Nuestras RRSS

siguenos en Twitter sígueme en Instagram Canal de youtube siguenos en facebook siguenos en Google+

Translate

Ciudad Rodrigo

Ciudad Rodrigo, Murallas y Farinato







Ciudad Rodrigo tiene el monumento más rico erigido en nombre del colesterol: el farinato. Tal es la fama de este embutido que no hay tienda o restaurante que lo oferte en su carta. De murallas recias y poderosas, tiene su alter ego 60 kilometros adentro de Portugal. Se llama Sortelha y es una aldea medieval donde viven diez personas.
Tiene los títulos de Ciudad Antigua, Noble y Leal. Y está más cerca de Portugal (25 km.) que de la capital de su provincia Salamanca (86 Km.) Esta situación fronteriza marca de forma definitiva no sólo el carácter de sus gentes sino, sobre todo, el paisaje. Y es que al otro lado, poco después de cruzar los restos de la antigua frontera, se encuentran muchas joyas: desde los Arribes du Douro, portugueses, al impresionante pueblo de Sortelha; una auténtica joya medieval que es imprescindible visitar.




El gentilicio de los paisanos de Ciudad Rodrigo es el de mirobrigense, aunque amistosamente se les llama farinatos en honor al embutido típico de esta ciudad. Farinato que, dicho sea de paso, unido a un lecho de patatas fritas y huevos que resaltan aún más su sabor anisado, es uno de los manjares más ricos que se pueden tomar. Grasiento y fuerte, es perfecto para sobrevivir en estas tierras ásperas y frías.




Cuenta con un patrimonio artístico muy importante y en el año 1944 fue declarada Monumento Histórico-Artístico. Ciudad amurallada, posee catedral, iglesias, palacios y casas solariegas de gran valor artístico-arquitectónico. Además, cuenta con un Parador Nacional de Turismo, ubicado en el castillo de Enrique II de Trastamara, que es una maravilla no sólo para alojarse en él, sino para visitarlo como un monumento más.




La casa de los Miranda y la casa de la cadena son emblemáticas de la ciudad, y su plaza Mayor y los aledaños están salpicadas de tiendas que venden –como no- farinatos de todos los tamaños. El actual emplazamiento de Ciudad Rodrigo, un cerro rocoso a orillas del río Águeda, estuvo poblado ya desde el Neolítico. Hacia el siglo VI a. C., los vetones, tribu de origen celta, fundaron la ciudad de Miróbriga y se establecieron allí. Cuatro siglos después, los romanos conquistarían la ciudad, que pasó a llamarse Augustóbriga, en honor del emperador Octavio César Augusto. Tras ser objeto de disputas entre árabes y cristianos durante siglos, esta plaza fuerte fue repoblada en el año 1100 por el conde Rodrigo González Girón, quien le dio su nombre definitivo.

Portugal medieval
La pequeña aldea de Sortelha se aparece en una estrecha cima de la Serra da Opa. De origen hispanoárabe, permanece aislada (hasta ella llega una carretera preñada de vueltas y revueltas) y de su misterio no escapa ni el castillo roquero, ni los perfiles de las rocas, ni tan siquiera su propio nombre. Para unos, Sortelha refiere una hermosa sortija; para otros, el sortel es un anillo de pedrería al cual se le atribuyen poderes, sortilegios y hechicerías. Para otros, designa la sortela utilizada en un antiguo entretenimiento de los caballeros medievales consistente en ensartar la lanza en un anillo. Tan sólo diez vecinos osan vivir en el interior del pueblo, pues, dada la estrechez de las murallas, la población ha debido crecer en el exterior, dejando resbalar las nuevas viviendas por las laderas de la montaña.



MAS PISTAS

LO QUE LAS GUIAS NO DICEN

Pernoctar en el parador de Ciudad Rodrigo nos trasladará al medievo. Es realmente bonito y está muy bien conservado. Comprar Farinato, por supuesto, es obligado, y en Sortelha tomar una buena perola de patatas con bacalao en el único restaurante que existe. Eso sí, es como una casa rural; una maravilla. Recorrer el pueblo, subir al castillo y escuchar como el viento recorre sus almenas. Y hacerse fotos…muchas fotos.

PARA NO PERDERSE 

Podemos descansar del mundanal ruido y someternos a un secado jamonero con el clima seco y frío de la zona. Sortelha es imprescindible, y aunque la carretera tiene bastantes curvas, es un pecado perdérselo. Vereis murallas, palacios, casas solariegas, castillos, paisajes…e incluso podreis hacer un crucero por el río Duero o Douro, dependiendo del país en el que estemos. A pesar de los grandes terrenos belloteros, no veremos ni un cerdo por el campo.