dedos de frente, puede declarar esa majadería, aunque sea en una encuesta dudosa? (como todas).

Einstein decía que los hombres que dedican su proyecto de vida al trabajo, no tienen tiempo para la familia, a menos que fueran superhombres. Y no creo que en ese 62 por ciento de papis haya ningún Einstein o superhombre.

La pregunta que cabe hacerse es si esta falta de conciliación laboral y familiar ocurre en todo el mundo o sólo en España. Y no hay más que dirigirse a los análisis de productividad para obtener respuesta: aquí trabajamos muchas horas, pero somos poco productivos. ¿Por qué? Pues porque entre cafés, cigarrillos y reuniones absurdas se gasta un tiempo valioso.

Además, hay empresarios y jefes que prefieren ver sus empleados horas y horas en la compañía, a que estén el tiempo justo para sacar todo el trabajo adelante con profesionalidad; es decir, fomentan la molicie, frente a la eficacia.

Quienes premian el horario eterno frente la efectividad son como el perro del hortelano: no quieren ir a su casa –su razones tendrán–, pero tampoco dejan que los demás lo hagan. Marcianos ciclotímicos, no saben que hay vida después del trabajo, los pobres.

Ahora, y tras la sentencia que ha absuelto a un directivo que pateó a su jefe cuando le anunció el despido, los gimnasios se han llenado de zombis emocionales; es decir, jefecillos que han empezado a hacer deporte, por si acaso. Además, un estudio reciente refrendó que el ejercicio aeróbico mejora la actividad neuronal, así que mire a su jefe y, si tiene barriga, olvide a sus hijos.