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Berlín

Berlín, más de 20 años sin muro



Hace más de 20 años, un 9 de noviembre, caía el famoso muro de Berlín. Por fin, los alemanes
del este y el oeste podían mirarse a la cara sin tener que arriesgar su vida al atravesar alambradas con perros adiestrados, cerca de 300 torres de vigilancia y vallas de hormigón. Pero, para sorpresa de propios y extraños, lo que se vio al otro lado fue una industria obsoleta, una calidad de vida al estilo comunista y un reajuste moral que había que digerir. Y todavía se nota que la reunificación de Alemania no se ha completado del todo.



Antes de la caída del muro, cuando aún presidía el país EricHonecker, para pasar al oeste, los visitantes tenían que introducirse en un autocar turístico y atravesar el Checkpoint Charlie rezando para que no ocurriera nada raro y la policía de la DDR no te diera ningún susto. Las medidas de seguridad eran tan estrictas que metían los perros a husmear las pertenencias de quienes se aventuraban a visitarles. Daba grima: por la calle, todos vestidos de gris y caminando en la misma dirección; las casas cercanas a esta frontera, derruidas –para que no se les olvidara la guerra, decían– y en cada esquina una garita de policía. Apenas te dejaban bajar del autocar o tomar fotografías salvo en el parque mausoleo de Lenin y en el museo Pergamon.



Un reparto desigual
Ya entonces aparecía ante las narices del viajero que tras la derrota nazi, el
reparto de Berlín, fijado en el Tratado de Postdam, y firmado por Stalin,Truman (sustituto de Roosevelt, fallecido) y Atlee (derrotó a Churchill en las elecciones) fue de risa. El viejo zorro de la URRS hizo la 13-14 a los aliados, que cayeron en la trampa por novatos. Stalin se quedó con la parte más bonita y señorial (la mitad de Berlín) y les dejó los edificios destruidos.



Por eso, aún hoy, cuando uno pasea por Berlín, se pueden apreciar claramente
las dos partes de la ciudad. Partiendo de la Alexander Platz, por ejemplo, se pasa por la isla de los museos y se llega a la avenida Unter der Linden, (caminando bajo los tilos) justo la que
desemboca en la famosa Puerta de Brandemburgo construida en 1789 en estilo clasicista.



La Puerta está decorada con una cuadriga llevada por la diosa Eirene y con figuras que muestran la paz, aunque siempre se ha asociado a la Guerra y ha sido símbolo de la escisión.
Un poco más allá, curiosidades de la vida, un parque dedicado a las víctimas del holocausto nazi con 2.711 lápistapidas de cemento, colocadas a distintas alturas. Pensado por Peter Eisenman
como lugar de reflexión sobre la suerte de los 6 millones de judíos exterminados
durante el nazismo, el lugar es sobrecogedor.



También muy cerca de la famosa puerta se encuentra el edificio más visitado
de Berlín, el Reichstag, sede del Parlamento. Construido entre 1884 y
1894 por el arquitecto Paul Wallot,bajo el estilo neo-renacentista, sufrió, al menos eso dicen los más críticos, la rehabilitación de Norman Foster, que colocó una cúpula de cristal encima
del edificio y que permite tener una gran vista de la ciudad, aunque no comparable a la de la Torre de Televisión, de 368 metros de altura, también en la zona oriental.



Museos
Tampoco hay que perderse la visita a la isla de los museos, formada por cinco edificios construidos durante el siglo XIX entre los que destaca el Pergamon. Allí está el altar y la Puerta de Ishtar, que trasladaron piedra a piedra desde Persia (Babilonia). Contemplar los restos del muro que artistas anónimos pintan cada día es otro de los atractivos. East Side Gallery es el lugar más recomendable para verlo, ya que es donde más tramo del mismo se mantiene en pie.



LO QUE LAS GUÍAS NO DICEN:
Aparte de sus famosos cabarets, Berlín es una ciudad para pasearla, pero, cuidado, las avenidas engañan, porque son muy largas y es posible que calculemosmal el tiempo para visitar un edificio. Se come y se cena pronto, ya saben, pero en los restaurantes cercanos a la Alexander Platz abren un pocomás la mano. Allí, en el ático de uno de sus edificios está una de las terrazas más concurridas de la capital alemana, sobre todo, cuando hace bueno.



PARA NO PERDERSE:
Imprescindible ir almuseo Pergamon y contemplar la puerta de Ishtar, una de las ocho puertas de Babilonia y la más grande, ya que mide 14 metros de altura por diez de ancho. Puede
que a alguien ‘le duela’ que los alemanes la trasladaran hasta allí, pero también es probable que si no estuviera en Berlín, ya habría desaparecido fruto del saqueo o la desidia.Vaya una cosa por la otra. Otro de los monumentosde obligada visita es la catedral de Berlín y el zoo, que también es mundialmente famoso.Llegada la noche, hay que pasearse por el lado occidental en buscade un cabaret para completa r la jornada.